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Bilbao batalla contra el pesimismo

La derrota con la Real ha dejado secuelas en el club y la afición ante el choque con los azulgrana

Iñaki Williams, Asier Villalibre y Raúl García durante el entrenamiento de este jueves en  Lezama, antes de viajar a Sevilla, donde el próximo sábado se enfrentan al Barcelona en la final de la Copa del Rey. / (EFE)
Iñaki Williams, Asier Villalibre y Raúl García durante el entrenamiento de este jueves en Lezama, antes de viajar a Sevilla, donde el próximo sábado se enfrentan al Barcelona en la final de la Copa del Rey. / (EFE)ATHLETIC CLUB / EFE/ATHLETIC CLUB

Nadie ha retirado las banderas rojiblancas de los balcones, pero un par de semanas después de que se colgaran lucen lacias. Para la mirada de los más pesimistas, hasta descoloridas. Después de la final aplazada de 2020 frente a la Real, entre la afición del Athletic cunde el desánimo, no tanto por perder ante el vecino sino por la forma de hacerlo, sin reacción alguna después del gol de penalti de Oyarzabal. El hecho de que los bilbaínos no sumaran ni una sola oportunidad de igualar es lo que más ha dolido entre los seguidores. “No compitieron, fue decepcionante”, es la reflexión más recurrente.

La escena que se hizo viral, la del aficionado que se lanzó en Bilbao desde lo alto de un semáforo, fue, según un seguidor que lo expresaba en redes sociales, la metáfora de lo ocurrido en La Cartuja: “Se levantó como si nada, pero el morado queda para bastante tiempo”.

El ambiente en Bizkaia es muy diferente del de hace dos semanas. Entonces, todas las conversaciones callejeras giraban en torno a la final. Hasta los menos futboleros hablaban del Athletic. Ahora ya no es así, la cita frente al Barcelona se anuncia con sordina. Aunque la Ertzaintza ha preparado un dispositivo especial para evitar escenas similares a las de la despedida del equipo camino de Sevilla, o las que se produjeron en el centro de Bilbao en las horas previas al partido con la Real, no parece que el personal esté demasiado dispuesto a repetirlas. Dos semanas después, además, Bilbao, tal vez por las aglomeraciones descontroladas, es la ciudad española —salvo Ceuta y Melilla—, que peor evoluciona en la pandemia.

Los periódicos vizcaínos intentan levantar la moral de la tropa con profusas informaciones relacionadas con el Athletic, pero ya han publicado varios artículos escritos por psicólogos a modo de terapia. También las radios emiten programas especiales para repetir el nivel de tensión entre los oyentes. Los esfuerzos llegan de todas partes, sobre todo desde el club, que si en la cita frente a la Real, aprovechó las invitaciones que envió la federación para agasajar a sus empleados y a algunos antiguos jugadores, ha decidido ahora llevar a Sevilla a los familiares de los futbolistas: “El objetivo es crear un ambiente en el que los jugadores se sientan más arropados después de que el diagnóstico de la entidad y del entrenador es que el exceso de responsabilidad les bloqueó ante la Real”, asegura el presidente del Athletic, Aitor Elizegi.

Marcelino García, el técnico rojiblanco, que se manifestó perplejo por las prestaciones de sus hombres en la final frente a la Real, —”estoy triste porque no fuimos nosotros mismos”—, ha cambiado sus rutinas habituales. En vez de entrenar dos días en Sevilla, como hizo en la anterior final, decidió programar una sesión en Lezama ayer y viajar después a la capital andaluza.

De incógnito

Tanto en el club como en su entorno, se esfuerzan en tratar de levantar la moral de los seguidores, sin olvidar tampoco que el partido de hace dos semanas es la causa del bajón. Según el expresidente Fernando García Macua, la decepción es lógica: “Se dejó escapar una gran oportunidad”. Mantiene que “hay que mandar un mensaje. El equipo sabe que está en deuda con el club, la afición y con toda Bizkaia. No por perder, sino por la forma en la que se produjo. La sensación es que el Athletic no fue capaz de competir con plenitud de sus capacidades. Eso siempre deja mal sabor de boca”.

Los jugadores admitieron que su trabajo había sido deficiente y que eso podía influir en la reacción de la gente: “Salí a la calle con gorra y gafas de sol para que no me reconocieran”, aseguraba Dani García, pero se llevó una sorpresa: “Me di cuenta de que estaba haciendo el ridículo. Pensaba que me iban a decir algo malo, pero fue al revés”. Raúl García reconoció: “No estuvimos como teníamos que haber estado. No es tan fácil expresar con palabras que el equipo no compitió. Hay que reconocerlo”. Para ello es imprescindible, en palabras de Mikel Balenziaga, “cambiar el chip. Pasamos días duros, era el momento de recomponernos. El vestuario ha estado muy entero y eso queremos demostrar en esta final”.

De la euforia de las jornadas previas a la final de 2020, jugada el 3 de abril, al pesimismo y la cautela frente al Barça de Leo Messi. “Seguro que mejoramos y jugamos un buen partido”, apunta un aficionado de a pie, “pero lo que más me fastidiaría es hacerlo y perder, que es lo más fácil contra el Barça”.

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