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El Mallorca evita la zona roja con el primer punto que suma lejos de la isla

Un gol de Budimir en los instantes finales de partido castiga al Celta cuando enfocaba la salida de los puestos de descenso ante un rival que jugaba con un hombre menos

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Salva Sevilla, en el centro, celebra con Budimir y Dani Rodríguez el primer gol del Mallorca en Balaídos. EFE

El Mallorca se llevó un tesoro de Balaídos (2-2), el primer punto que obtiene fuera de su feudo en lo que va de campeonato le permite seguir fuera de puestos de descenso. Al octavo intento sumó el cuadro insular, en un partido áspero, pleno de fricciones, encontronazos e interrupciones, un duelo invernal que hizo justicia al contexto en el que se cruzó con el Celta, que se quedó a diez minutos de abandonar la zona roja y acabó castigado tras su enésima concesión defensiva, dolorosa porque fue en una confrontación ante un rival directo que además, a esas alturas, jugaba en inferioridad numérica por expulsión del central Raíllo.

Celta
CEL
2
-
2
MLL
Mallorca
Celta
Rubén Blanco, Olaza, Kevin Vázquez (Juan Hernández, min. 89), Néstor Araújo, Joseph Aidoo, Okay Yokuslu, Lobotka, Rafinha, Brais (Santi Mina, min. 65), Pione Sisto y Aspas.
Mallorca
Manolo Reina, Fran Gámez, Raíllo, Martin Valjent, Lumor, Dani, Salva Sevilla (Lago Junior, min. 61), Iddrisu Baba, Takefusa Kubo (Chavarría, min. 76), Ante Budimir y Aleix Febas (Cucho Hernández, min. 45).
Goles
1-0 min. 19: Rafinha . 1-1 min. 32: Salva Sevilla (p). 2-1 min. 49: Aspas (p). 2-2 min. 82: Ante Budimir .
Árbitro
Ricardo de Burgos Bengoetxea
Néstor Araújo (min. 56), Joseph Aidoo (min. 31), Manolo Reina (min. 78), Raíllo (min. 64), Ante Budimir (min. 47), Cucho Hernández (min. 70) y Santi Mina (min. 73).
Raíllo (min. 77).
Estadio:Balaídos

Cuando dos equipos se aplican por escapar de la quema es sencillo identificar sus problemas. Los exponen sin cesar. El Mallorca es ambicioso en su planteamiento inicial, no recula, pero le falta talento para controlar los partidos. Los lleva a un trajín que en Segunda le premiaba, pero en la máxima categoría le castiga. El Celta no deja de estar dolorido sin balón. Con la llegada de Óscar García Junyent se ha ajustado en ataque, circula mejor la pelota porque parte de la paciencia para hacerlo, pero todo aquello que le penaliza le empieza a generar una cierta ansiedad. El equipo quiere ganar, sobre todo en casa, donde hasta esta jornada acumulaba tres citas sin vencer. Pero se condena. En esta ocasión pudo redimirse al final, en un epílogo frenético en el que Aspas y Mina pudieron marcar el tanto de la victoria. La fortuna nunca fue compañera para los desdichados y el Celta empieza a sentir que todo lo que puede salir mal resulta peor.

El partido avanzó a golpe de videoarbitraje. Y con pinceladas de Rafinha, que en cuanto a fútbol estuvo muy por encima de todos. Marcó de cabeza como si fuese Santillana, con jerarquía en el área y marcando los tiempos para mejorar un buen centro de Olaza, puñal celeste durante la primera hora, tiempo en el que el Celta atacó bien porque supo mover a su rival. Pero el Mallorca regresó al partido con una imprudencia de Aidoo, que para defender un saque de banda armó una ensalada con Budimir. El exuberante central ghanés defendió una acción inocua como un elefante en una cacharrería, le pisó un pie al delantero, el empujó y lo dejó zapateado en el piso. El VAR, que ya había estado activo en esa primera media hora de partido, alertó al árbitro y Salva Sevilla empató el partido desde los once metros.

El Celta quiso reponerse a la temeridad de su defensor, pero ya había perdido el hilo del partido, que empezó a trampear entre parones y virar a desagradable. El Mallorca atinó a cerrar el espacio por el que penetraba Olaza y desactivo a Pione Sisto, que cada vez que se asociaba con Rafinha atisbaba algo diferente a la molicie generalizada. En torno a Aspas había mucho tráfico defensivo, pero todo se volvió a abrir cuando nada más regresar de la caseta Cucho Hernández atropelló a Olaza, avispado para forzar la infracción, en el área. Aspas tampoco perdonó y el Celta enfocó la victoria, el bálsamo de salir del descenso después de seis semanas de condena.

Todas las decisiones del banquillo mallorquinista enviaron al equipo al ataque. Asumió riesgos Vicente Moreno, entendió la importancia de evitar la derrota en un partido que podía ser fronterizo, enviar al Celta hacia el sosiego y al Mallorca a la zozobra. Rascó el empate con Lago Junior, reservado de inicio por problemas musculares, ya en el campo, con muchos espacio concedido para que el extremo marfileño sacase un centro al área que no se defendió bien, peleó Hernández y acabó en los pies de Budimir para sellar el empate. Antes había tenido la sentencia el Celta, un remate de Sisto que sacó bajo palos la defensa visitante cuando ya los riesgos les importaban poco. Pudo parecer también atado todo para los vigueses con la expulsión del durísimo Raíllo, que se fue expulsado a un cuarto de hora del final tras afeitar con los tacos de sus botas a medio Celta. Y pudo ganar al fin equipo local en la doble ocasión de la última jugada del partido. Pero el Mallorca apostó y obtuvo premio, un punto de 24 disputados lejos de la isla puede parecer una limosna. Pero ese punto es, a día de hoy, un valioso botín.

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