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Columna
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El mérito de los entrenadores curiosos

La gran evolución en nuestro balonmano se debe al crecimiento en los banquillos. Nuestros técnicos nunca fueron conformistas, pensaron en cómo crecer y ahora el estilo español está calando en otros países

Jota Hombrados y Valero Rivera celebran una victoria contra Croacia en el Europeo de 2012.
Jota Hombrados y Valero Rivera celebran una victoria contra Croacia en el Europeo de 2012.Christof Koepsel (Bongarts/Getty Images)

España dio en las semifinales contra Dinamarca una lección de humildad, trabajo, evolución y madurez. Independientemente de quién esté en la selección, Jordi Ribera ha logrado mantener la regularidad y hemos dado el paso de estar a menudo en las finales. Eso es espectacular. ¿Pero qué nos ha llevado hasta la élite desde la primera medalla, la plata europea del 96?

La gran evolución en nuestro balonmano se debe al crecimiento en los banquillos. Por la Liga, en sus mejores días, pasaron los mejores jugadores del mundo y eso empujó a los entrenadores a mejorar, a buscar la innovación. Es el camino que ha llegado hasta hoy. Empezaron los Domingo Bárcenas, Juan de Dios Román, luego Valero Rivera, Javier García Cuesta, Juan Carlos Pastor, Manolo Cadenas, y muchos más que podría mencionar hasta el presente con Jordi Ribera. Todos han ido aportando conocimiento, y esto ha hecho que los jugadores sean mejores y que los clubes, al margen del nivel económico de la Liga, hayan tenido el gran mérito de seguir formando jugadores. Todo eso nos ha llevado a donde estamos ahora. Los técnicos nunca fueron conformistas, y pensaron en cómo crecer, cómo atacar, defender… hasta el punto de crear un estilo.

Talant Dujshebaev cogió el Ciudad Real y ganó tres Champions porque, por supuesto, contaba con una grandísima plantilla, pero también porque planteaba modelos de trabajo y metodología diferentes. Y Jordi Ribera, hace unos años, ya hacía cosas distintas en el Galdar cuando, con pocos jugadores, siempre tenía equipos que atacaban muy bien. Todo eso ha hecho madurar a los jugadores. Aquí el gran salto lo dan los entrenadores. España ha crecido con técnicos propios cuando en otros países se ha confiado en preparadores extranjeros, en ocasiones españoles. Nosotros hemos tenido esa base de entrenadores curiosos que han construido el estilo español.

Desde que fuimos campeones del mundo en 2005, ese estilo se ha potenciado y se ha ido unificando. Existían planteamientos diferentes, pero ahora todo se ha fusionado y, por ejemplo, todas las selecciones nacionales de base juegan a lo mismo. Desde la gestión de la absoluta, todo se rige por la dirección del seleccionador. Para alguien que empieza desde abajo, cuando llega a la absoluta no le resulta complicado adaptarse porque el modelo no cambia. Si el seleccionador mete cinco novedades, no se nota y jugamos una final del Europeo, quiere decir que él es un buen director de orquesta, un buen estratega, pero también que hay jugadores que ya vienen con una base. Se ha conseguido fusionar el estilo. Ahora existe un juego español en la cabeza y eso es lo que ha dado prestancia a un modelo que los entrenadores han ido enriqueciendo con el tiempo.

“Desde el oro mundial de 2005, el estilo se ha unificado. Toda la base juega igual y, cuando alguien llega a la absoluta, no le cuesta adaptarse”

Y ese estilo está calando en otros países. El mejor conjunto de Francia, el PSG, tiene a un español en el banquillo (Raúl González), los dos mejores equipos de Polonia también (Talant Dujshebaev en el Kielce y Xavier Sabaté en el Wisla Plock), igual en el Pick Szeged con Juan Carlos Pastor… Esa frescura nos ha dado mucho respeto internacional. Los equipos no son tontos y fichan a los nuestros para ganar y aprender el modelo. Cualquier entrenador que está ahora en las selecciones de base se encuentra capacitado, por conocimiento de la metodología, para llevar un equipo nacional en el extranjero. Luego, obviamente, no es tan sencillo porque también influyen otros factores, como la gestión de equipo o la psicología.

Se habla también mucho del ambiente en el equipo. Ese es otro factor que se ha ido heredando. El que yo me encontré en 1994 era un vestuario de veteranos, con unos estatus de respeto, pero una piña, y eso se ha fortalecido. Cuando hablas con ellos, te das cuenta de que la esencia se mantiene. Ese sentimiento hace que veamos a la España que vemos. Este viernes, cuando nos pusimos por delante contra Dinamarca, lo tenía claro: ellos no saben ir por debajo, y es algo en lo que el vestuario ayuda, además del carácter. Algunos equipos nos lo decían: España es más peligrosa cuando van perdiendo porque tiene un carácter colectivo de superación enorme. Y eso te lo da el grupo. Y cuando hay momentos difíciles, de enganchones, el vestuario puede con ello gracias a esa fuerza.

“Solo veo un peligro a largo plazo. La Liga es un referente para mejorar el número de licencias y, si bajamos, lo podremos sufrir”

En todo esto, sin embargo, solo veo un peligro a largo plazo. Las Ligas nacionales son un referente para mejorar el número de licencias y, si bajamos, lo podremos sufrir más adelante. Seguramente, el seleccionador siempre podrá sacar 25 jugadores buenos para competir a nivel internacional, pero el flujo que viene de abajo quedaría afectado. Igual dentro de 15 años hay menos jugadores si las licencias bajan. Los resultados los veríamos dentro de mucho tiempo, pero hay que tenerlo en cuenta, sobre todo en estos días tan buenos.

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