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El Celta brilla ante un Valencia despistado

Un gran gol del Toro Hernández sirve para derrotar al equipo de Marcelino

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Araujo pugna con Maxi Gómez. AFP

Acostumbrado a navegar entre una marejada que le confiere un carácter más atlántico que mediterráneo, el Valencia ha empezado el campeonato con alguna vía de agua más de las aconsejables. En Balaídos no naufragó, pero emitió señales preocupantes. Un punto de seis posibles lleva el equipo que dirige Marcelino, donde tantos debates casi convierten los partidos del fin de semana en una anécdota, un receso para que de nuevo regresen las disquisiciones. El Celta le ganó bien, con más brillo del que mostró el marcador final, con un gol de bandera eso sí y una noticia alentadora para los gallegos, que no ofrecieron concesiones en defensa, uno de sus objetivos para esta campaña.

El gol tuvo una factura impecable de principio. Desde la salida de balón tramitada por el flanco derecho entre Beltrán, Brais Méndez y Kevin, la progresión por la banda del lateral la mejoró Iago Aspas, que prendió la luz en la mediapunta para darle ventaja a Denis Suárez, que había progresado por el costado opuesto para centrar la pelota al corazón del área. La rúbrica aún fue mejor: un taconazo de Toro Fernández, un delantero que no había dejado buenas sensaciones en el estreno contra el Real Madrid. Tampoco se esperaban sutilezas, a la vista de su apodo. Error porque trazó una belleza con el tacón.

Celta
CEL
1
-
0
VAL
Valencia
Celta
Rubén Blanco, Kevin Vázquez, Néstor Araújo, Joseph Aidoo, Olaza, Fran Beltrán, Denis Suárez, Lobotka, Brais (Pape Cheikh, min. 77), Aspas (Hugo Mallo, min. 89) y Gabriel Fernandez (Santi Mina, min. 73).
Valencia
Cillessen, Gayá, Gabriel Paulista (Mouctar Diakhaby, min. 60), Garay, Cristiano Piccini (Ferrán Torres, min. 66), Parejo, Kondogbia, Wass, Gonçalo Guedes, Maxi Gómez (Rodrigo, min. 60) y Gameiro.
Goles
1-0 min. 14: Gabriel Fernandez .
Árbitro
Alejandro José Hernández Hernández
Olaza (min. 47), Gayá (min. 61) y Parejo (min. 90).

El Valencia no espabiló. Había empezado al trantrán en un partido de ritmo bajo, que en la primera media hora sólo aceleró el Celta, un duelo que se trabó entre continuas interrupciones, choques, golpes o amagos de lesión. Los locales se acomodaron con balón, pero también sin disfrutarlo, vivos como estaban para dañar al rival en las transiciones.

El cuadro che transitó durante largos intervalos del partido con un cierto aroma a equipo pequeño, sobre todo si se considera su pedigrí de integrante de la Liga de Campeones. No fue así en el final de la primera parte. Entonces encontró su lugar el Valencia, con las líneas adelantadas y codicioso para propiciar el error del Celta en zonas sensibles. Wass avisó al ejercer de llegador, pero Rubén Blanco le frustró con un prodigioso despeje que acabó de repeler el larguero.

Pero el Valencia estaba superado, apenas dejó de estarlo cuando el final le obligó a la épica. Sufría cuando el talento celeste juntaba pases, con los enganches de Aspas, Brais Méndez o Denis Suárez, que parten de un punto desde la pizarra, pero disfrutan de libertad para recorrerla. Y defendía el Celta, con balón y sin él, detalle nada menor en un equipo que anhela ser robusto. Consciente de la incapacidad de su equipo para gobernar el partido, Marcelino maniobró sin demoras. Con media hora por jugar ya había agotado los tres cambios para barnizar el equipo con futbolistas de ataque. Entró Rodrigo para hacer en el Valencia el trabajo que hacía Aspas en el Celta. Para transgredir, en definitiva. No lo logró.

Toro Fernández había podido dejar al Celta cerca del triunfo con un remate en el que sí hizo honor a su mote y empleó la contundencia cuando volvía a ser aconsejable la levedad. Así que el partido se abocó a un cara o cruz de piernas cargadas entre sudores estivales. Apuntó el Valencia con bastantes hombres por delante de la pelota, destapado, a merced casi siempre del Celta, que pudo sentenciar antes de tiempo si Cillesen no responde en dos ocasiones como un grande ante Denis Suárez, la primera al desviar un remate envenenado, la segunda al repeler un lanzamiento de penalti sobre la bocina. Se reafirmó el Celta, bien sostenido por Rubén Blanco, un portero que si logra la continuidad que no ha tenido hasta ahora por múltiples percances promete ser la primera piedra para edificar la solidez que persigue su entrenador.

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