La economía austríaca
no puede prescindir de los trabajadores yugoslavos y turcos, según manifestan los industriales de Austria. A finales del primer trimestre de 1976 estuvieron empleados unos 57.000 extranjeros, lo que supone un 19 por 100 menos que el año pasado. Los medios empresariales estiman que la reducción de la mano de obra foránea ha llegado ya a un límite. Uno de cada diez trabajadores es emigrante.


























































