Juegos Olímpicos

Juventud y veteranía: la mezcla que ha llevado a la vela española a hacer pleno de plazas olímpicas

La disciplina más laureada, con 19 medallas, es considerada por los regatistas como una escuela de vida

Silvia Mas (I) y Patricia Cantero, de la modalidad 470, durante un entrenamiento en Santander.
Silvia Mas (I) y Patricia Cantero, de la modalidad 470, durante un entrenamiento en Santander.L. Rico

Jueves 17 de junio. Son las 12:30 de la mañana y en el muelle de Santander que se asoma a la bahía están sentados Jordi Xammar, Nico Rodríguez y Joan Cardona. La pareja con tres medallas mundiales y tres europeas en la clase 470 y el subcampeón del mundo en Finn están viendo desde las gradas las regatas de entrenamiento de sus compañeros. Cardona, 23 años, es el más joven del equipo olímpico de vela que tiene su base en el CEAR de Santander y es también el último en haber conseguido, en mayo, el billete para los Juegos Olímpicos de Tokio. España ha hecho pleno: ha conseguido clasificarse en las 10 modalidades que competirán en la pequeña isla de Enoshima a partir del domingo 25.

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Por el muelle aparece de repente Alejandro Jane Abascal, santanderino, primer oro olímpico de vela en unos Juegos (en Moscú 80 junto a Miguel Noguer en Flying Dutchman) y exdirector deportivo de la Federación. Les dice a Jordi y a Nico, a los que entrenó en su época de júniors: “Os vi navegar bien ayer. Contundentes”. Ellos le piden consejos, le preguntan qué le parece que vayan a descansar del agua un par de semanas antes de viajar a Japón para llegar frescos a los Juegos.

Llevan un buen tute y no han parado. “Desde luego tenéis que descansar unos días, pero tampoco podéis parar tanto porque no es bueno. No sé cuál es vuestro plan, pero lo suyo sería navegar un poquito, algo ligero, tendréis que hacerlo”. Y luego se acerca a Cardona, un gigantón de metro noventa, y le dice: “A los que te digan que los primeros Juegos son para coger experiencia, ni puñetero caso. Se va a por todo”. Se ríen los cuatro, hacen quinielas sobre las medallas que pueden sacar en el puerto de veleros de Enoshima, y Xammar dice que por qué no, por qué no aspirar a superar la cosecha de la vela en los Juegos de Barcelona (cinco medallas: cuatro oros y una plata). “Sacamos cinco oros eh…”, le contesta Abascal. “No nos vayamos a poner exquisitos, mientras haya medallas…”, se ríe Xammar. Los chicos se despiden de Jane con la promesa de llamarle antes de volar a Tokio y cenar juntos.

Nicolás Rodríguez (izquierda) y Jordi Xammar (centro) conversan con Alejandro Abascal, en la bahía de Santander.
Nicolás Rodríguez (izquierda) y Jordi Xammar (centro) conversan con Alejandro Abascal, en la bahía de Santander.L. Rico

Abascal se queda un rato más y explica: “Este posiblemente sea uno de los equipos más fuertes que hemos llevado a unos Juegos Olímpicos. Lo de las medallas… es difícil que a todos se les den las circunstancias para ganar por las muchas variables que influyen en este deporte. Pero tres metales sí los veo”. Mientras, en el hangar, alguien se acerca a Silvia Mas y Patricia Cantero, campeonas del mundo en 470, y les dice: “¡No volváis sin el oro, eh!”.

El equipo es una mezcla de juventud y veteranía, ilusión y ganas: la base perfecta para pensar en otra buena cosecha en los Juegos de París 2024. Tamara Echegoyen, 37 años, es la veterana del grupo, dos Juegos, oro olímpico en Londres, una vuelta al mundo, y presume así del pleno conseguido por España: “Hemos metido a 10 de 10, no todos los países lo consiguen. Para Tokio lo han hecho, además de nosotros, Japón, que es el país organizador y que tiene las plazas asignadas por ser sede, e Inglaterra, potencia en la vela”. Y añade: “La vela es una disciplina muy heterogénea. Aunque hagamos todos el mismo deporte, cada modalidad tiene sus diferentes características. Los recorridos en los que competimos son los mismos, el número de participantes en cada clase varía un poquito en función de las cuotas que marca el COI. Luego, por un lado tenemos los barcos más rápidos que son el 49erFX [su modalidad] y el nacra y otros más tradicionales como el laser, los dos 470 y las tablas. Son diferentes clases que requieren diferentes características de cada uno de los regatistas”. No solo diferentes características, sino también conocimientos sobre meteorología y los materiales del barco. Los regatistas son los mecánicos de sus propios veleros.

