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EUROCOPA
Columna
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Once tesis sobre la Eurocopa

La diversidad es la clave de equipos como Alemania en el mejor torneo de selecciones del mundo, que aspira a enriquecernos culturalmente y fortalecer la democracia

Eurocopa
El jugador ucranio Roman Yaremchuk celebra un gol a Escocia en uno de los partidos de preparación previos a la Eurocopa.Lee Smith (Action Images via Reuters)
Philipp Lahm

El fútbol es un juego europeo

En todo el mundo se juega al fútbol, pero Europa puede decir con certeza que aquí es donde tiene más éxito. El fútbol es un bien cultural en Europa, donde está firmemente arraigado desde que surgió a mediados del siglo XIX a raíz del movimiento obrero. Los clubes europeos no tienen rival. Aparte de Brasil, Argentina y Uruguay, las campeonas del mundo siempre han sido naciones europeas. Y 10 países de Europa han llegado a una final de la Copa del Mundo.

En la Eurocopa 2024 participan 24 países. Parecen muchos, pero Suecia, finalista en el Mundial de 1958, y Grecia, campeona de Europa en 2004, no se clasificaron. Lo mismo ocurre con Noruega, país con dos estrellas de la Premier League como Erling Haaland y Martin Odegaard. Por otra parte, dos campeonas del mundo, Italia y España, comparten grupo en la liguilla y en la misma fase habrá una reedición de la final del Mundial de 1954 entre Alemania y Hungría. El Campeonato de Europa de Fútbol sigue siendo el torneo con la competencia más fuerte.

Funciona mejor en las democracias

Franz Beckenbauer murió el pasado enero. Su talento era un don. Así y todo, no podría haber llegado a ser un icono del fútbol de haber nacido en China o Arabia Saudí, donde no existe una cultura futbolística. Pero en su barrio, Giesing, hay un club de fútbol. Allí conoció a jugadores con talento y tuvo que hacerse valer frente a rivales muy buenos. Uno solo se convierte en gran futbolista si juega con otros, si compite contra los rivales. Los mejores jugadores suelen provenir de países donde la determinación y la libertad tienen mucho peso. El fútbol también tiene su parte de lucha de clases.

Es un trabajo voluntario

El fútbol es un deporte muy popular. Según la FIFA, en el mundo hay 265 millones de personas que juegan al fútbol. Hay mucha gente implicada en la organización de un partido, tanto si juegan niños como si lo hacen hombres mayores o mujeres. Entrenadores, monitores, secretarios... En mi club local, hay alguien que repasa las rayas blancas con un carrito de cal todos los sábados, y la Asociación de Fútbol de Baviera tiene un despacho con la bonita palabra alemana Bezirksgeschäftsstellenleiter (gerente del distrito) en la puerta. En Alemania, millones de personas participan por propia voluntad o cobrando muy poco. Lo hacen a través de asociaciones y clubes. En estas instituciones democráticas, hay voluntarios que enseñan a los niños y jóvenes.

Kylian Mbappé, en un amistoso de Francia contra Canadá.
Kylian Mbappé, en un amistoso de Francia contra Canadá.Caroline Blumberg (EFE)

Surge de la cooperación entre personas

Francia es el país con el mayor talento. Los regates de Kylian Mbappé reflejan los orígenes del juego; toda su habilidad la adquirió de niño, jugando al fútbol sin un libro de texto. También me gusta el liderazgo de Didier Deschamps. Durante años, ha sido capaz de moldear a jugadores individualistas para formar un equipo. Francia ha disputado la final del Mundial en dos ediciones seguidas. En ocasiones se pierde el equilibrio entre la libertad y el orden, como ocurrió cuando perdieron contra Suiza en octavos de final en 2021. Con todo, para mí Francia sigue siendo la máxima favorita para ganar esta edición de la Eurocopa.

El juego limpio es una prioridad, pero el fútbol también es competición

El fútbol transmite valores. Pero no se trata de paz, alegría y tortitas (o paz, amor y armonía). También deja ver la evolución negativa de una sociedad. La UEFA y asociaciones nacionales como la DFB luchan hoy contra la incitación al odio y el racismo en Internet. Y en la cancha, uno saca fuerzas cuando piensa: ¡Se van a enterar! Hace poco estuve en un partido de la liga local en el pueblo. La gente anima y también insulta. Después del partido, te tomas una cerveza (o agua, si lo prefieres) y se te pasa el cabreo.

