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Casemiro para todo

El brasileño anota dos goles por primera vez en su carrera y desatasca a un Madrid de bajas revoluciones en un partido en el que el Sevilla, furioso con el VAR, no había perdido el mando

Real Madrid - Sevilla Ver fotogalería
Casemiro marca el primer gol. Getty

El repertorio de Casemiro no se agota. En un partido en el que el Madrid se atascó a bajas revoluciones, el brasileño salió al rescate con dos goles de delantero para sumar ya 13 victorias consecutivas contra el Sevilla en el Bernabéu. Casemiro, cada vez más dominante de los partidos desde la contención, con la seguridad de un caudillo sobre el campo, desenfundó también el registro goleador en una tarde en la que ni Jovic ni Rodrygo hacían cosquillas al rival. La exhibición del mediocentro sirvió al Madrid para dormir líder y alargar hasta 17 la serie de partidos sin perder, algo que no sucedía desde hace dos años, y a Vinicius le brindó un rato para disfrutar el recreo final.

Real Madrid
RMA
2
-
1
SEV
Sevilla
Real Madrid
Courtois, Marcelo (Ferland Mendy, min. 70), Varane, Carvajal, Eder Militao, Kroos, Casemiro, Modric, Rodrygo (Vinicius Junior, min. 61), Jovic (Benzema, min. 61) y Lucas Vázquez.
Sevilla
Vaclik, Reguilón, Jules Koundé, Jesús Navas, Diego Carlos, Banega (Marcos Lopes, min. 79), Fernando, Gudelj, Munir (Youssef En-Nesyri, min. 65), Luuk de Jong y Franco Vázquez (Óliver Torres, min. 74).
Goles
1-0 min. 56: Casemiro . 1-1 min. 63: Luuk de Jong . 2-1 min. 68: Casemiro .
Árbitro
Juan Martínez Munuera
Carvajal (min. 86), Casemiro (min. 87), Modric (min. 36) y Banega (min. 53).
Estadio:Santiago Bernabéu

El regreso de Lopetegui a La Castellana, con su Sevilla cuarto en la tabla, tuvo algo de escenificación de las razones de la brevedad de su estancia en el banquillo blanco. Antes de que se moviera el balón, empezaron a aparecer copas sobre la hierba. Primero el trofeo de LaLiga Promises, que los infantiles le ganaron precisamente al Sevilla en Emiratos con un recital del hijo de José Antonio Reyes. Después, la Supercopa de Arabia, que los sevillistas saludaron con un pasillo a los blancos, al final del cual estaban el trofeo y Sergio Ramos. El capitán, fuera de la lista por la lesión de tobillo que no le impidió terminar aquella final, ni marcar el penalti de las fotos, no quiso perderse la ocasión de presentar al Bernabéu el primer título tras el curso del hundimiento que se llevó por delante a Lopetegui y Solari. Ramos recogió los aplausos, se tocó el corazón y desapareció.

Entonces ya comenzó el fútbol, entre la resaca de la cortesía y el alivio que la victoria procura a la grada. El espíritu de los prolegómenos lo heredó en los primeros minutos el imperturbable Jovic, cuyas pulsaciones marcan ese paso. Un acelerón diagonal de Rodrygo le dejó la pelota al borde del área, con aire, una invitación al remate. El delantero la tocó con suavidad, como quien devuelve un balón suelto a un recogepelotas. Por entonces, la tarde no anunciaba rasguños. Courtois y Vaclik pasaron un primer tiempo de miranda bajo la fina lluvia madrileña.

El Sevilla mantenía cierto gobierno con Banega, Gudelj y el Mudo Vázquez, pero se trataba más de un gesto territorial que de una amenaza. Buscaban con Munir la banda del regresado Marcelo, más benévolo que Mendy. Pero al brasileño lo auxilió bien Rodrygo, con fuelle suficiente también para lanzarse a zigzaguear al ataque. Él y Modric mostraron lo más punzante del Madrid en el primer acto, donde aparte de eso lo más vibrante lo procuró el VAR. Militão cayó fulminado mientras perseguía a De Jong en un córner, estrellado contra la pantalla de Gudelj. El holandés se quedó libre y cabeceó a la red, pero Martínez Munuera descubrió el topetazo en el vídeo, anuló el tanto y enfureció al Sevilla.

Orden y desorden

El equilibrio de cautelas y orden se lo llevó por delante una anomalía. Cuando la grada emitió los primeros síntomas de hartazgo por la mormera, Luka Jovic perforó la defensa con un taconazo hacia la carrera de Casemiro, que levantó con delicadeza la pelota por encima de Vaclik. Una combinación con los papeles cruzados entre el mediocentro y el delantero, que ya había asistido de tacón a Bale en Vila-real.

El tanto fue un despertador. Entraron Benzema y Vinicius por Jovic y Rodrygo, y llegó el empate por la zona en la que el brasileño dejó algo más solo a Marcelo, pese a que Varane acudió al rescate. Pero el francés no logró espantar la pelota con la que cayó Munir. De Jong rebañó las sobras, disparó cruzado y ese gol sí que se lo quedó, pese a unos segundos de incertidumbre de VAR: la pelota había tocado el brazo del atacante caído. La ventaja la dejó Casemiro respirar apenas un parpadeo. De nuevo compañía al ataque, mató de cabeza un centro de Lucas Vázquez. Casemiro en el orden de mediocentro que no dejó migaja por barrer, y en el desorden de irrumpir como goleador. Incluso rondó el triplete.

Con la paz impuesta por el adulto, llegó el tiempo para el recreo de Vinicius. El brasileño, alicaído este curso, reencontró la sonrisa en el campo abierto, a la carrera contra Koundé. Una vez, dos veces, tres veces. Encaró, se fue, volvió, se fue. Hasta dejó un pase que era un caramelo y que Kroos, dentro del área, no acertó a embocar. El Bernabéu, primero adormilado, luego inquieto, terminó entusiasmado con la exuberancia de Vinicius. Eso sí, una vez aliviado por el orden y desorden de Casemiro. Casemiro para todo.

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