TOUR | 19ª ETAPA

Roglic tiene su Tour a menos de una hora

El danés Andersen gana la etapa previa a la contrarreloj de La Planche des Belles Filles, que el líder afronta con 57s sobre Pogacar

Primoz Roglic, este viernes con el 'maillot' amarillo en la 19ª etapa del Tour.
Primoz Roglic, este viernes con el 'maillot' amarillo en la 19ª etapa del Tour.STEPHANE MAHE / Reuters

Es la etapa del Jura, las colinas calcáreas y saladas con fósiles de caballitos de mar, los vinos en botellas de 720cc y los quesos del Morbier y también los del Comté de un diámetro mínimo de 75 centímetros. Y es imposible no recordar a los tristes dinosaurios españoles que hace un par de décadas brillaron en los pueblos de la región: Aitor González, extraordinario en la helada Pontarlier de julio de 2000; y el hábil Mercado que engañó a Txente en Lons le Saunier en 2004, dos campeones con una vida destrozada y tirada después de los éxitos deportivos, y la nostalgia retroactiva es cosa de viejos, los únicos que parecen saber que la alegría de la victoria dura un segundo.

Los ciclistas jóvenes, inmortales por definición, todopoderosos, como lo eran entonces Aitor y Mercado, solo viven el presente, y del futuro se ríen a toda velocidad, tan rápido aceleran Bennett, Sagan, Trentin, Van Avermaet, cazadores de sprints y de clásicas que se escapan del pelotón, adelantan a la vida, llegando a Champagnole, abrasadora en septiembre, a tres días del otoño que no llega. A todos les burla, alado, el danés Andersen, el mismo de Lyon en la cuesta de las eses, y Roglic, tranquilo en el pelotón, seguramente envidia su bici Cervélo, tan ligera y aerodinámica, y el año próximo la manejará él también y todas sus bananas del Jumbo, y le duele al esloveno, que seguramente este viernes ganará el Tour después de imponerse en la mitad contrarreloj-mitad cronoescalada de la Planche des Belles Filles, su bici negra, maltratada por un comisario insensible y suspicaz.

La Bianchi más ligera de Roglic, la que usa en las etapas de alta montaña, es negra y no azul Coppi de toda la vida porque al ahorrarse el esmalte brillante se ahorra 100 gramos y puede acercarse más al peso mínimo de 6.800 gramos para toda la bici, y Roglic odia el sobrepeso en todas sus corporeizaciones, como lo odiaba Ocaña, que agujereaba todas las piezas que podía de su bici, y la más ligera que tenía era del color metal del titanio que un amigo le conseguía de la factoría del Airbus en Toulouse, como todos los grandes ciclistas, Tras la llegada liberadora al col de La Loze, el miércoles, el comisario que controla las bicis en busca de motores, escaneó la negra de Roglic y después se empeñó en desmontar el eje pedalier.

El director del Jumbo, Merijn Zeeman, le exigió que lo hiciera un mecánico y el comisario pasó de él y lo hizo él mismo, no vio nada raro pero dañó varias piezas con sus torpes manejos. Zeeman, hasta el cuello de adrenalina y tensión, le insultó y le zarandeó, y los comisarios le pusieron una multa de 1.800 euros y le expulsaron del Tour, pero a Roglic le ha dado tiempo a reparar su bici negra para la ascensión de 5,9 kilómetros, los menos de 20 minutos que serán quizás los más importantes de la vida del ganador de la Vuelta de 2019. “Pero aún no he decidido si cambio o no”, advierte.

Entre Lure, la salida, y la meta, 745 metros más arriba, hay 30,3 kilómetros prácticamente llanos y 5,9 kilómetros de muro, que todos ya conocen por las varias llegadas en alto de la última década. “Será un esfuerzo de una hora o un poco más”, analiza Patxi Vila, técnico del Movistar; “unos 40 minutos en llano y 20 en subida, para la que los mejores dejarán la cabra y la cambiarán por una bici normal. Será menos tiempo la subida, pero será donde más diferencias se hagan”.

La diferencia entre rodar a 50 o 51 por hora es de un 2%; la de trepar a 19 o 20 por hora, de un 5%. Y La subida será dura, para desarrollos muy ligeros [Valverde calzará en su Canyon un 39/30]: se salvará un desnivel de 500 metros en 5,9 kilómetros, con 300 metros, los finales, a más del 20%; tres kilómetros a más del 10% y 2,6 kilómetros a más del 7%.

Roglic llega con una ventaja de 57s sobre su compatriota Pogacar, que parece más que suficiente dada la maestría del esloveno viejo en las pruebas contrarreloj, la especialidad en la que empezó a destacar en el ciclismo hace cuatro años, en Chianti, el Giro del 16, cuando, a los 26 el que de juvenil saltaba con esquís llegó a la primera división del ciclismo. Pogacar no es muy torpe, sin embargo, y todos recuerdan que hace nada le sacó 9s a Roglic en el campeonato esloveno, pero todos precisan también que aquel día, en un recorrido similar, Roglic afrontó la subida final con la cabra, sin cambiar de bici, como ensayando para el Tour, y por eso, por la derrota, se espera ver a Roglic ganar el Tour sobre una bici negra. “Y estoy tranquilo”, dice. “Hasta ahora todo ha ido bien”.

Por detrás de los dos primeros hay puestos bailando, que, para los que los defienden o los atacan, supondrán peleas igual de aguerridas, o más en una cascada de desafíos: Superman López, el ciclista tan gafe con los problemas mecánicos o las caídas, defenderá su tercer puesto, el hueco en el podio de los Campos Elíseos que casi siempre tiene un colombiano, con 1m 39s sobre Richie Porte, con lo que tiene un margen de tres segundos por kilómetro; Landa tiene a 22s solo el cuarto puesto del australiano coriáceo y Mas, a 51s el quinto de Landa y dispone de un colchón de 99s sobre el séptimo Yates.

Y en solo los 5,9 kilómetros de ascensión a la Planche, los únicos que se cronometran para decidir el premio de la montaña, un primera que da 10 puntos, Carapaz deberá defender su maillot de la montaña que depende de dos puntos sobre Pogacar y siete sobre Roglic. Si lo consiguiera, el debutante del Ineos sería el primer ecuatoriano que subiera al podio de los Campos Elíseos, o cualquier otro podio final del Tour, para recibir un premio.

Caruso quiere el décimo puesto de Valverde

Valverde se juega ser Poulidor, el único de 40 años que ha terminado entre los 10 primeros en la última historia del Tour, o ser Agostinho, el portugués que terminó undécimo cumplidos los 40. El margen entre uno y otro lugar en la historia y en las preguntas de los quiz es de solo 19 segundos. Detrás tiene al italiano Damiano Caruso, el ayudante gigantesco de Landa que da al décimo lugar, y a desplazar, precisamente a Valverde, un campeón, un valor excepcional. Caruso, de 31 años, un ciclista de aquellos a los que siempre se define como sólido, resistente, todoterreno, trabajador, y gregario de oro, sobre todo como mayordomo de Nibali, confiesa en la Gazzetta dello Sport que siempre se ha sentido infravalorado, y que un top ten no sería malo para mejorar la estima que despierta y, de paso, para despertar la memoria del seleccionador italiano con vistas al Mundial.

Clasificaciones del Tour.

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