Santi Aldama: “Llegar a la NBA debe ser solo el inicio de algo más grande”

El jugador canario, de 2,11m y 20 años, ha roto todos los percentiles hasta convertirse en el primer español en pisar la NBA desde la liga universitaria

Santi Aldama, con los Memphis Grizzlies. Getty
Santi Aldama, con los Memphis Grizzlies. Getty

La progresión de Santi Aldama (Las Palmas, 20 años) ha sido tan natural como extraordinaria. Creció jugando en el equipo de su escuela, el Canterbury Lions de Gran Canaria, hasta cumplir la mayoría de edad. Y, después de ganar el Europeo sub-18 con la selección, se marchó a Estados Unidos para cursar Empresariales en la Universidad Loyola Maryland, mientras disputaba con ellos la NCAA. Su talento incontenible ha roto todos los percentiles y ha superado el frenazo de una operación de rodilla y de la pandemia. Fue elegido en el número 30 del draft, llegó a los Memphis Grizzlies, la cuna estadounidense de los Gasol, y va a ser el primer español en debutar en la NBA desde la liga universitaria, sin pisar la ACB.

Pregunta. Son tiempos difíciles, pero nada le ha frenado. Llega a la NBA con solo 27 partidos en la liga universitaria.

Respuesta. Ha sido un gran viaje en muy poco tiempo, sí. Cuando tomo perspectiva, veo lo rápido que ha ido todo a pesar de las dificultades. En el verano de 2019 ganamos el oro en el Europeo sub-18, justo después llegué a Loyola, y, nada más empezar, tuve que operarme de la rodilla derecha (por una calcificación del tendón rotuliano). Esa primera temporada solo jugué 10 partidos porque la pandemia lo paró todo. Luego me tocó arrancar de nuevo y, aunque el segundo curso también fue corto y estuvo condicionada por la covid, las cosas salieron bien (21,2 puntos y 10 rebotes de media). Ha sido un tiempo muy complicado, pero también me ha ayudado a identificar lo importante y me ha dado tiempo para trabajar cosas que, en circunstancias normales, no habría podido. A nivel físico, técnico, mental…

P. ¿Cómo logró que prevaleciera el impulso de crecer frente a la ansiedad por los problemas?

R. Intento siempre tomármelo todo con filosofía y apoyarme mucho en la familia. Todos hemos pasado fases de miedo, desconocimiento, frustración... Pero intenté sobreponerte a lo increíble aprovechando el tiempo al máximo. Después de la lesión y el parón entrené mucho individualmente, para volver a acostumbrarme a mi cuerpo y para pulir todos los detalles posibles. La NBA siempre estaba ahí, pero me aislé de las visiones de futuro y me centré en la mejora diaria. Nunca me he puesto un tiempo para hacer las cosas. La NBA era mi sueño, pero nunca pensé en si llegaría con 20 años o con 25. Trabajé para que llegara el momento y ha llegado ahora.

P. ¿Qué jugador es hoy en día y qué jugador quiere llegar a ser?

R. Soy joven, tengo que ser una esponja y aprender mucho. Quiero ser un gran jugador. Quiero ser la mejor versión de mí mismo. Pero para llegar a ese punto todo pasa por la mejora constante, por la atención a cada detalle y por el crecimiento a todos los niveles. Es una cuestión de equilibrios. Tengo que ser capaz de ganar peso y a la vez ser más ágil. Ganar masa muscular, pero manteniendo la rapidez de piernas. Luego, en la pista, tengo que seguir desarrollando el tiro, los movimientos, la velocidad en defensa, las lecturas de juego… Me estoy centrando en todo eso, sin dejar nada de lado.

P. ¿En la NBA hay una obsesión por poner cachas a los jóvenes como dijo Luka Doncic al llegar?

R. En mi caso quieren ponerme fuerte pero trabajando mi cuerpo con sentido. La obsesión no es que gane peso sino que gane fuerza. Ahora mido 2,11m sin zapatillas, 2,14m con zapatillas, y peso 102 kilos. Así que aún tengo margen para ganar músculo.

P. ¿Y, en el juego, cómo está siendo esa evolución del perímetro hacia la pintura?

R. Crecí jugando de base y como exterior y ese aprendizaje me ayuda mucho en el baloncesto actual. Es importante tener esa movilidad y versatilidad. Ahora me toca trabajar el desarrollo por dentro, aprender donde tengo ventajas, conocer a los rivales. Es una ventaja ir de fuera a dentro más que de dentro a fuera. Pero aquí los jugadores tienen mil recursos y lo principal es identificar mis virtudes para aprovecharlas y mis defectos para corregirlos. Me tengo que fijar en los grandes jugadores para ver en qué basan su juego y poder interiorizarlo en el mío.

P. ¿Cómo ve el eterno debate entre el baloncesto europeo y el estadounidense?

R. Aquí dedicamos muchísimo tiempo al trabajo individual y de equipo. El baloncesto es más rápido y más libre por definición. Tenemos muchos recursos para desarrollar nuestra formación y se juega a un ritmo muy alto. En el baloncesto europeo tienes que tener muchos sistemas en la cabeza porque es un juego más táctico. Pero cada cosa tiene su belleza. A mí me encanta ver el baloncesto europeo y poder jugar en la NBA.

