TENIS | MASTERS 1000 DE ROMA

Djokovic luce garras rumbo a París

El serbio sella su quinto título en Roma, ante Schwartzman (7-5 y 6-3, en 1h 53m), y encara el asalto a Roland Garros con el récord de Masters 1000. Invicto, resume 2020 en 31 triunfos y una descalificación

Djokovic besa el trofeo de campeón en Roma, este lunes en el Foro Itálico.
Djokovic besa el trofeo de campeón en Roma, este lunes en el Foro Itálico.CLIVE BRUNSKILL / AFP

Durante media hora larga, el goteo que cae sobre Roma destiña el juego de Novak Djokovic, que busca el perdón y la redención, el paso de página y el reencuentro con el triunfo después del sonrojante capítulo en Nueva York. Aquel pelotazo ya es historia y el número uno se aplica en el Foro Itálico, donde ha vivido una semana difícil y áspera, excesivamente curvilínea para un superdotado que acostumbra a resolver las cosas por la vía recta. Es la final, llueve con ganas y Nole vuelve a sufrir, como en las tres jornadas anteriores. Se queja, no afina, no llega la inspiración. ¿Dónde está el duende? No entiende por qué no se detiene el juego y Diego Schwartzman va abriendo hueco y haciéndose cada vez más grande hasta que, bendita sea la hora, celebra el serbio, el agua se detiene y todo cambia: Djokovic ya es Djokovic.

El rey del circuito acaba imponiéndose (7-5 y 6-3, en 1h 53m), es de nuevo el César y vuelve a sacar pecho: es, otra vez, el tenista con más títulos del Masters 1000. Son 36, uno más que Rafael Nadal. El quinto en Roma. Excepto el estreno contra Salvatore Caruso, bien resuelto, el de Belgrado ha ido apagando fuegos durante toda la semana, de susto en susto y también de solución en solución, porque al final Djokovic tiene remedios para casi todo. Entró cabizbajo en el torneo y se fue inflado como un globo, porque el circuito avista Roland Garros (del 27 de septiembre al 11 de octubre) y se reanima en un momento clave. Hasta ahora, tan solo el infortunio, ese gesto a destiempo en la burbuja neoyorquina que le costó la descalificación contra Pablo Carreño en los cuartos, ha podido con él.

Coge inercia Nole y celebra exactamente cuando más lo necesitaba. Le había hecho sudar la gota gorda Krajinovic, también Koepfler e insistió Ruud, y arrancó como los ángeles Schwartzman hasta que los nubarrones pasaron de largo y el de Belgrado fue quitándole el polvo al revés y percutiendo más y más con esa derecha que recordó a la de los mejores tiempos, allá por 2015 y 2016. Sufrió Djokovic, pero en cuanto volteó ese 0-3 adverso activó el piloto automático y se le fue poniendo cara de campeón. Hasta entonces el que disponía y dictaba era Schwartzman, pero el argentino falló cuando no debía, puntualmente pero en los instantes más inoportunos, y el serbio acabó congraciándose consigo mismo.

Quién lo iba a decir, pero sufrió de lo lindo con el revés y estuvo desacertado en la dejada. Le duró la terrenalidad esa media hora larga y se marcianizó en cuanto el viento comenzó a soplar a su favor. Oficio en estado puro. Decantó la primera manga y controló la segunda con aplomo y sobriedad, ante un Schwartzman que se marchó con honores porque dos días antes tumbó a Nadal y no se arredró ante otro gigante. Fabuloso jugador, a la inversa en el robótico tenis moderno. Pero le faltó un último arrebato.

Por delante de Sampras

Djokovic le privó de dos bolas de break en el segundo set, con 2-2, y le noqueó definitivamente con la rotura para el 5-3; después le aplaudió y elevó los brazos con grandeza, porque tan importantes son los días buenos como saber sacar adelante los borrosos. No se recordará este último trofeo por los brillos, pero Nole sale a flote de las circunstancias más difíciles y sigue subrayándose. No es la arena su hábitat natural e intenta abreviar el camino en los peloteos, pero su clase le permite salir airoso de cualquier escena de riesgo.

“No he jugado mi mejor tenis esta semana, pero lo he encontrado cuando me ha hecho falta y eso me hace sentirme orgulloso”, resumió a pie de pista, en un perfecto italiano, delante de los mil aficionados romanos que pudieron presenciar la final en directo. Son ya 81 títulos como profesional, 31 victorias en los 32 partidos que ha disputado en este 2020; premios en Australia, Dubái, Cincinnati y Roma. Y vuela alto hacia París, donde aterrizará con 287 semanas a la espalda como número uno. Atrás queda Pete Sampras (286), se aleja ya la desgraciada noche de Nueva York y por delante se vislumbra el Bois de Boulogne, que en su versión otoñal prepara mil trampas. Él ya ha avisado.

Juegue bien o haya perdido luz, siempre está. Djokovic no perdona.

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