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Carlsen bate a Ding en el desempate de una lucha agotadora, y exhibe juego limpio

El noruego gana (3,5-2,5) la 1ª manga de semifinales; Giri supera a Niepómniachi (3-1)

Carlsen y Ding se saludan al inicio de una partida de la Copa Sinquefield, el pasado agosto en el Club de Ajedrez de San Luis (Misuri, EEUU) Ampliar foto
Carlsen y Ding se saludan al inicio de una partida de la Copa Sinquefield, el pasado agosto en el Club de Ajedrez de San Luis (Misuri, EEUU)

Magnus Carlsen redondeó una jornada de gran ajedrez: ganó la 1ª partida porque Liren Ding perdió la conexión a internet; regaló la 2ª porque la situación le parecía injusta; y, después de tres tablas, se impuso en la 2ª del desempate tras una gran exhibición defensiva. En la otra semifinal del torneo rápido Chessable Masters, el neerlandés Anish Giri continuó en racha y se impuso en gran estilo (3-1) al ruso Ian Niepómniachi.

“Cuando Liren perdió la conexión, él podía hacer tablas de varias maneras. Además, le tengo un enorme respeto, como jugador y como persona. Lo correcto era devolverle el punto, y eso es lo que hice de inmediato”, explicó el multicampeón del mundo durante su entrevista con Chess24, el club virtual organizador del torneo. Giri, presente en directo, subrayó “la impresionante labor defensiva de Magnus en la última partida”. Para llegar a eso, ambos tuvieron que disfrutar y sufrir mucho durante tres horas y media apasionantes.

En el primer asalto, Carlsen sometió con las piezas blancas a Ding al típico masaje posicional que tantas victorias le ha dado: una ventaja minúscula tras la apertura, convertida poco después en un final de torres ligeramente superior. El 90% de sus rivales terminan sucumbiendo ante ese tratamiento, pero Ding es ultraduro cuando está en forma, y en ese momento era una hora prudencial en China, 22.30. De modo que el asiático resistió todos los embates del escandinavo, logró una clara posición de tablas… y justo en ese momento ocurrió la desgracia: su conexión a internet se cortó cuando solo le quedaban unos segundos en el reloj, por lo que no pudo recuperarla a tiempo, y se le declaró perdedor de la partida.

Eso mismo -aunque no en posiciones de empate tan evidente- ha ocurrido ya varias veces a lo largo del torneo, lo que debería obligar a pensar en soluciones. Por ejemplo, es probable que se pueda demostrar técnicamente que la desconexión fue ajena a la voluntad del jugador, en cuyo caso no debería sufrir ningún tipo de sanción. Con más motivo si eso ocurre en China, donde las conexiones con muchos portales occidentales requieren de un enmascarador, porque están castradas por el Gobierno.

Por fortuna, esta vez el rival estuvo a la altura de las circunstancias: en una gran exhibición de juego limpio, Carlsen abandonó la segunda partida nada más empezarla, para que el marcador siguiera igualado. Mientras no se encuentre una solución más razonable, quizá ese gesto marque un antecedente que todos los demás estarán obligados a copiar, para no quedar muy mal ante los aficionados.

Llegó el tercer asalto, y el campeón del mundo volvió a fracasar en algo dificilísimo: convertir en victoria una ventaja pequeñísima frente a uno de los rivales más duros que va a tener en toda su carrera. Una vez más, Carlsen logró el máximo de lo que era razonable: un final de torre y alfil contra torre, y el rey de Ding situado en una banda. Pero el chino demostró que se sabe de memoria la difícil técnica de ese tipo de posiciones.

Así que Ding, con blancas en la última, disponía de una oportunidad de oro para tumbar al multicampeón. Y lo intentó, con una ventaja objetiva, aunque muy pequeña, tras la apertura. Pero Carlsen no estaba para bromas y planteo una defensa excelente hasta que se firmó el empate, que obligaba a dos partidas relámpago (tres minutos para cada uno, más dos segundos por jugada).

La primera empezó con una repetición del guión: tremenda dureza del chino, con negras; pequeña ventaja de Carlsen, que yerra tácticamente cuando intentaba aprovecharla. Y todo apuntaba hacia el empate cuando el guión saltó por los aires: Carlsen volvió a errar, pero Ding le devolvió un regalo todavía mayor, y quedó perdido; sin embargo, con solo unos segundos en el reloj, el noruego cometió una imprecisión; y tablas.

La segunda fue épica. Ding logró una posición objetivamente ventajosa con blancas, pero las negras no tenían grandes puntos débiles. La lucha entró en un largo periodo de maniobras, pero Carlsen logró arreglárselas para ir cambiando poco a poco sus peores piezas, y así llegó a un final que hubiera terminado en tablas en una partida lenta. Pero las condiciones eran muy distintas: 01.30 de la madrugada en China, y la mente de Ding también debía de estar en la oscuridad, al comprobar que, de pronto, tenía que pelear para no perder tras haber dominado toda la partida. Esa mezcla se tradujo en un cortocircuito cerebral, y el chino perdió lo que parecía imposible.

Una partida de hace un año entre Giri (izquierda) y Niepómniachi en el Club de Ajedrez de San Luis (Misuri, EEUU) durante la Copa Sinquefield ampliar foto
Una partida de hace un año entre Giri (izquierda) y Niepómniachi en el Club de Ajedrez de San Luis (Misuri, EEUU) durante la Copa Sinquefield

Giri volvió a demostrar que su estilo ultraconservador le priva de éxitos mayores, y a los aficionados de grandes momentos. Tras hacer tablas con negras la primera partida sin grandes problemas, el neerlandés cazó a Niepómniachi en la segunda con una sutil trampa táctica, en la que el ruso cayó probablemente porque pensó que su posición no implicaba peligro alguno si se hacían jugadas normales. De modo que esa victoria elevaba en grande el interés del duelo, dado que Niepómniachi estaba ahora obligado a arriesgar. Justo el terreno en el que Giri se siente más a gusto, porque no es él quien debe hacerlo.

Niepómniachi se tomó esa idea tan en serio que lanzó su peón de torre de la columna h en plan kamikaze desde la apertura, como si estuviera jugando contra un aficionado. Para el movimiento 16, su posición ya era técnicamente perdedora, según las máquinas. Pero no para un humano, aunque se trate de una partida entre dos estrellas, y menos aún si es rápida. De hecho, la ventaja de Giri fue disminuyendo hasta el punto de que el ruso llegó a disponer de un golpe ganador, que no vio, y la lucha terminó en tablas tras un espectacular intercambio de mandobles.

El creativo gran maestro eslavo necesitaba ganar la última con negras frente a alguien que solo arriesga cuando le obligan. Para empezar, logró lo necesitaba: un lío monumental en el tablero. Y Giri recogió el guante del reto y contribuyó a embrollar la lucha todavía más, algo rarísimo en él. En ese momento, se podía decir que ambos estaban perdidos sin faltar del todo a la verdad. Pero con un matiz importante: el neerlandés administró mejor su tiempo en ese maremágnum, lo que acabó siendo decisivo para que Giri -y esta vez sin la más mínima objeción en cuanto a su manera de lograrlo- diera un gran paso para estar en la final de este apasionante torneo.

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