Ir al contenido
_
_
_
_

Los ruedines de la bici y Einstein

El escritor y filósofo inglés Ben Irvine propone un ensayo sobre el científico y el placer de pedalear

Portada del libro 'Einstein y el arte de montar en bicicleta', de Ben Irvine.

Ahora que por el hemisferio norte empieza a asomar el sol y las temperaturas comienzan a ascender, llega el momento de las bicicletas. Ese pequeño prodigio de la tecnología y, sobre todo, de la coordinación humana. Montar en bicicleta parece sencillo, pero no lo es. Mantener el equilibrio al tiempo que se pedalea con ambas piernas y se dirige el vehículo aporta una curiosa sensación de libertad y decisión. Una sensación que es heredera de ese preciso instante de la infancia en el que las ruedas de apoyo —los ruedines en el habla popular— son retiradas y avanzamos, ya dependiendo de nosotros mismos, hacia todo lo que está por venir en el futuro. La impresión de ese momento es tan profunda que, dicen, uno nunca se olvida de cómo se monta en bicicleta.

En una de sus imágenes más icónicas, Albert Einstein aparece feliz sobre una bicicleta. El científico dejó para la historia una analogía entre el vehículo de dos ruedas y la vida: “para mantener el equilibrio tienes que seguir adelante”. Con esa percha, el escritor y filósofo inglés Ben Irvine escribió Einstein y el arte de montar en bicicleta (Siruela), un dinámico y entretenido ensayo sobre la figura de Einstein y el placer de desplazarse sobre un velocípedo. Irvine se reencontró con la bici después de una madrugada en la que amaneció borracho y solo en una calle de Londres. Comenzó entonces a desplazarse en bicicleta y se encontró con el regocijo espontáneo de un descenso con el viento de cara o con el inenarrable placer de avanzar en medio de los coches durante un atasco.

A partir de su experiencia, construye un relato sobre cuatro pilares. El primero es la practicidad de la bicicleta y la importancia de la imaginación. El segundo es el fomento de una actitud exploradora que conduce hacia la independencia a través del ejercicio. El tercero es la humildad del vehículo —en contradicción con el coche— que invita a conocer mejor nuestro entorno más cercano. El cuarto es la posibilidad de alejarnos de casa y descubrir el mundo, para vivir como si todo fuera un milagro. Incluso cuando parece que nada lo es.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_