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El primer derbi del silencio

Protagonistas del Betis-Sevilla a puerta cerrada de 2007 en Getafe desgranan los secretos de aquel duelo de 33 minutos y las comparaciones con la cita actual

Panorámica del Coliseum de Getafe durante el Betis-Sevilla disputado en marzo de 2007. / RICARDO GUTIÉRREZ
Panorámica del Coliseum de Getafe durante el Betis-Sevilla disputado en marzo de 2007. / RICARDO GUTIÉRREZ

“Fue triste y desangelado”, recuerda Juande Ramos, uno de los cinco entrenadores en la historia que han dirigido al Betis y al Sevilla. Los otros cuatro fueron Patrick O’Connell, Antonio Barrios, Fernando Daucik y Luis Cid Carriega. Como entrenador del Sevilla le tocó vivir uno de los derbis más especiales en la larga historia de rivalidad entre estos dos equipos, que este jueves afronta a puerta cerrada su capítulo oficial número 132 y que abrirá el fútbol español de Primera después de la crisis sanitaria.

Fueron los últimos 33 minutos del duelo de cuartos de Copa de 2007 que tuvieron que disputarse sin público en Getafe después de que la vuelta en el Villamarín se suspendiera al impactar una botella en la cabeza de Juande. Ninguno antes en la historia había tenido estas características tras una multitud de capítulos en Primera, Segunda, en Europa y en el recordado Trofeo Ciudad de Sevilla de los años setenta y ochenta. Trece años después, regresa el derbi a puerta cerrada.

“Fue un partido atípico y extraño”, recuerda Juande. “No se trataba de un encuentro entero, sino de uno de poco más de media hora. Uno corto, también algo bronco, un poco triste con ese estadio del Getafe vacío. Algo inconcebible en un derbi sevillano, que tiene un colorido espectacular. El ambiente de las aficiones define este partido, así que jugarlo a puerta cerrada fue bastante raro”, añade Juande.

Sin desearlo, el entrenador manchego fue el desencadenante de que se terminara a puerta cerrada. El 28 de febrero de 2007, una botella voló de la grada de Preferencia del Benito Villamarín para impactar en la cabeza de Juande en la vuelta de los cuartos de final de la Copa. Fue justo después de que Kanouté marcara el 0-1 en el minuto 67 tras el 0-0 de la ida. Juande cayó desplomado. El técnico salió en camilla del estadio y fue trasladado al hospital. Llegó a perder el conocimiento durante 15 segundos. El árbitro, Undiano Mallenco, decretó la suspensión en medio de un ambiente infernal. El Comité de Competición cerró tres partidos el Villamarín y ordenó que se jugaran los 33 minutos restantes a puerta cerrada y en campo neutral. El escenario fue el Coliseum de Getafe.

En las vacías instalaciones del estadio madrileño, aquel 20 de marzo de 2007, resonaron los comentarios del entonces entrenador del Betis, Luis Fernández, cada vez que Juande asomaba por su banda. También los gritos de los jugadores en el banquillo hacia sus rivales. No hubo tregua. En la grada, algunos directivos y unos pocos periodistas daban fe de un derbi especial y áspero. Betis y Sevilla, en medio de una tremenda pugna entre sus presidentes, Manuel Ruiz de Lopera y José María del Nido, llevaron la rivalidad a tintes extremos.

“Nosotros partíamos con una ventaja de 0-1 con el gol de Kanouté. No estábamos obligados a ganar el partido. Nos bastaba con mantener el resultado y eso le dije a mis jugadores. Las prisas, para el rival. Creo que eso nos dio tranquilidad”, recuerda Juande. El Sevilla mantuvo el 0-1 y acabó ganando esa Copa con otro tanto de Kanouté ante el Getafe en la final jugada en el Bernabéu.

“Aquello fue rarísimo. Estaban las camisetas del Betis y del Sevilla, pero faltaba mucha salsa para que fuera un derbi auténtico”, apunta Capi, jugador del Betis desde 2000 a 2010 y uno de los protagonistas del duelo en Getafe. “Lo curioso es que al principio echas de menos el público, pero al final te vas metiendo en el juego y acabas jugando tu partido. No tienes más remedio que adaptarte. Supongo que en el derbi del jueves pasará igual. Los jugadores notarán primero la ausencia de ambiente, pero luego se concentrarán en el partido”, añade el que fuera internacional con España en cuatro ocasiones.

“En 20 o 30 metros alrededor del balón se escuchaba todo. La ausencia de ruido ambiental cambia la perspectiva porque cualquier comentario se oye perfectamente. Es muy parecido a un entrenamiento”, recalca Juande. A su lado, de estrecho colaborador, se encontraba el delegado del Sevilla, Cristóbal Soria, quien se las tuvo con Luis Fernández en la banda. “Aquello fue otro fútbol, algo que no conocíamos y encima con mucha tensión tras una eliminatoria muy dura. A partir del jueves tendremos que adaptarnos como nosotros lo hicimos entonces. Esos 30 minutos de Getafe fueron distintos a todo”, afirma Soria.

“Hubo un aspecto clave en aquel derbi y es que fuimos muy bien preparados mentalmente. Creo que ese punto será fundamental en los 11 partidos que restan. Hay que preparar al futbolista para que mentalmente sepa que no va a recibir ese aliento de la grada”, añade el que fuera delegado de la primera plantilla del Sevilla desde 2000 hasta 2011. “Nosotros trabajamos mucho ese derbi tan especial con Luis Fernández. Sobre todo en la búsqueda del gol y también en olvidarnos del apoyo de nuestra gente. Era como un partido de 30 minutos en el que debíamos hacer dos goles, pero no pudimos”, cierra Capi sobre aquel derbi tan raro.


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