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Opinión
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Arteta y el alma extraviada del Arsenal en Highbury

El técnico llegó con mucho crédito, pero ha firmado el peor arranque desde 1974

Arteta, durante el encuentro ante el Everton.
Arteta, durante el encuentro ante el Everton.PETER POWELL (Reuters)

“El Arsenal se dejó el alma en Highbury”, dijo hace unos días Arsène Wenger, el hombre que dio al club sus últimos años de gloria durante un reinado de más de 20 temporadas con cara y cruz. La cara son los años de Highbury, cuando ganó tres ligas y cuatro copas en nueve temporadas. Wenger había juntado una gran plantilla con jugadores como Vieira, Bergkamp, Anelka, Petit, Kanu, Henry, Ljungberg, Pires... Años de gloria que enterraban los cánticos burlones de “Boring, boring Arsenal” con los que las aficiones rivales castigaban el aburrido juego del equipo londinense en la etapa de George Graham, técnico que ganó dos ligas de uno a cero en uno a cero en 1989 y 1991. “One nil to the Arsenal”, cantaba la propia hinchada riéndose de sus rivales y de sí mismo.

La cruz arranca en 2006, cuando el Arsenal abandona Highbury para mudarse apenas unos cientos de metros al amplio, moderno, confortable pero frío Emirates. Una frialdad que se extiende a las cuentas del club. Llegan años de austeridad y recortes de gastos para pagar las obras. Wenger ya no entusiasma y sus tres triunfos coperos apenas maquillan el drama de que el Arsenal no ha ganado una liga desde 2004. Wenger se fue en mayo de 2018 y llegó Unai Emery, cuyas limitaciones con el inglés no le ayudaron y fue despedido en diciembre de 2019.

Le sustituyó Mikel Arteta. Formado en el fútbol base del Barça, Arteta fue un fino centrocampista que tuvo la mala pata de coincidir con la mejor generación de centrocampistas españoles. Emigró a la Premier, donde hizo una muy notable carrera en el Everton y en el Arsenal. Pep Guardiola se lo llevó como número dos del City cuando colgó las botas y se metió a entrenador.

Su imagen en Inglaterra es muy buena. La prensa le ha presentado como el entrenador del futuro y ha recibido elogios de entrenadores tan carismáticos como Guardiola (claro), Bielsa y Mourinho. Su estreno en el Arsenal fue espectacular y en media temporada despertó esperanzas y, más aún, ganó la Copa de Inglaterra. El club le dio un gran espaldarazo y en septiembre le ascendió de primer entrenador a mánager. Desde entonces, todo ha ido mal…

La crítica admite que la herencia recibida no era la mejor: una plantilla larga, descompensada, llena de veteranos y de capillitas. Pero también acusan a Arteta de haber cometido errores. Su entrada en el Arsenal pareció emular la de Guardiola en el Barça, cuando entró a saco en el vestuario en tiempos de Ronaldinho, Deco y Eto’o. Pero la mano dura de Arteta no ha dado los mimos resultados. Se deshizo de un jugador díscolo pero joven y prometedor, Guendouzi, que ahora está triunfando como cedido en el Hertha de Berlin. Y condenó al ostracismo a Mesut Özil, el jugador más famoso del equipo, el que más cobra y el que atesora más calidad en el centro del campo, precisamente lo que más falta le hace al Arsenal. Las razones del ostracismo de Özil no están claras. Arteta parece apuntar a la tendencia al dolce far niente del jugador, pero en el ambiente flotan las declaraciones del alemán de origen turco denunciando el tratamiento del Gobierno chino a los musulmanes de la etnia uigur.

La mano dura de Arteta con Özil y Guendouzi contrasta con la suavidad con la que ha aceptado que su fichaje más cuestionado, el veterano Willian (32 años), viajara a Dubai sin permiso del club en plena pandemia. O que mantenga en el equipo al complicado Xhaka, que se pelea con los propios en los entrenamientos y con los extraños en los terrenos de juego.

Arteta llegó con mucho crédito al Arsenal pero, con 14 puntos en 14 partidos, ha firmado el peor arranque desde 1974 y su alma en el Emirates empieza a parecer tan extraviada como la del Arsenal en Highbury.

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