la crisis del coronavirus

El ciclismo busca su resurrección en otoño

La Unión Ciclista Internacional confirma el nuevo calendario: Tour en septiembre, Giro en octubre y Vuelta en noviembre

El pelotón, durante la 14ª etapa del Tour de 2019.
El pelotón, durante la 14ª etapa del Tour de 2019.Christophe Ena / AP

Las bicicletas son para el verano, dice el poeta que recuerda sus tardes de julio y Tour y paseo hasta el río entre mariposas volando, pero en 2020, el año que el coronavirus todo lo trastornó, las bicicletas buscan su salvación en el otoño, cuando sus dirigentes creen con cierto optimismo que la sociedad habrá podido recuperar sus hábitos anteriores a la pandemia. Ni el Giro podrá disputarse en mayo ni el Tour en julio ni la Vuelta en agosto, sus fechas habituales, así que la Unión Ciclista Internacional (UCI), antes que rendirse y aceptar que este año el ciclismo de competición es imposible, ha optado por retrasar varias semanas el calendario, concentrarlo entre septiembre y noviembre y rezar para que alguna carrera pueda disputarse.

Así, el Tour, la carrera alrededor de la que gira todo el ciclismo y de la que depende toda su economía, intentará disputarse entre el 29 de agosto y el 20 de septiembre (dos meses más tarde de lo habitual), el Giro pasará de mayo a octubre (3 a 25) y la Vuelta deberá disputarse a continuación. Su fecha, dijo su director, Javier Guillén, está aún por decidir y dependerá en gran medida de la disponibilidad de los anfitriones holandeses, que se comprometieron a acoger su salida en Breda el 14 de agosto. Una posibilidad, para no retrasar mucho la temporada y no entrar en fríos que podrían impedir la ascensión al Tourmalet u otras grandes montañas, sería la de hacer coincidir su comienzo con el último fin de semana del Giro, y disputarla del 23 de octubre al 15 de noviembre.

Los Mundiales se mantendrán el 27 de septiembre y los cinco monumentos (las cinco grandes clásicas: Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja y Lombardía) se colarán en diferentes domingos. Los próximos días, precisa la UCI, se buscarán también fechas para las pruebas de una semana aplazadas (Volta, País Vasco, Tirreno, Dauphiné...).

Arrancar en agosto

Para la mayoría de los ciclistas, confinados en sus casas desde hace más de un mes, condenados a hacer rodillo para hacer algo sin un objetivo claro, la noticia ha supuesto la esperanza de que la pandemia puede superarse y una motivación, una fecha en la que pensar. “Es la luz al final del túnel”, dijo el francés Julian Alaphilippe, el corredor más popular del Tour pasado. Al británico Chris Froome, que no corre desde que se rompió varios huesos en junio pasado, el retraso del Tour, explicó, no solo le da más tiempo para recuperarse plenamente, sino que, además, la compactación del calendario le permitirá correr una segunda grande. “Mi objetivo prioritario es el Tour, pero también haré una segunda vuelta de tres semanas”, afirmó el ciclista que comparte el liderato del Ineos con el colombiano Egan Bernal, el último ganador del Tour.

Fisiológicamente tiene más lógica ligar Tour, Mundial y, tres semanas más tarde, Vuelta, que Tour, Mundial y, una semana después, Giro. Este sería el plan de Alejandro Valverde, Enric Mas y Marc Soler, los líderes del Movistar, y, quizás, el de Mikel Landa, líder del Bahréin.

Todo el calendario, que prevé un inicio el 1 de agosto con pruebas de preparación siempre que los ciclistas hayan podido entrenar en carretera al menos seis semanas antes, es posibilista, de todas maneras: todo el deporte de competición dependerá de que sean compatibles con las medidas de desescalada y distanciamiento social que fijen los diferentes Gobiernos en su lucha contra el coronavirus.


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