La ‘vieja’ Europa defiende la Ryder Cup

Estados Unidos busca reconquistar el trofeo en su casa con un potente equipo cinco años más joven que el europeo

Lowry, Hatton, Harrington, Rahm y Sergio García, con gorras en forma de queso.
Lowry, Hatton, Harrington, Rahm y Sergio García, con gorras en forma de queso.Andrew Redington (AFP)

En la guerra no hay lugar para el romanticismo. Al menos, no en esta batalla. El capitán estadounidense de la Ryder Cup, Steve Stricker, ha armado un potentísimo y joven equipo en busca de la reconquista del gran trofeo que desde este viernes (14.00, Movistar Golf) Europa defiende en territorio enemigo, en Whistling Straits (Wisconsin). Stricker descartó otorgarle una invitación el veterano Phil Mickelson, 51 años, pese a que esta temporada hizo historia en el Campeonato de la PGA como el ganador de más edad de un grande. Y pese a su enorme experiencia en la competición, un fijo desde que debutó en 1995. A cambio, lo ha alistado como vicecapitán de un conjunto de jóvenes estrellas. Dustin Johnson, número dos del mundo tras Jon Rahm, es con 37 años el veterano de un grupo con seis debutantes y 29 años y 159 días de media, el más joven en casi un siglo, desde la primera edición de la Ryder, en 1927. Europa es más de cinco año más vieja: 35 años y 43 días de media, tres novatos. Y es superada igualmente en número de grandes que suman sus participantes (13 majors acumulan entre los 12 golfistas estadounidenses por siete los europeos) y en el promedio de la posición en el ránking mundial de los jugadores. La clasificación media para la tropa de Stricker es el puesto 8,9 —por debajo de 10 por pimera vez en la historia; ocho entre los 10 mejores del mundo—. Para los muchachos que capitanea Padraig Harrington, puesto 30,8. Solo Jon Rahm entre la élite.

Los números y la condición de anfitrión avalan a Estados Unidos. Pero la Ryder no se decide sumando talentos sino jugando en equipo. Hombro con hombro. Y ahí Europa ha arrasado en los últimos años por la fortaleza de su vestuario: cuatro victorias en las cinco últimas ediciones, rotunda la de París 2018 (17,5 puntos a 10,5), nueve de las últimas 12. Desde que Seve inoculó el germen ganador en el viejo continente y derrumbó en 1979 la puerta para que entraran los golfistas no británicos, mandan los chicos de azul sobre los de rojo (11-8).

Seguramente ningún jugador simboliza mejor ese choque de filosofías que Tiger Woods. La gran estrella coleccionó títulos y devoró récords individuales durante años mientras naufragaba en la Ryder. Hoy, ausente mientras se recupera de una pierna rota, anima con mensajes a los suyos y es invocado por Stricker: “Está con nosotros”. Falta le hará el pegamento al capitán de USA. Por ejemplo para lidiar con los egos de Brooks Koepka y Bryson DeChambeau. Dos de los grandes gallos están peleados y no pueden ni verse. Difícil que haya química. En la otra orilla, nadie como José María Olazabal heredó ese espíritu gremial de Seve. La inolvidable remontada europea en 2012 en Medinah todavía escuece en la caseta de los norteamericanos. Ahora claman venganza.

De Seve a Olazabal. De Olazabal a Sergio García. De Sergio García a Jon Rahm. La pasión por la Ryder ha calado hasta el tuétano en el golfista español. El castellonense, de 41 años, y el vasco, de 26, comparecen en Wisconsin y formarán pareja el primer día en los foursomes (cada dúo juega una bola) de la mañana, contra Jordan Spieth y Justin Thomas. García llega después de ganarse una invitación de las tres que repartió Harrington para quien no se clasificó de manera directa.

La marcha triunfal de Europa en las últimas ediciones no se entiende sin el Niño, que en París se convirtió en el máximo anotador histórico de la competición, con 25,5 puntos. Es Míster Ryder. Con la copa entre ceja y ceja, García renunció a disputar los Juegos Olímpicos para hacer méritos de cara al choque contra Estados Unidos. Al contrario que Tiger, el ganador del Masters de 2017 brilla como nunca cuando la gloria se decide en equipo. “Estoy aquí porque me lo he ganado por mi juego”, se reivindica El Niño.

Novato en 2018, líder en 2021. Hace tres años, Jon Rahm era un debutante que se comía la Ryder con los ojos, tan hambriento de gloria que se cargó de presión y no fue capaz de sumar en las primeras jornadas. Hasta que el azar le emparejó en el duelo individual del domingo con Tiger Woods y del choque salió el vasco con el punto en el bolsillo y una liberación. Hoy Rahm conserva el mismo ímpetu y por el camino ha ganado toneladas de madurez. Es el número uno del mundo, este curso conquistó su primer grande, el US Open, y vio nacer a su hijo Kepa. Es otro Rahm, mucho más seguro de sí mismo, la sangre joven en un vestuario con cuatro hombres por encima de los 40: Sergio García (41), Paul Casey (44), Ian Poulter (45) y Lee Westwood (48).

Llega Rahm después de una rareza, no pasar el corte en un torneo, el Fortinet Championship, aquejado de problemas estomacales. Otro bache en una temporada en que la covid le bajó del Memorial Tournament y le dejó sin Juegos. El coronavirus aplazó 12 meses la Ryder, desplazándola así de los años pares a los impares. Ahora, por fin, rodará la bola en la gran batalla.

Los partidos de este viernes por la mañana: Jordan Spieth y Justin Thomas contra Jon Rahm y Sergio García; Dustin Johnson y Collin Morikawa contra Paul Casey y Viktor Hovland; Brooks Koepka y Daniel Berger contra Lee Westwood y Matt Fitzpatrick; y Patrick Cantlay y Xander Schauffele contra Rory McIlroy e Ian Poulter.

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Sobre la firma

Es jefe de sección de Deportes. Estudió Comunicación Audiovisual. Trabajó en la delegación de EL PAÍS en Valencia entre 2000 y 2007. Desde entonces, en Madrid. Además de Deportes, también ha trabajado en la edición de América de EL PAÍS.

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