Neymar florece después del invierno

Las rutinas del brasileño del PSG, que visita el Bernabéu, están diseñadas para que brille en marzo. “Le ficharon para ganar la Champions”, dice Pochettino

Marquinhos, Messi, Paredes y Neymar, durante el entrenamiento del PSG en el Bernabéu.
Marquinhos, Messi, Paredes y Neymar, durante el entrenamiento del PSG en el Bernabéu.GABRIEL BOUYS (AFP)

Lo que más llamó la atención de Lionel Messi cuando comenzó a entrenarse con el Paris Saint-Germain fue el tren de vida que llevaba Neymar Júnior. Aquel muchacho algo cohibido y aceptablemente profesional que le había maravillado en el Barcelona entre 2013 y 2017, se había convertido en París en un hombre impredecible cuyas rutinas vitales tenían muy poco que ver con las del resto del equipo, por no mencionar su incompatibilidad con la disciplina que siempre fue la ortodoxia en las grandes plantillas. “Messi estaba perplejo”, cuenta uno de los colaboradores más viejos del presidente del club francés, Nasser Al-Khelaifi, habitual en la ciudad deportiva del Camp des Loges.

Messi se sorprendió en el verano. Pero más sorpresas le deparó el invierno. Cuando a propósito de un presunto esguince de tobillo el hombre permaneció en Brasil desde mediados de diciembre a finales de enero, encadenando fiestas y actividades sociales, el asombro del argentino se extendió a todo el vestuario. Salvo Leonardo, el director deportivo, y el propio Al-Khelaifi, todo el mundo asistió alarmado a una situación tan irregular y tolerada que en el club llegó a extenderse la convicción de que aquello estaba pactado. Si en mayo de 2021 Neymar renovó por cuatro temporadas más, quizás fuera porque los propietarios cataríes le garantizaron que durante los meses de invierno que sucedían a la fase de grupos de la Champions podría diseñar su propio calendario, siempre y cuando estuviese listo para los partidos eliminatorios.

Los testigos del Camp des Loges hablan de un enero “caótico”, con Neymar en Brasil, Messi a su aire tras infectarse de covid, y el resto de la plantilla en un régimen completamente ajeno a sus estrellas. Nada que hiciera pensar que al cabo de un invierno tan extraño las piezas comenzarían a encajar con una armonía y una coherencia que no se recordaba en París desde hacía años. Bajo la dirección paciente de Mauricio Pochettino, los jugadores comenzaron a congeniar y a mostrar una complicidad insólita después de haberse guardado las distancias durante meses. El 1-0 al Madrid fue el comienzo de una reconstitución tan meticulosa como devota de la Champions. En la Ligue 1 el equipo se dejó llevar por el cálculo. La diferencia de puntos con el segundo y el tercero permitió a los jugadores evitar riesgos en los balones divididos, con el consiguiente bache en el rendimiento que esto conlleva en un campeonato en donde los duelos y el contraste físico son de rigor.

A cambio de perder el hábito de la agresividad, las figuras del PSG llegan al Bernabéu perfectamente sanas. Neymar se presenta al partido listo para ejercer de enganche entre el mediocampo y los rematadores, Messi y Mbappé. Así los dispuso Pochettino en los últimos ensayos, argumentando, según fuentes próximas al club, razones físicas y tácticas. Físicas porque sin estar en plena forma, incluso con algo de sobrepeso, Neymar es más resistente que Messi para sostener esfuerzos prolongados con balón y sin él en las tareas de mantenimiento del mediocampo. Tácticas, porque Neymar posee tanto criterio como el mejor volante pero es el definidor menos rotundo de los tres atacantes. La secuencia Neymar-Messi siempre fue más eficaz que la cadena Messi-Neymar.

“No olvidemos que Neymar fue fichado hace años para ganar la Champions y eso fue lo que se dijo en cada rueda de prensa desde su presentación”, dijo Pochettino este martes, como si toda esa retórica aspiracional del PSG le pareciera inoportuna. “Dejemos que un jugador como él mañana muestre todo su talento en el escenario perfecto para hacerlo”.

Semana de la Moda

La presión favorece al PSG. La falta de convivencia durante los meses más oscuros del invierno evitó el desgaste que produce el roce de los grandes egos y contribuyó a que el reencuentro de Messi, Neymar y Mbappé resultase más estimulante. No solo aprendieron a aceptarse unos a otros sino que se muestran felices de poder compartir juntos la obsesión que los une por ganar la Champions. Dentro y fuera del campo de juego, como demostraron la semana pasada Neymar —tocado con sombrero de ala ancha— y Mbappé cuando se fueron de fiesta en las postrimerías del show de Balmain en la Semana de la Moda de París.

“Jugar contra el Madrid es especial”, dijo este martes en el Bernabéu. “Te motivas aun más. Mis compañeros y yo estamos felices. Con ganas de estar en el campo, hacer historia y elevar al PSG donde tiene que estar”.

A diferencia de Messi, que es cuatro años mayor que él, a sus 30 años Neymar tiene decidido acabar su carrera en el PSG, donde no solo le pagan unos 40 millones de euros netos por curso, por todos los conceptos, sino que juega y se entrena en función de lo que parece ser su propio calendario, marcado en rojo este 9 de marzo, primero de los seis partidos que espera que le conduzcan a su segunda orejona.

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Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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