Dejen en paz a Ronaldinho

Como ocurre con tantos futbolistas brasileños, para él la vida siempre fue una fiesta, y el fútbol, juego que exagera la vida, una fiesta al cuadrado

Ronaldinho se pasó algunas semanas en la cárcel, situación que nos permitía dormir mucho más tranquilos por su evidente peligrosidad social. Si el nivel de delincuencia media fuera el de Ronaldinho, el mundo entero debería ser una cárcel. Una cosa es ser “tonto”, como lo definió su abogado, y otra delincuente. En el único lugar que Ronaldinho se comportó como un subversivo fue dentro de una cancha. Así como hay jugadores monótonos que juegan una y otra...

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