Ascensos en el fútbol

La proeza inimaginable del SD Amorebieta: asciende a Segunda División con 675.000 euros de presupuesto

El modesto equipo vizcaíno, de una localidad con 19.500 habitantes y con un campo de 1.300 espectadores, derrota al mejor club de Segunda B: el Club Deportivo Badajoz

Unos 500 seguidores del Amorebieta se desplazaron a Badajoz para el partido que les valió el ascenso a Segunda División, /SD AMOREBIETA
Unos 500 seguidores del Amorebieta se desplazaron a Badajoz para el partido que les valió el ascenso a Segunda División, /SD AMOREBIETA

Mikel Saizar (Ibarra, Gipuzkoa, 38 años), debutó en Primera División el 21 de febrero de 2015. Su equipo, el Córdoba, cayó 1-2 contra el Valencia. Disputó cinco partidos más y los perdió todos. El equipo andaluz era el sexto equipo de un portero trotamundos. Había estado en la Real Sociedad un año, pero no tuvo oportunidades. Jugó en el Pontevedra, Cultural Leonesa, y Guadalajara. Después del Córdoba se fue a Chipre a jugar con el AEK Larnaka, y regresó a España para fichar por el Numancia y el Burgos antes de volver a casa, a la pastelería de su madre en Tolosa, a echar una mano, y a entrenar a las porteras del Eibar femenino, que juega en la Liga Iberdrola. Además, aceptó la oferta del Amorebieta. Le venía bien. Trabaja por la mañana en la confitería, se entrena en Urritxe por la tarde, y en el camino de vuelta a Tolosa dirige el trabajo de las guardametas del equipo armero. Le pilla de paso.

Saizar es el único futbolista del Amorebieta que ha jugado en Primera, y fue uno de los protagonistas del viverazo que perpetró su equipo frente al Badajoz, ante 7.000 espectadores, en el campo de un rival poderoso económicamente y que había sido el mejor club de Segunda B en la competición regular. El equipo vizcaíno dejó mudas a las gradas del campo pacense, salvo a los 500 seguidores que hicieron 800 kilómetros desde Amorebieta, y consiguió el ascenso a Segunda División, una proeza inimaginable para el equipo de un pueblo con 19.500 habitantes, un campo fronterizo con la autopista AP-8, como Ipurúa, y en el mismo lado –hay 25 kilómetros de distancia entre uno y otro–, con capacidad para 1.300 espectadores.

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El club tiene 675.000 euros de presupuesto, el más bajo de los equipos clasificados para la promoción de ascenso, y sus jugadores cobran un máximo de 1.500 euros al mes, casi diez veces menos que los del Badajoz, que seguirá penando en el fútbol de bronce. Muchos se ganan la vida con otros trabajos. Orozco, Larrucea y Obieta son profesores; Ekaitz Molina trabaja en un gimnasio, Garro, Leiza y Garai estudian.

Un gol de Iker Bilbao en el minuto 22, después de un rechace del portero local, sirvió para completar la proeza de un club con 96 años de antigüedad y 900 socios, que ha transitado por todas las categorías modestas y que hace cuatro años se encontró el actual presidente, Jon Larrea, con un déficit de 400.000 euros, la mayor parte con la Seguridad Social. Recortó gastos. En la temporada del ascenso, la nómina de los futbolistas ascendió a sólo 250.000 euros, mucho menos de los que gana Messi en un día.

No es una excusa para rebajar el nivel de exigencia de su entrenador, Iñigo Vélez de Mendizabal, que como jugador debutó en Primera con el Murcia y también jugó en el Athletic, aunque sólo dispuso de 56 minutos en el equipo bilbaíno. Se quedó a las órdenes de Caparrós porque cuando estaba a punto de salir cedido recibió una llamada de Aduriz: “Iñigo, que me voy al Mallorca, que yo me quiero quedar, pero me van a traspasar. Te quedas tú”. Había comenzado en el Aurrera de Vitoria, pasó por el Espanyol B, el Eibar, y después del Athletic, el Numancia y el Xerez, donde se retiró a los 31 años con la rodilla destrozada, una concatenación de lesiones que relata en un testimonio recogido en un blog. “Sin darme cuenta tuve que dejar de jugar a fútbol. Sin tiempo para asimilarlo, sin tiempo a prepararme para una despedida, sin tiempo para darme cuenta que dejaría de hacer lo que había hecho toda mi vida, desde muy muy pequeño y por lo que había luchado sin importarme lo que podría estar perdiendo o lo que me dejaría por el camino”, escribe. “La razón de todo esto fueron las lesiones. Me había acostumbrado a dolores de todo tipo, a jugar limitado por mis esguinces, operaciones, golpes etc. Pero siempre estaba disponible para jugar y entrenar”

Como entrenador comenzó en el Aretxabaleta, en categoría regional, y de ahí pasó al Amorebieta, reclutado por el director deportivo, Asier Goiria, que a principio de temporada relataba que el equipo no se planteaba objetivos concretos, pero auguraba: “Deportivamente, no nos ponemos techo. Cuando te vistes con una camiseta como la del Amorebieta parece que no puedes aspirar a cosas más grandes. Pero entre todos estamos poco a poco mentalizando a la gente de que hay que aspirar a todo”. Lo han hecho. El Amorebieta consumó el viverazo y jugará la próxima temporada en Segunda División. Será el octavo equipo vizcaíno que juega en la categoría. Antes lo hicieron Arenas, Erandio, Basconia, Indauchu, Barakaldo, Sestao y Bilbao Athletic.

En el pueblo casi no se lo creen, pero después del éxito del equipo de fútbol, esperan que el baloncesto les de otra alegría. El equipo local, el Zornotza ST, juega el martes el partido de ida de la promoción de ascenso a la LEB Oro, la categoría por debajo de la Liga ACB. Su rival es el FC Barcelona B, otro coloso.

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