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Ángel Rodríguez, la fiera contra el Ájax

El equipo holandés visita Getafe, casa del punta que este curso ha metido ocho goles saliendo del banquillo gracias a su don para percibir los errores que cometerá el rival

Ángel enfrentado a Ter Stegen en el Camp Nou. Ampliar foto
Ángel enfrentado a Ter Stegen en el Camp Nou. EFE

La trama del fútbol ofrece dos vías extremas. Una, la del triunfo inmediato, se resume en la frase que los intermediarios emplean para definir el carácter de los clientes bendecidos nada más ingresar al profesionalismo: “Recién nacido y ya coronado”. En las antípodas se sitúan los jugadores cuyo talento pasa inadvertido. Por mala fortuna, por falta de palanca mediática, por ausencia de padrinos, o, sencillamente, porque hay un tipo de futbolista que para exhibir su poder necesita más que ningún otro de la complicidad de los compañeros. Ángel Rodríguez (San Cristóbal de La Laguna, Tenerife; 32 años), pertenece a esta especie.

El delantero del Getafe que hoy recibe al Ajax en la Europa League (18:55 horas, Movistar) transitó la vía más sinuosa. Sin la potencia ni el dominio del balón que permiten a otros desequilibrar en acciones individuales, el hombre se buscó la vida por los márgenes del fútbol. Su don, atacar los espacios allí donde los defensas no lo pueden detectar, es un tesoro. Pero solo puede desenterrarlo con compañeros que sintonicen con él para pasarle la pelota en el momento propicio.

Antes de hacerse célebre en el Getafe, ya con 30 años, buscó cómplices en el Tenerife (un gol cada 316 minutos), en el Elche (uno cada 158), el Levante (uno cada 135), el Eibar (ningún gol en 16 partidos), y el Zaragoza (uno cada 180 minutos) en Segunda. Nunca fue traspasado sino que cambió de aires cada vez que se quedó libre. Nadie pagó por sus derechos. El reciente interés del Barça resulta toda una novedad en su trayectoria.

"En el Zaragoza los ataques se hacían en función de sus movimientos", recuerda Lluís Carreras. "Él iniciaba la maniobra porque huele bien la sangre"

“En el Getafe juega más acompañado”, observa Lluís Carreras, que le dirigió en el Zaragoza. “Yo le dejaba más espacios. Los extremos iban hacia adentro y él tiraba desmarques para que los interiores llegaran arriba. Los ataques se hacían en función de sus movimientos, de lo que olía. Él iniciaba la maniobra porque huele bien la sangre. Él sabe cuándo el central hará un mal control, o se dará la vuelta, o no calculará bien el bote, o dará un mal pase horizontal... Él busca el error. Es como esos conductores que buscan aparcamiento en una calle abarrotada y siempre encuentran sitio”.

Como Jamie Vardy, otro visionario del desmarque que no explotó hasta que, con 28 años, dio con el contexto adecuado en el Leicester, Ángel no tuvo continuidad hasta que en 2017 llegó a Getafe y gozó de los dos pilares que necesitaba: estabilidad institucional y deportiva. En la trama de Bordalás, el tinerfeño vio fructificar sus movimientos de cazador. Unas veces lo veía Fajr, un interior; otras el central Juan Cala con entregas en largo; y otras Jorge Molina, que le descolgaba los balones para que él irrumpiera.

Necesidad de cariño

“Él en el Getafe está acostumbrado a jugar con centrales que le buscan inmediatamente después de robar el balón”, dice Carreras. “Primero porque así se ahorran la presión, y después porque muchos equipos en fase ofensiva no hacen vigilancias y él ahí aprovecha esos descuidos. Él lee muy bien las jugadas y se coloca muy bien para recibir el balón”.

Las carreras repentinas de Ángel contra la corriente general de la jugada encontraron la interpretación justa de sus compañeros, desde los zagueros hasta los atacantes, perfectamente sincronizados por Bordalás para lanzar al canario a las zonas más desprotegidas del campo rival. Metió 13 goles en la primera temporada y 13 en la segunda.

En su tercer curso en el Getafe, perdió la titularidad y aumentó la puntería. Ha jugado 14 de sus 20 encuentros de Liga como suplente. Partiendo desde el banquillo hizo siete de sus nueve tantos ligueros, cosa que le convierte en el segundo máximo artillero nacional después de Roger, del Levante, con 10. Una media de un gol cada 104 minutos. No solo es su mejor marca de siempre. Es una rareza europea. Ningún futbolista en las cinco grandes Ligas ha metido tantos goles saliendo en la segunda parte.

“Es uno de esos futbolistas que necesitan mucho cariño del entrenador”, señala Carreras. “En su mejor versión es intuitivo, se desmarca muy bien, no usa la izquierda pero tiene muy buena definición con la derecha. Tiene un golpeo con el empeine interior, medio mordido, que es muy difícil de atajar. Y por sus condiciones físicas aguanta muy bien el balón y tiene mucha movilidad. Es muy individualista y a veces esa ansiedad por acabar la jugada le hace incurrir en fuera de juego innecesariamente, ya que posee buena velocidad en espacios cortos. Pero entiende el juego. Sabe asociarse, cuándo tocar, cuando arrastrar al defensa... Si ficha por el Barça, con Messi deberá aprender a repetir el pase y a desmarcarse y amagar en dos o tres metros para buscar al tercer hombre. Él eso lo lleva dentro”.

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