P. ¿Como rookie, vive la presión de sentirse examinado a diario o la tranquilidad de tener margen de aprendizaje?

R. Yo soy muy exigente conmigo mismo y siempre me pido más. Pero, desde el primer día, el entrenador (Taylor Jenkins) nos dijo que el año de rookie es un año de adaptación. Tenemos muchas cosas que aprender, sin que eso reste exigencia, porque nos ayudan mucho en nuestra formación para que nos adaptemos rápido. Yo trabajo cada día como si fuese el último. Intento dar el máximo siempre, sin mirar en qué fase estoy, no puedo estar a eso.

P. ¿Qué siente ante el debut?

R. Me sale una sonrisa. Es un sueño hecho realidad, sin duda. Y me emociona. Quiero que llegue ya. Uno de mis grandes objetivos era llegar aquí, pero quiero estar mucho tiempo y cumplir muchos más sueños dentro de este. Quiero disfrutar del camino, vivir y aprovechar el presente. Pero llegar aquí debe ser solo el principio de algo más grande. Y para eso solo vale trabajar y trabajar. Los sueños solo se cumplen con trabajo, esto no es cuestión de despertarse un día y verse en la NBA. Si el camino que he seguido me ha traído hasta aquí, tengo que seguir en esa línea. Confiar en todo lo realizado hasta ahora, confiar en mi círculo cercano, y seguir cumpliendo sueños.

P. ¿En qué punto ha dejado los estudios?

R. Llevo dos años de carrera y me quedan otros dos, pero ahora toca dejarlos en pausa. Esta temporada tengo que aprender muchas cosas en la NBA y no puedo dedicarme a todo. Pero la idea es retomar los estudios a corto o medio plazo. Mi sueño de toda la vida es ser jugador de baloncesto, pero sacarme la carrera también es un sueño.

P. Durante la convalecencia de la operación y en el confinamiento se hartó de ver vídeos de baloncesto, ¿más como aficionado o por interés profesional?

R. Ver baloncesto como aficionado me encanta, me divierte. Pero también lo veo con mirada de jugador. Cuando veo acciones concretas y como usan su cuerpo los jugadores, me imagino ejecutando esas acciones y pienso en qué haría y cómo lo haría yo. Aunque estés sentado en el sofá empiezo a sentir como si mi cuerpo interiorizara la acción. En los tiempos de pandemia en los que no podía entrenarme visualicé así muchos movimientos y eso me ayudó después a trasladarlos a la pista.

Santi Aldama, en un partido de pretemporada ante los Pacers. getty
Santi Aldama, en un partido de pretemporada ante los Pacers. getty

P. ¿Le obsesiona alguno de esos movimientos de jugadores ilustres?

R. Hay muchos, pero si tuviese que elegir uno, me quedo con el fadeaway de Dirk Nowitzki, es uno de mis favoritos, me encantó desde que lo vi de pequeño. Después, me he puesto a ver muchas veces los highlights de Michael Jordan o Toni Kukoc para intentar aprender algo. Pero los grandes jugadores hacen muchas cosas por instinto que son inimitables, así que solo te queda mirar, sonreír y disfrutar.

P. Sin entrar en comparaciones, ¿cómo valora el legado de Pau Gasol?

R. La grandeza de Pau es infinita. No le conozco personalmente, pero ha significado tanto en mi vida y en la de tantos españoles que al final lo sientes como parte de ti. Llegar aquí a Memphis y ver que todo el mundo habla tan bien de Pau, de Marc… te hace sentir ese legado y sentir orgullo. Pienso en Pau y me traslado a todos los veranos que nos hizo vibrar con la selección. Aquellos 40 puntos contra Francia en el Eurobasket de 2015 y la imagen de su grito tras meter el último mate la tengo grabada en la cabeza. Cada vez que entro al pabellón hay un mural con el nombre de todos los jugadores de la franquicia y siempre me fijo en los de Pau, Marc y Juan Carlos Navarro y eso me da una motivación extra para entrenarme a tope. Sólo con saber que ellos han estado aquí y sentir su huella ya es emocionante.

P. ¿Qué le preguntaría a Pau Gasol antes de empezar el viaje?

R. Le preguntaría: ¿qué es aquello que aprendiste en un momento de tu carrera que te hubiera gustado haber sabido antes? Las carreras son muy largas y nunca se deja de aprender, pero estaría bien saber cosas con las que te vas a encontrar.

P. ¿Es mitómano hasta el punto de estar pensando en el día que jugará contra LeBron James o alguna otra estrella de la liga?

R. Para nada. Soy muy perfeccionista, quiero ganar siempre y que todo salga perfecto, así que no pienso en las estrellas que vaya a tener enfrente. Llevo muchos años viendo a LeBron y es una gran figura para todos los que amamos el baloncesto, pero al final se trata de jugar y de intentar ganar y solo pensaré en eso.

P. Debuta contra los Cleveland de Ricky Rubio, que tiene como lema el never too high, never too low (nunca demasiado arriba, nunca demasiado abajo), que va mucho con su ambición serena.

R. Soy muy fan de ese lema. Se parece mucho a mi manera de ver las cosas, sí. Ni el día que tienes un gran partido eres el mejor, ni el día que no te salen las cosas eres el peor. Hagas lo que hagas, lo que toca mañana es trabajo, trabajo y trabajo… Esa es la mejor rutina a seguir.

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Sobre la firma

Faustino Sáez

Es redactor de deportes del diario EL PAÍS, especializado en baloncesto. Además del seguimiento de ACB y Euroliga, ha cubierto in situ Copas, Final Four, Europeos y Mundiales con las selecciones masculina y femenina. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y ha desarrollado toda su carrera en EL PAÍS.

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