Hay diversidad en el campo

En Alemania ahora mismo se está debatiendo una encuesta según la cual una persona de cada cinco querría ver más jugadores blancos o le molesta que uno de los capitanes, en este caso Ilkay Gündogan, sea de ascendencia turca. Me produce tristeza. Como profesional, he comprobado que el equipo de fútbol que menosprecia a alguno de sus jugadores pierde. Nuestro deporte se basa en reglas que todos tienen que cumplir y en la cooperación. El éxito acompaña a quienes no limitan los puntos fuertes de cada individuo, sino que dejan que todos se complementen entre sí.

Las diferencias enriquecen

Inglaterra juega de manera diferente a Italia, que juega diferente a Croacia, que juega diferente a los checos. ¡Qué bien! En un torneo de naciones, los diferentes estilos cobran relevancia. Alemania es, o era, un Turniermannschaft (equipo de torneos). A menudo flaquea al principio, pero una vez que coge el ritmo, es un equipo al que es difícil derrotar. No aplicamos una estrategia como hacen Holanda, Dinamarca o Portugal. Nosotros sacamos provecho de nuestra infraestructura, es decir, somos un país muy grande y tenemos mucha gente que juega al fútbol. Gareth Southgate (seleccionador de Inglaterra) comentaba no hace mucho que ningún país tenía tantos jugadores en los cuartos de final de la Champions League como Alemania, con 18. Confío en que llegue otra vez a la final en este torneo que se juega en su casa.

Hay dos nuevas incorporaciones que me entusiasman. Albania ha iniciado recientemente las negociaciones para su adhesión a la UE y Georgia está luchando ahora mismo por su democracia y su ingreso en Europa. Estos equipos jugarán en Alemania para que el mayor número posible de sus compatriotas se sientan bien representados. Una Eurocopa es mucho más que un simple negocio: es una cuestión de identificación.

El seleccionador inglés, Gareth Southgate, en un entrenamiento.
El seleccionador inglés, Gareth Southgate, en un entrenamiento.ANNA SZILAGYI (EFE)

Queremos un segundo ‘Sommermärchen’ (cuento de hadas veraniego)

Cuando uno piensa en el Sommermärchen, le vienen a la mente banderas alemanas. Pero 2006 no fue solo negro, rojo y dorado, fue multicolor. En esta ocasión, el amarillo y el azul desempeñarán un papel especial. En su país, Ucrania lucha por su libertad, y también por la de Europa. Estoy seguro de que su equipo de fútbol sentirá una buena dosis de solidaridad en los estadios y en las calles durante las próximas semanas.

Un gol puede hacerle a uno inmortal

El 9 de junio de 2006 fue mi gran día. El gol en el partido inaugural del Mundial contra Costa Rica fue mi carta de presentación. Me crie cerca del estadio, tenía a toda mi familia en las gradas, y antes del partido no estaba claro si podría jugar porque llevaba un vendaje en el brazo. Mi disparo atravesó el rectángulo de la portería, un momento que quedó grabado en la memoria colectiva. Supe del simbolismo de ese gol un año más tarde, en un suburbio de Sudáfrica. Creé una fundación allí y los niños no se podían creer que yo estuviera en el campo con ellos. Para ellos, yo era el chaval que había marcado ese gol.

Celebrar fortalece nuestro vínculo

Comparto la preocupación de que la democracia está amenazada. Por lo que se ve, mucha gente se ha olvidado de sus ventajas. Me reconfortan las manifestaciones en las que tomaron parte millones de alemanes a principios de año en defensa de la democracia. Ahora, en la gran fiesta del fútbol, se congregará incluso más gente con un espíritu similar. Las manifestaciones y las fiestas son dos cosas distintas, pero pueden expresar una misma cosa: el aprecio por nuestro modo de vida libre. Un solo torneo no sanará el mundo. Pero el fútbol debe aportar lo que le corresponde para defender los logros de la democracia. El mundo será más feliz durante las próximas semanas, y puede que algo de eso se nos pegue.

Geht’s naus und spuits! ¡Salgamos a jugar!

No se puede negar que el fútbol es política. En mi columna, que se ha publicado en más de 25 países europeos durante tres años, intento ocuparme de cuestiones sociales. Pero comparto con miles de millones de aficionados el anhelo por el juego puro. Con el fútbol desconectamos, nos relajamos, nos exaltamos. ¡Que suene el silbato, por fin!

Phillip Lahm es presidente del comité organizador de la Eurocopa 2024 en Alemania.

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