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PAISAJES
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Fahad es feliz

Una parte de esa felicidad venía de ver a Messi levantar ese trofeo dorado con una sonrisa que no le cabía en el rostro

Messi
Messi besa la Copa del Mundo tras ganar a Francia en la tanda de penaltis de la final del Mundial.KAI PFAFFENBACH (REUTERS)
Andoni Zubizarreta

El pasado domingo Fahad era el niño más feliz de la tierra. Bueno, igual el segundo más feliz, o el tercero, vamos que Fahad sentía que la Copa del Mundo en su casa había valido la pena, que sus reticencias y enfados de la primera semana, cuando solo quería jugar y no mirar eran una exageración y que ha aprendido más del futbol en estas cuatro semanas que en todos los entrenamientos de todo el año.

Y claro, había una parte de esa felicidad que venía de ver a Messi levantar ese trofeo dorado con una sonrisa que no le cabía en el rostro y elevando sus brazos tan alto que Nasser, su padre, decía que había visto el trofeo desde el balcón de su casa. Y me decía Fahad que no entendía el jaleo que habíamos organizado por el resto del mundo por la presencia del besht, la túnica que simboliza para ellos la máxima dignidad en el país. Yo he intentado explicarle que a nosotros, en el viejo mundo del viejo fútbol nos gusta ver la camiseta del equipo que se proclama campeón y que esa foto es la que suele llenar una parte de la historia de nuestro fútbol. También le he contado que hay marcas que pagan mucho por hacerse con esas camisetas y que no les suele gustar ser tapadas el día más histórico de esos equipos nacionales. Me ha mirado sin entender como los intereses comerciales estaban por encima de los símbolos del poder y tampoco he intentado seguir explicando que, tal vez, toda la Copa del Mundo había sido un excelente ejercicio comercial y de imagen.

Pero toda la felicidad de mi joven amigo no era solo por lo de Messi, sino que se sentía contento de haber contribuido a ese evento que ya había entendido que volaba por todos los continentes y que juntaba a todos los talentos a tiro de piedra de su casa, de forma que podía ver en acción todo aquello que sus entrenadores intentaban explicarle y que él no acababa de ver en los partidos de su Liga.

Además, tiene Fahad la convicción, su padre tiene mucho que ver con ello, de que este Mundial ha hecho que mucha gente les conozca en directo y que han vuelto a sus países convencidos de que por Qatar las cosas pueden y deben mejorar pero que tampoco están tan mal como les habían pintado antes del inicio de la Copa. Ya le he contado que tampoco espere mucho de esa parte de nuestra cultura ya que en cuanto volviéramos todos a nuestros países también volveríamos a verlos con nuestras miradas europeas tan diversas de su realidad.

Entonces Fahad ha mirado a su padre como pidiéndole permiso para decir lo que tenían en su cabeza, y me ha soltado: “Pues llévame a Bilbao a pasar un mes y así aprendo a veros desde cerca y a ver a mi país, Qatar, desde la distancia”. He tenido que coger aire, medir mis palabras y buscar la salida menos dolorosa: “Fahad, nosotros entramos en periodo de Navidad y esos días son de reuniones familiares y ritos cristianos que, tal vez, no sabrías entender”.

Pero mi amigo se ha sonreído, yo creo que se esperaba mi respuesta, y me ha dicho mirándome a los ojos. “Si vosotros habéis tenido que venir hasta aquí para adaptaros a lo nuestro y así entender un poco más de nuestra cultura, me imagino que eso también valdrá para mí y mi aprendizaje. Además, yo me adapto fenomenal a vuestras costumbres y me dejo regalar todo lo que se os ocurra”.

He corrido a reservarle un vuelo y el sábado llega a Bilbao.

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