Díaz Miguel y los principios del juego

¿Qué es mejor, ser décimos en los Juegos Olímpicos, y que dos de los nuestros anoten más que nadie, o quedar medalla de plata y que el equipo sea la estrella?

Díaz Miguel, al frente de la selección española en 1983
Díaz Miguel, al frente de la selección española en 1983EFE

La final de la Copa de la Reina disputada ayer contó por primera vez con la presencia de un miembro de la Casa Real en la entrega de trofeos, un nuevo hito para nuestro deporte. Y hace unas fechas, los premios Laureus (los llamados Oscar del deporte) premiaron a nuestra Federación. El Logro Excepcional fue el galardón otorgado en reconocimiento a 20 años de éxitos deportivos y que premia igualmente “la labor social del baloncesto español a la hora de poder aportar sus valores a la sociedad”. José Vicente Hernández, Sergio Scariolo, Marta Fernández, Amaya Valdemoro y Carlos Jiménez eran el perfecto quinteto de representantes de un deporte en el que somos una referencia mundial en ambas categorías.

Pero a toda Gran Familia le corresponden varios padres. Acaba de nacer el proyecto de Salón de la Fama del baloncesto español. 17 figuras emblemáticas de nuestra historia serán las primeras en integrarlo. Precisamente, una de ellas, Antonio Díaz Miguel (Alcázar de San Juan 1934-Madrid 2000), nos dejó hace 20 años. Entre 1965 y 1992 fue el entrenador que estuvo al frente de nuestros chicos del equipo nacional (como a él le gustaba llamarlo). Además, sus últimos años de profesión los pasó liderando el proyecto del Pool Getafe, en el baloncesto femenino, con la propia Amaya y con Blanca Ares (pareja de Sergio Scariolo y padres ambos de Alessandro, campeón de Europa sub-17 el pasado verano) como referentes. Aquí pueden contrastar las ideas de un entrenador de entonces con el baloncesto de hoy.

“En baloncesto hay principios fundamentales que nos darán más opciones para quedarnos con el triunfo. Se los voy a explicar como yo los siento. La altura solo vale si va acompañada de otros detalles. Les pondré un ejemplo; si yo pudiera poner a nuestros bases en 2,00 metros de estatura, sólo lo haría si me garantizan sus condiciones actuales. En el baloncesto de hoy en día, la talla, sin una mínima calidad no sirve para nada”.

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“Después es clave el movimiento de pies. Cuando un entrenador quiera enseñar a unos niños a jugar al baloncesto, lo primero que debería hacer es enfocarse ahí. Una de las preguntas más generalizadas que me han hecho tradicionalmente es en qué se diferencia el baloncesto americano del nuestro, y mi respuesta siempre es la misma; en la velocidad de ejecución de los fundamentos”.

“Hablemos ahora de la defensa. Mi equipo roba muchos más balones de los llamados robos de conjunto que de los llamados robo uno por uno. Quitar el balón de las manos de un atacante está reservado a jugadores muy hábiles. Hay que enseñar al jugador a defender siempre en equipo. Pero si un jugador está defendiendo duro, y el balón no pasa por sus manos en ataque, bajará seguro su rendimiento. Esto me lleva a otro punto central; la ejecución del ataque. Y aquí no solamente tiene gran importancia la técnica, o la mecánica de tiro, sino también la sangre fría y el control en los momentos clave. Otro ejemplo: cualquier jugador o jugadora de nuestra selección española no debería bajar nunca de un 70% en su estadística de tiros libres”.

Me quedan dos ideas más. Como decía mi amigo Pete Carrill, “dadme un reloj que acorte la posesión y ganaré a Yugoslavia”. España tiene que jugar rápido al baloncesto. El basket-control es algo que no podemos permitirnos. Y terminaré con una pregunta. ¿Qué es mejor, ser décimos en los Juegos Olímpicos, y que dos de los nuestros anoten más que nadie, o quedar medalla de plata y que el equipo sea la estrella?

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