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La avalancha inglesa

El estilo de transiciones rápidas de Klopp y Guardiola cuestiona el modelo con el que España dominó el fútbol

Sadio Mané marca su tercer gol al Genk en la Champions.
Sadio Mané marca su tercer gol al Genk en la Champions. Getty Images

“Nuestra identidad es la intensidad”. Pep Lijnders, el asistente holandés de Jürgen Klopp, dio el pistoletazo de salida en la conferencia de prensa previa del trepidante Liverpool-Arsenal de la semana pasada perteneciente a la Carabao Cup (Copa de la Liga) que terminó 5-5 y tuvo que ser resuelto en la tanda de penaltis (5-4 para los reds). El duelo fue una ida y vuelta constante, con dos equipos lanzados sin tregua a las transiciones vertiginosas, al golpeo en las áreas, sin apenas trámites ni baile de circulaciones en el medio del campo. Fútbol a todo gas que en la pasada edición de la Liga de Campeones deparó a dos finalistas ingleses, Liverpool y Tottenham, un tercer semifinalista, el Manchester City de Pep Guardiola, y una final de la Liga Europa entre el Chelsea y el Arsenal.
Ese juego de ida y vuelta siempre estuvo enraizado en el fútbol inglés desde los balones largos, los centros al área desde los costados y una mayor permisividad en el juego de contacto; pero en los últimos años, tras el aterrizaje de Klopp, Guardiola y Mauricio Pochettino, principalmente, ha dotado de una sofisticación a las transiciones defensa-ataque que ha abierto el debate sobre si la evolución del juego corre en esa dirección. Si el estilo de toque y más pausado con el que el fútbol español se erigió en el gran dominador ya no es tan efectivo frente a esa manera de jugar que propicia un meteórico e incesante intercambio de golpes. Un paradigma que también se empezó a estilar en equipos de la Bundesliga con el Dortmund del propio Klopp, y que han seguido el Bayer Leverkusen, el Hoffenheim, el Leipzig y el Eintracht de Frankfurt, que el sábado arrolló al Bayern Múnich (5-1). Un estilo que el Barcelona de Valverde padeció el curso pasado en Anfield (4-0).

“Klopp transmite su idea en cada entrenamiento. Su mensaje es mentalidad, corazón y piernas para poder desarrollar ese juego en el que no hay tregua. A los propios porteros nos pide que no paremos nunca el juego, que en cuanto tengamos el balón lo demos lo más rápido posible y en las mejores condiciones al compañero que esté desmarcado”, explica el meta dice Adrián San Miguel, que desde este verano está a las órdenes del técnico alemán.
En dos recientes entrevistas a este periódico, Rodrigo Hernández y el entrenador francés Claude Puel insinuaron el cambio de modelo. “Al fútbol ya no se juega como hace ocho años. A mí Guardiola me dijo que me olvidara de cómo jugaba su Barcelona, que los interiores, Silva, Bernardo Silva o De Bruyne, iban a jugar a 20 metros de mí y que yo tenía que conducir más el balón”, admitió el mediocentro del City. “Todos los que se imponen son equipos técnicamente de calidad, pero entre los equipos técnicos ganan aquellos capaces de hacer una presión constante, de repetir las carreras, de jugar rápido, de hacer transiciones a toda velocidad. Esto no significa que necesites atletas o gente alta. Lo que ha cambiado es el modo de entrenar. Con más intensidad, más velocidad, más enfocado en las transiciones y en la defensa en campo rival”, analizaba Puel.
Los entrenamientos de Guardiola están en gran parte dirigidos a la iniciación del juego, por dónde y con qué jugador va a salir el equipo con la pelota jugada dependiendo del rival. Sus mayores irritaciones en el trabajo diario se producen cuando el ritmo de pelota es más bajo de lo que pretende. “En Inglaterra la dinámica es muy distinta a la de España. Un partido puede estar empatado a cero en el minuto 60 y de repente las transiciones se vuelven locas, con una ida y vuelta tremenda. Yo lo viví en un Arsenal-Bournemouth. En el minuto 70 perdíamos 3-0 y acabamos empatando con un gol mío. En España eso es difícil que pase porque tácticamente los equipos se trabajan más y el juego es más pausado”, relata Lucas Pérez, hoy en el Alavés, y que pasó por el conjunto londinense.
“Cuando los equipos españoles juegan contra ingleses o alemanes, se encuentran con que no tienen tanto hábito de enfrentar esa agresividad en la presión alta. Los rivales de LaLiga que les plantean peligro a través de transiciones lo hacen estando replegados, con el equipo muy junto y atrás, sin ser activos sobre balón, mientras que en la Champions hemos visto partidos en los que por ejemplo el Barça sufre cuando le presionan tan alto sobre balón y minimizan el tiempo para que sus jugadores piensen. Hace poco el modelo de fútbol posicional del Barcelona era el referente. Hoy vemos equipos más verticales”, relata Pako Ayestarán, conocedor de la evolución que ha vivido el fútbol inglés a través de los años en los que trabajó junto a Rafa Benítez en el Liverpool. La Francia campeona del mundo en 2018 también fue una selección de centrocampistas físicos y transiciones verticales lideradas por Griezmann y Mbappé.

Crear espacios


“Todo lo que gana se imita, aunque las copias suelen ser malas. El Liverpool tiene una idea y juega bien. Tiene jugadores que son muy rápidos arriba, y volantes que no son de mucho talento, pero que atacan y defienden. Es jodido aguantarlos a ese ritmo”, analiza el exentrenador Ángel Cappa. Que también apunta una reflexión discrepante y purista: “El fútbol no es rápido, ni lento, ni directo, ni vertical, ni horizontal, es lo que exige cada jugada, es una mezcla de todo. Si un equipo te está esperando atrás, no puedes ser directo, ni tan rápido. No se trata de una cuestión de modas, cada vez se entiende menos lo que es el juego, por eso sorprende y se lo toman como si fuera un extraterrestre cuando Xavi Hernández habla de generar superioridades o de crear espacios a través del toque. Cada vez hay más entrenadores que dicen que lo único importante es ganar. Una vez, hablando con Cruyff, le pregunté: ¿Por qué no se responde qué es jugar bien? ‘Porque hay que saber de fútbol, lo demás es fácil, combatir, luchar…’, me contestó. El Barcelona de Guardiola para mí es el último equipo que enseño cómo jugar bien, pero todo depende de los jugadores que tengas, de si tienes a Pogba o a Busquets”.
En el debate sobre ese cambio de modelo, algunos analistas también anuncian lo que denominan “el fin de los ruleteros”. Jugadores como Isco o Ceballos que juegan bonito, pero ralentizan las transiciones. “Para jugar en el Liverpool hay que ser muy rápido, como Van Dijk”, prosigue Ayestarán. “También para los delanteros lentos es un juego que les pone en cuestión, pero en el centro del campo no me parece una amenaza tan grande, porque hay futbolistas que podemos llamar lentos a nivel motriz o gestual, pero que son muy rápidos en la toma de decisiones y lo suplen con eso. Sucede con Busquets, algo que destacó Mendilibar tras enfrentarse a ellos. El Eibar es un equipo más que agresivo, y resulta que los dos primeros balones que tocó Busquets logró romper líneas y eso generó cierto miedo a apretarle”, añade el extécnico del Liverpool. “Isco y Ceballos son muy buenos jugadores, pero si a Iniesta y a Xavi les costó imponerse y eran supercracks,a estos que no los son tanto les cuesta más. Lo que necesitan es confianza”, concluye Cappa.

 

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