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Opinión
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Ten Haag ya ha resucitado al Manchester United

Con apenas unos meses en Old Trafford, el técnico ha conseguido que su equipo sea un firme candidato a la Premier League para la temporada que viene

Erik Ten Hag da instrucciones a sus jugadores durante el Arsenal-Manchester United del pasado domingo.
Erik Ten Hag da instrucciones a sus jugadores durante el Arsenal-Manchester United del pasado domingo.Ian Walton (AP)

La conclusión más inmediata del fabuloso duelo mantenido el domingo por Arsenal y Manchester United (3-2) es que el equipo del holandés Ten Haag ha perdido casi todas las opciones para ganar la Premier. Podría estar hoy a cinco puntos de los líderes y sin embargo acabó quedando a 11 que podrían ser 14 si los Gunners ganan el partido que les queda pendiente. Demasiada desventaja justo al empezar la segunda vuelta de la liga y con el Manchester City revoloteando entre ambos.

Y, sin embargo, la conclusión más importante es que el United ha vuelto: Ten Haag ha conseguido su resurrección cuando apenas lleva unos meses en Old Trafford. En estos momentos todo el mundo sabe que el Manchester United será el año que viene firme aspirante a un título que no ha vuelto a ganar desde que en 2013 Sir Alex Ferguson decidió retirarse. Probablemente porque sabía mejor que nadie que el futuro inmediato ya no estaba de su lado, sino en la acera de enfrente, en el molesto pero hasta hacía poco inofensivo Manchester City.

La resurrección del United es una maravillosa noticia para sus propietarios, la familia Glazer, que han puesto el club en venta y tienen así un excelente argumento para presionar al alza las ofertas de compra que están preparando varios grupos de diversos países. Las preocupaciones expresadas días atrás por el patrón de la Liga española, Javier Tebas, que denunció la a su juicio competencia desleal de la Premier porque sus inversores buscan más el prestigio que la rentabilidad de su dinero, pueden aumentar porque los Glazer sí tienen fama de buscar más los beneficios que la gloria y sus sucesores pueden parecerse más a los propietarios del City, del Newcastle (o del PSG), paradigma de los clubes-Estado a los que no les importa gastar lo que sea a cambio de la gloria. Pozos sin fondo.

El domingo en el Emirates, la Premier pareció retroceder 20 años y volver a vivir los tiempos en los que Arsenal y United marcaban el paso en el fútbol inglés. Del regreso del Arsenal ya teníamos noticia: de la mano de Mikel Arteta el equipo se ha encaramado contra pronóstico en el liderato y en este momento lleva ritmo centenario: 50 puntos en 19 partidos, justo a la mitad de la competición.

Arteta y Pep Guardiola, un vasco y un catalán, se han convertido en los reyes de la Premier, un trofeo que este año será para uno de los dos salvo que ocurra un inimaginable terremoto futbolístico. En circunstancias normales, el City debería seguir siendo favorito a pesar de estar cinco puntos por detrás (quizás ocho: el Arsenal ha jugado un partido menos) porque la amplitud de su plantilla debería ser decisiva en la segunda parte de la temporada para un equipo que el jueves le endosó cuatro goles al Tottenham Hotspur con jugadores como De Bruyne, Foden, Bernardo Silva, Walker, Cancelo, Ruben Dias, Laporte y Kalvin Philips de suplentes.

Y, sin embargo (otro sin embargo) el factor decisivo de esta temporada quizás no sea el banquillo, sino las ganas de comer. Como ha quedado ampliamente escrito estos días, Guardiola prendió las alarmas la semana pasada al reprochar a su equipo (y a su propia afición) la falta de voracidad en la primera parte frente a los Spurs. Mostrarse decepcionado después de convertir un 0-2 adverso en un glorioso 4-2 ante un rival de talla es típico de Guardiola, siempre original. El problema es que la aparente inapetencia del City contrasta con la insaciable voracidad del Arsenal (y su afición…), un club con más apetito aún que el United porque no ha ganado la Premier desde 2004, cuando aún jugaba en el viejo Highbury.

Quizás las cosas empiecen a estar más claras este viernes, cuando el City reciba al Arsenal en partido de la Copa de Inglaterra. Una buena ocasión para discernir qué arma es más importante: el apetito o el banquillo. O más probablemente el 15 de febrero, cuando el Arsenal reciba al City en un partido que no pudo jugarse en su momento cuando estaba previsto, en octubre. Aunque lo más probable es que el partido del año sea el City-Arsenal del 26 de abril…

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