Jordi Xammar y Nicolás Rodríguez, en Santander durante un entrenamiento.
Jordi Xammar y Nicolás Rodríguez, en Santander durante un entrenamiento. L. Rico

La vela es el deporte español con más medallas olímpicas, 19 (13 de ellas de oro), y España es la quinta del mundo en esta modalidad -en el medallero olímpico decide el peso de los oros- por detrás de Reino Unido (59 metales en total), Estados Unidos (61), Noruega (31) y Francia (41) . Santiago López-Vázquez, exolímpico y director de la preparación del equipo, intenta explicar, en su despacho en el CEAR de la ciudad cántabra, las claves del éxito de este deporte: “España tiene muchos clubes náuticos, los deportistas a veces salen de escuelas públicas municipales o de verano, pero la captación se hace generalmente a través de los clubes. Son fundamentales porque son los que fomentan el germen que llega luego a los centros de tecnificación. Para mí, hace falta invertir más si cabe en cultura de agua y hay que acercar más el mar a la población general”.

“Vives en la incertidumbre”

Desde los ventanales se ve la bahía y se escrutan las olas. En el hangar hay un trajín de barcos y velas constante; parece, por fin, que hay viento y se puede salir al agua. La vela, dice López Vázquez, es un deporte que forma constantemente, una escuela de vida. “Tienes que ser capaz de hacer muchísimas cosas que en otros deportes quizás no te lo exigen, tienes que saber de materiales, de meteorología, aprender a conocer el viento, a sentirlo, a pensar, intuir y, sobre todo, a adaptarte a un entorno que cambia constantemente”.

Dice que es imposible llevar una planificación ad hoc como otros deportes, porque aquí los regatistas dependen de si hay viento o no. “Aquí no fijas un entreno: mañana de 12 a 14. Vives en la incertidumbre, nunca está escrito cómo va a ser el día y tienes que ser muy abierto a cualquier tipo de situación nueva porque va a variar, el tiempo no lo controlamos. A veces vienen especialistas de otros deportes, grandes profesionales de la preparación física, y se quedan asustados de cómo es la vela a la hora de las ingestas, por ejemplo, porque por mucho que tengas una hora fija de salida, esta depende del viento. A cualquiera que haga una planificación en otro deporte, la vela le vuelve loco”. Sin ir más lejos, este jueves la salida al agua estaba prevista a las 10 y Jordi y Nico no salen hasta las 15:00.

Tener que saber de todo se traduce en jornadas sin descanso y a veces, claro, sin resultado inmediato porque la cosecha llega tiempo después. Lo resume así Diego Botín, integrante del 49er junto a Iago López. “Estos meses hemos trabajado mucho el tema de técnica y velocidad en línea recta. Hemos metido muchas horas y hemos conseguido tener sensaciones que si no tienes esa cantidad de horas y precisión en el detalle no llegas a tener. Ahora sale todo ya mucho más mecanizado y al final del campeonato eso equivale a haber ganado muchos metros de ventaja”.

Jordi Xammar opina lo mismo. “En los briefings [reuniones que hacen para analizar las regatas de entrenamiento] muchas veces te están quemando la cabeza y estas ahí dándole vueltas y dándole vueltas y a la cuarta hora das con la clave. Otras veces sacas un montón de información en hora y media. Pero si tú no inviertes ese tiempo, no sabes si vas a sacar algo o no”. Y concluye: “En la vela no se trata de no hacer errores, sino de hacer los menos posibles y menos que los demás”.

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