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Marruecos, la única superviviente entre las selecciones novatas en el Mundial

La selección norteafricana, clasificada a costa de Alemania, será la excepción en octavos entre las ocho debutantes en un Campeonato del Mundo. Filipinas, Irlanda, Zambia, Vietnam, Portugal, Haití y Panamá, eliminadas

Las jugadoras de Marruecos celebran el gol de la victoria ante Colombia que les mete en los octavos de final del Mundial.
Las jugadoras de Marruecos celebran el gol de la victoria ante Colombia que les mete en los octavos de final del Mundial.RICHARD WAINWRIGHT (EFE)
Jordi Quixano

El día antes de que comenzara el Mundial, Fatma Samoura, secretaria general de la FIFA, ofreció una rueda de prensa como pistoletazo de salida para los envites que se disputarían en Australia y Nueva Zelanda —primera vez que se celebraría en dos confederaciones distintas—, un discurso de orgullo por el incrementado apoyo de organismo internacional al fútbol femenino. Récord de dinero invertido y de las dotaciones a repartir, récord de espectadores, récord de delegados y voluntarios y hasta récord de participantes. De 24 a 32. Beyond Greatness [más allá de la grandeza] es el sentido pero rimbombante lema del certamen. Aunque no ha sido así del todo, pues siete de los ocho equipos nuevos, los que se han estrenado en la Copa del Mundo, no han superado el corte de la fase de grupos. Viaje de ida y vuelta sin paradas para todas las selecciones novatas salvo para Marruecos, clasificada tras vencer hoy a Colombia y dejar fuera, ambas, a la favorita Alemania, que no pudo pasar del empate ante Corea del Sur.

En el arranque, allá en 1991, fueron 12 equipos los que participaron en la primera cita mundialista. Una cifra que se amplió en 1999 —se llegaron a los 16— y que volvió a agrandarse en 2015, cuando se alcanzaron los 24. Pero tras la Copa del Mundo de 2019, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, aclaró su voluntad de invitar a más comensales: “No hay que perder el tiempo, hay que trabajar, nada es imposible, hay que ir incluso más lejos”, explicó, al tiempo que también anunció el proyecto de la Liga de las Naciones impulsado por la UEFA, que permitiría dinamizar a las selecciones nacionales con la organización de más partidos internacionales y que se hará realidad a finales de septiembre de este año. Propósitos que pretenden fomentar la competitividad, evolucionar. Tanto es así, que uno de los objetivos para este Mundial, a pesar de incrementar los participantes, era reducir las distancias siderales entre los equipos potencia y los secundarios. En la retina quedaba el 13-0, por ejemplo, de Estados Unidos sobre Tailandia en el pasado Mundial. Reto cumplido a medias.

“Es el torneo más abierto y en el que se ven menos diferencias, ya que cualquier selección puede poner en un compromiso o incluso ganar a las mejores”, resuelve Jorge Vilda, técnico de España, cuando le cuestionan por la competitividad del Mundial. Pero no es del todo acorde con la realidad, pues se han dado goleadas grotescas, como las de Japón y España a Zambia o como la de Suecia a Italia (5-0), como la Inglaterra a China (6-1), la de Alemania a Marruecos (6-0) y Noruega a Filipinas (6-0), aunque ninguna como la de Países Bajos a Vietnam (7-0). Un camino de espinas, sobre todo, para los debutantes en el certamen, para los ocho equipos que han incrementado el cuadro de 24 a 32.

A Filipinas no le alcanzó con su sorprendente triunfo sobre Nueva Zelanda, colista del Grupo A. También pagó la novatada Irlanda, última del Grupo B pero al menos capaz de empatar con Nigeria. Como tercera, aunque también apeada, quedó Zambia, que se llevó dos goleadas pero superó a Costa Rica en el Grupo C. Aunque a nadie le fue peor que a Haití y a Vietnam, con cero puntos y cero dianas para cerrar el Grupo D y E —en el que también estaba la debutante Portugal, más conforme con una victoria y un empate, tercera tras Países Bajos y Estados Unidos—. Y aunque tampoco cosechó punto alguno, sí que festejó al menos tres tantos Panamá, colista del Grupo F.

Las selecciones, en cualquier caso, recibirán una financiación nunca vista, pues la FIFA ha asignado 168 millones para las federaciones, cifra multiplicada de forma exponencial si se atienden a los 45 de 2019 o los 23 de 2015. Además, por primera vez en la historia, una parte específica de esta financiación quedará consignada para las jugadoras participantes en el torneo —un mínimo de 28.000 euros para cada una—, garantizando de este modo que sean compensadas por su contribución y trabajo, correspondiendo el resto a la federación miembro para su reinversión en sus actividades futbolísticas.

Todo un progreso para el fútbol femenino —aunque en el Mundial de Qatar masculino se llegaron a los 400 millones—, que quizá otorgue un impulso a las selecciones menores o secundarias, un posible cuajo, y así, quizá, no se vayan del Mundial a las primeras de cambio.

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