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El Barça juega y el Chelsea gana

El equipo azulgrana, con los estrenos de Griezmann y De Jong, domina el esférico y el duelo pero cae (1-2) por una pifia en la salida del balón y por la falta de físico ante un rival más rodado

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Griezmann y David Luiz pugnan por el esférico. AP

El acentuado choque de estilos se lo llevó el Chelsea, que impuso su físico y su velocidad frente al fútbol de toque y posición del Barcelona, atildado en su propuesta pero poco rodado y tan lento con el balón en los pies como sin él. Fue, en cualquier caso, una toma de contacto para descubrir a las nuevas incorporaciones como Griezmann y De Jong, además de una excelente puesta a punto para el equipo de Valverde, exigido de lo lindo en su primer duelo de pretemporada por el físico rival y por la velocidad de ejecución en sus contras como expresaron en el segundo tanto, el definitivo. Así, conforme a esas diferencias de tono y ritmo, el Barça jugó con el balón y el Chelsea con el resultado, ganador del primer duelo de la Rakuten Cup.

Aunque no varió el sempiterno 4-3-3 de Can Barça, Valverde sí que dio pistas de cómo quiere retocar al equipo, obligado como está a no ser un técnico predecible como en el curso anterior, cuando siempre se manejaba entre dos jugadores para cada posición (Dembélé o Coutinho; Arthur o Vidal; Semedo o Sergi Roberto…) y cuando desde el área deportiva entienden que si en algo destaca su plantilla es por la polivalencia y riqueza de recursos. Curiosa fue la ubicación del mediocentro Oriol Busquets, que actuó como pudo de lateral derecho al tiempo que Sergi Roberto volvió al eje del campo como hiciera durante su crecimiento en La Masia. Pero sobre todo fue significativa la titularidad de Griezmann como delantero centro, hasta ahora un puesto prohibido para cualquiera por méritos y galones de Luis Suárez. Ejemplo de la competitividad que se avecina, bien aliñada por las irrupciones de los jóvenes como Riqui Puig, que a cada ocasión que toca el balón evidencia que tiene el futuro a sus pies y que volvió a descorchar el ¡oh! colectivo con un par de filigranas, y Collado, la finura hecha futbolista.

BARCELONA 1 – CHELSEA, 2

Barcelona: Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Alba; Riqui Puig, Busquets, Oriol Busquets; Collado, Griezmann y Dembélé. Segundo tiempo: Neto; Semedo, Todibo, Lenglet, Guillem; De Jong, Rakitic, Aleñá; Malcom, Rafinha y Carles Pérez. No utilizados: Peña; Monchu, Araujo y Guillem.

Chelsea: Kepa; Azpilicueta (Zappacosta, m. 71), Christensen, David Luiz, Emerson (Zouma, m. 75); Kovacic (Drinkwater, m. 71), Jorginho (Batshuayi, m. 71); Pedro (Bakayoko, m. 71), Mount (Barkley, m. 60), Pulisic (Kennedy, m. 60); y Abraham (Giroud, m. 60). No utilizados: Caballero y Cumming; Tomori y Palmer.

Goles: 0-1. M. 35. Abraham. 0-2. M. 81. Barkley. 1-2. M. 91. Rakitic.

Saitama Stadium. Unos 50.000 espectadores.

Ocurrió que las piernas del Barça todavía no están para muchos trotes, sobre todo si delante estaba un Chelsea más rodado y eléctrico, más predispuesto a correr que a repartirse el balón. Ejecutó bien la presión alta y con eso, aderezado con una pifia tremenda de Busquets en el pase en la salida desde la raíz, le bastó para que Mount robara el esférico y se lo filtrara por dentro a Abraham, que se sacó de las chistera una croqueta y descontó a un Ter Stegen que salió sin éxito en busca de reducir espacios.

Gol que expresó la diferencia de tono pero que no ahogó al Barça, más presente en el área rival. Lo intentó Oriol Busquets a la salida de un córner, pero el remate de cabeza se marchó alto; lo probó también Dembélé con dos disparos, uno al bulto y el otro a la manos de Kepa; y no se salió con la suya Griezmann, voluntarioso en los desmarques de ruptura y hasta de apoyo, quizá un poco limitado porque los extremos tiraban hacia dentro –sobre todo Collado- para entregar las bandas a los carrileros. Aunque cuando se entendió con Sergi Roberto, su disparo se encasquilló en la maraña de jugadores rivales. Replicó el Chelsea a la carrera, siempre con fútbol en profundidad y con Mount como trampolín y quarterback, además de con Pulisic como estilete porque sus eslálones descolocaron a la zaga azulgrana. Como en ese que acabó en el área y que Ter Stegen repelió, y que Abraham lanzó alto cuando en el alegre Sinama Stadium –se llenó- cantaba gol.

Concluido el primer acto, Valverde cambió por completo al equipo. Tiempo para De Jong, que necesitó pocos segundos para explicar que su fútbol está confeccionado bajo el mismo corte y patrón que el azulgrana, cómodo de volante o mediocentro porque se repartió el campo con Rakitic, siempre tan generoso y atento a las necesidades grupales. Toques fáciles, siempre dinámicos, que descontaban líneas de presión u oxigenaban el juego, calculadora con botas. Así, con más pausa y control en el eje, pues Rakitic y Aleñá también mostraron su querencia por la pelota y criterio para moverla, el Barça se hizo fuerte en campo contrario. Decoro posible porque Malcom y Carles Pérez electrificaron las bandas con sus carreras, diagonales y centros, también disparos. El del brasileño se marchó por poco; los dos del canterano, tibios, acabaron en las manos de Kepa. Pero no fueron los únicos porque Rakitic también probó un latigazo con la zurda demasiado centrado y otro de Aleña que exigió la mejor versión de Kepa.

Menos se supo del Chelsea, que a la hora de partido también comenzó con la rueda de cambios pero que se quedó en blanco poco sin la pelota entre los pies, más pendiente de correr hacia atrás que hacia delante. Acaso contó un disparo de Kennedy a la salida de un córner que desvió Todibo y que sacó a tiempo Neto en un ejemplo de reflejos. Pero se inspiró en dos contras que pillaron en Babia a la zaga azulgrana. Una acabó con un buen despeje de Neto a chut de Batshuayi; y la otra en la red, pues el disparo de Barkley se coló como un obús y pegada al poste. Con todo resuelto y ya en el descuento, el Barça logró el gol de la honra tras un caída a la banda de Rafinha –ocupó el lugar de Griezmann-, un toque hacia atrás para Malcom y un chut desde la frontal de Rakitic que le sacó las telarañas a la escuadra. Fue el postre ideal para un duelo sin emoción pero con los mejores ingredientes para ser de pretemporada, también una advertencia para el Barça porque el fútbol sin remate no da para conquistar Europa.

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