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Un equipo muy especial

José Manuel Calderón, campeón del mundo en 2006 y 193 veces internacional, analiza el título conquistado por la selección en Pekín

Rudy y sus compañeros celebran el título Mundial.
Rudy y sus compañeros celebran el título Mundial. AFP

Otra vez campeones del mundo. ¡Quién lo iba a imaginar! No porque fuera imposible, o porque yo pudiera pensar ‘uff, esto nunca va a pasar’, sino porque ganar un Mundial es muy difícil, histórico. Para conseguirlo se tiene que trabajar muchísimo y deben suceder muchas cosas: que te respeten las lesiones, tener la suerte que un día siempre se necesita… miles de cosas. Pero se trabaja bien y existe una continuidad en esta selección. Cada jugador que se incorpora se adapta de manera sencilla y parece que lleve ahí toda la vida. Nuestra generación ha sabido transmitir que cuando llegas a la selección debes asumir el papel que se te asigna. No te vas a ganar el respeto anotando 20 puntos y repartiendo 10 asistencias, sino dándolo todo para cumplir con el papel que te asigne Sergio Scariolo. Es otra clave: todos hemos confiado en la manera en que ha estructurado los equipos y ha gestionado los campeonatos.

Me comentan que Ricky ha madurado, que ha jugado mucho mejor, que anota más. Y realmente sí... pero no. Lo que ha pasado es que se ha adaptado a lo que el equipo necesitaba. Y este año necesitaba a un Ricky más anotador, más agresivo. No quiere decir que en otros campeonatos jugara peor. Lo que pasa es que las necesidades eran otras. Esta vez, en ausencia de jugadores con más responsabilidad en ataque, como Pau y Juan Carlos, se ha requerido que cambiara su juego. Y lo ha hecho. Y Marc, más de lo mismo. Ha habido días en los que se ha necesitado que metiera 33 y otros en que ha metido dos. Tienen esa capacidad para jugar en equipo. Esa es la clave. Y los demás han aceptado el rol. Hubo partidos en que se necesitó que Claver estuviera muy bien, otros en que Oriola, Juancho, Willy o Llull aparecieran en momentos muy importantes, y aparecieron. O Rudy. Todos han tenido su partido, su momento y han jugado a un gran nivel. Eso hace que el equipo sea muy especial.

Otra vez hemos ido de menos a más. Cuesta jugar contra equipos de menos nivel. No tienen nada que perder y te juegan de otra forma, sin complejos. Pero de qué te vale ganar los primeros partidos por 60 si pierdes en octavos. Me quedo con dos momentos. El partido contra Serbia supuso un cambio que nadie esperaba. Frente a un rival al que se daba como favorito, se dio un golpe en la mesa: ‘Llega lo importante y aquí estamos’. Y me quedo con la dureza mental que se demostró en el partido contra Australia en el que fuimos por detrás durante mucho tiempo, remontamos y supimos ganar tras dos prórrogas. Para eso, hay que saber estar y no venirse abajo.

La mentalidad ganadora empezó casi sin darnos cuenta, con los Júniors de Oro en 1998 y 1999. Es muy sano plantearte el reto máximo. Decir: ‘Esto mola. Vamos a ganar, vamos a hacerlo bien otra vez, sin saltarse pasos’. La mentalidad y la ambición fueron siempre máximas. Ya no era: ‘Vale, nos conformamos con la plata’. En 2006, cuando ganamos el Mundial, vimos que se puede. El título, ahora, demuestra que somos buenos, más allá de los Júniors de Oro. Yo lo viví. Me alegro de que ahora otros vivan una experiencia tan chula.

 

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