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El Liverpool no tiene rival

Tras coronarse en el Mundial de Clubes, el equipo de Klopp machaca al Leicester, segundo en la tabla, y gobierna la Premier con 13 puntos de ventaja

Firmino, en el momento del primer gol al Leicester.
Firmino, en el momento del primer gol al Leicester. AFP

Ni el Manchester United, que desde hace demasiado tiempo busca su identidad, ahora con Solskjaer en el banquillo. Ni el Tottenham, que se deshizo tras años de lo más competitivo para poder reconfigurarlo Mourinho. Ni el Arsenal, perdido en el ecuador de la tabla y ahora fiado a Arteta. Ni el Chelsea, tan fogoso como irregular con Lampard. Ni siquiera el Manchester City de Guardiola, que ha tropezado más de la cuenta para desbravar la Premier. Y ni el Leicester, que en el duelo que cerraba el Boxing Day cayó sin decir ni pío frente a un Liverpool que ya no tiene rival, pues conquistó la Champions pasada, también el Mundial de Clubes –en la prórroga frente al Flamengo- y es el líder incontestable de la liga inglesa con 13 puntos de ventaja y un partido menos, consecuencia de 17 triunfos en 18 encuentros (solo empató en Old Trafford). Alexander-Arnold lo provocó y Firmino lo hizo posible en el King Power Stadium, en un partido que enfrentó al líder con el segundo, pero un segundo que está a años luz del equipo de Klopp.

Leicester

4-1-4-1

Brendan Rodgers

1

Schmeichel

4

Caglar Soyuncu

3

Ben Chilwell

21

Ricardo Pereira

6

Evans

15

Cambio Sale Albrighton

Barnes

10

Cambio Sale Hamza Choudhury Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

James Maddison

26

Cambio Sale Ayoze Pérez

Praet

8

Tielemans

25

Onyinye Ndidi

9

Vardy

1

Alisson

66

1 goles Gol

Trent Alexander-Arnold

12

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Joe Gomez

26

A. Robertson

4

Virgil Van Dijk

5

Wijnaldum

14

Cambio Sale Lallana

Henderson

8

Cambio Sale Milner

Naby Keita

10

Mane

11

Cambio Sale Divock Origi

Salah

9

2 goles Gol Gol

Roberto Firmino

Liverpool

4-3-3

Jürgen Klopp

Hubo un detalle al inicio del choque que expresó el estado de ánimo de los equipos, nervioso el Leicester porque se jugaba su candidatura a la Premier; confiado el Liverpool porque está de dulce y porque se ha ganado tener un mal partido [que no fue el caso] de una vez por todas, por más que transmita la sensación de que nada le puede salir mal. Así, mientras los defensas foxes se echaban en cara los malos pases en la salida de la raíz, los reds respondían a las pifias con una ristra de dientes. Salah aplaudió a su compañero tras un mal control, resuelto con una sonrisa; y Mané dejó escapar una risotada tras un error grotesco en la definición, pues atacó un centro lateral ante Schmeichel y lo malbarató al rematar con la espinillera antes que con el pie. Nada que rebajara las pulsaciones del Liverpool, que se hizo con el balón y el control del partido, también con el campo rival porque su presión avanzada fue una fuente de riqueza.

Pretendió el Leicester rasear el cuero desde la zaga, construir fútbol desde atrás. Pero le costó horrores conectar con los medios y sobre todo enlazar con Vardy, delantero que por primera vez desde la jornada 8 no fue capaz de ver puerta o asistir, todavía pichichi de la Premier con 17 dianas. Ni siquiera chutó a puerta, negado como el resto de su equipo, superado por un Liverpool que si bien acusó por momentos el cansancio por las estrecheces de su calendario –llegaba del Mundial de Clubes-, en otros se desplegó a lo grande, en combustión y sin receta posible para rebajarlo. Lo probó Alexander-Arnold con un disparo lejano, lo intentó Mané con un chut de media distancia que no cogió puerta, se presentó Firmino con un remate defectuoso y quiso participar de la erupción Henderson con otro golpeo que Schmeichel repelió con apuros. Hasta que regresó Firmino e hizo diana, excelente al atacar un centro lateral de Alexander-Arnold con una ejecución picada y ajustada al palo, lejos de las manoplas de Schmeichel. En el área opuesta estaba Alisson, aunque eso solo se presupone.

No podía dar réplica el Leicester a la propuesta del Liverpool, al acoso avanzado y a unas contras terroríficas que no parecían tener fin, al punto de que en una ocasión centro Alexander-Arnold y por poco no la completa, en el área chica, el otro lateral: Robertson. Todo un monólogo que se expresaba con la falta de remates de los foxes entre los tres palos –ninguno al final del primer acto; ninguno en el segundo- y que se agigantaba con el paso de los minutos, solo contenida por Schmeichel bajo el larguero (como esa soberbia estirada al chut de Mané o esa otra tras un cabezazo de Firmino) o por la mala muerte, pues un remate de Firmino con los tacos se cruzó en exceso cuando en el King Power Stadium ya se tiraban las manos a la cara como si no quisieran ver más del espectáculo… O de la impotencia de sus jugadores, segundos en la Premier pero muy lejos de los primeros en cuanto a ritmo, a juego y a puntos.

Por lo que tampoco extrañó que llegara el segundo tanto, tras una mano infantil y absurda de Söyüncü en el área que Milner convirtió en gol desde los 11 metros, justo en la primera pelota que tocaba al entrar en el césped. Y, con el Leicester ya con los brazos caídos, Firmino se animó a dejar la imagen para la hemeroteca, de nuevo tras un centro de Alexander-Arnold; control con el exterior dentro del área, pausa para levantar la cabeza ante tres rivales y el portero, y golpeo con el interior y suavidad para enviar el balón lejos de Schmeichel. Fiesta de la que también quiso participar Alexander-Arnold al finalizar una contra con un disparo raso y cruzado desde fuera del área que acabó en gol. Otro golpe de autoridad y media Premier para el Liverpool, para el equipo que en media temporada parece no tener rival.

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