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El Dakar de los copilotos

La cantidad de pistas en Arabia Saudí y los cambios en el libro de ruta dificultan la navegación en 2020

Lucas Cruz y Carlos Sainz, en la presentación de su coche en Yedda el pasado sábado. Ampliar foto
Lucas Cruz y Carlos Sainz, en la presentación de su coche en Yedda el pasado sábado. REUTERS

Cuando una da un paseo por las calles del vivac del Rally Dakar, donde se instalan pequeñas comunidades de coches, motos y pilotos, recogidas todas por la sombra de sus enormes camiones de asistencia, con tiendas de campaña y caravanas repartidas por doquier, advierte un cambio. Parece que hayan pasado muchos años desde aquellas tardes en que los pilotos de motos se arremolinaban en torno a una mesa, para estudiar y preparar el roadbook, ese libro que marca la ruta y avisa de los peligros que se encontrarán en la carrera. Ese libro que los competidores subrayaban y en el que anotaban avisos que les pudieran servir para guiarse bien y gestionar mejor la carrera. Parece que se hayan quedado obsoletas aquellas imágenes, caída la noche, de los copilotos solos y concentrados en descifrar los secretos de la siguiente etapa. Horas invertidas para trabajar en las órdenes que deberían dar a sus pilotos.

Hoy las tardes y las noches son momento para la ducha, la cena y el descanso. Ya no hay que preparar el libro de ruta, porque este ya viene preparado por la organización. Eso sí, además de esta novedad, este año se ha añadido una dificultad extraordinaria: en algunas de las etapas la organización entrega el libro de ruta a los participantes justo antes de salir a la especial.

Por eso y por las condiciones del escenario natural que acoge este Dakar 2020 —con muchísimas pistas paralelas que hacen difícil la elección del paso correcto y la interpretación del libro de ruta— el Rally en Arabia Saudí está siendo, más que nunca, el Dakar de los copilotos. Unos copilotos que se muestran encantados con el cambio, incluso aquellos días que han recibido el libro de ruta la misma mañana de la carrera. “Así tienes más tiempo para descansar por la tarde y, además, no existen suspicacias de que haya información extra para algunos”, señala Lucas Cruz, el copiloto que ha recibido tantos halagos de Carlos Sainz estos últimos días por su gran trabajo en la lectura de la carrera. Su Mini es el líder de la general.

En esas etapas en que reciben el libro de ruta por la mañana los copilotos (como los pilotos de motos) tienen 15 minutos entre el control horario y la salida para revisar la etapa que van a disputar. “Son 15 minutos para prepararte, con el casco puesto y: tres, dos, uno y sales”, dice Cruz. “Normalmente teníamos cinco minutos, ahora tenemos diez extra para mirar el roadbook. Durante el briefing —la sesión informativa que el director de la carrera ofrece el día anterior, a las 20.00 horas— ya nos dan unas indicaciones, nos advierten de cinco o seis casillas que puedan ser más difíciles, para que les demos un vistazo”, apunta Alex Haro, copiloto de Giniel de Villiers (Toyota).

Hasta el año pasado, preparar el libro de ruta era todo un ritual. Cada uno tenía sus rotuladores de colores para subrayar o señalar los peligros. Cada uno tenía su técnica. Ahora ese documento vital para completar la carrera ya no está personalizado. Pero ninguno se queja. “Parte de la preparación que teníamos que hacer nosotros es que yo me encontrara cómodo con este roadbook y es lo que hice. Intenté reproducir las condiciones que me encontraría en competición, pero supongo que es lo que han hecho todos”, señala Marc Coma, nuevo en esto de cantar órdenes. Él se las da a Fernando Alonso (Toyota). No es nuevo en la tarea de leer el libro de ruta. No en vano ganó cinco Dakar en moto.

“Este cambio empezó a forjarse en febrero o marzo del año pasado, empezamos a oír rumores e incluso los copilotos tuvimos una reunión con la FIA para unificar criterios, les dimos unas ideas y entre todos decidimos este criterio de colores”, explica Haro. Él, desde entonces, empezó a prepararse sus propios roadbooks con esa nueva interpretación y colorido.

El nuevo sistema reduce diferencias con los equipos más poderosos y permite a los participantes ahorrarse trabajar con el mapman, como hacían hasta ahora. Los mapman son unos especialistas en cartografía capaces de dibujar todo el trazado que hará la carrera con el roadbook y con Google Earth. “Te ofrecen una información muy elaborada que te ayuda a ubicarte. Puedes prever qué vendrá después de una montaña o qué terreno te encontrarás”, explica Coma. Mucho más atrás quedan los días del Dakar en África “en que equipos como Peugeot o Citröen compraban cartografía o fotos satélite a los rusos y se estudiaba el trazo ideal”, recuerda.

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