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El PSG esgrimió razones políticas para forzar a Neymar a regresar a París

Los dirigentes advirtieron al jugador de que si permanecía en rebeldía en Brasil no podrían venderle ya que su devaluación dañaría la reputación de Qatar, propietario del club

Neymar, durante un torneo de exhibición en Brasil.
Neymar, durante un torneo de exhibición en Brasil. AP

La tensión entre Neymar Júnior y el PSG tocó niveles máximos la semana pasada. El presidente del club francés, Nasser Al-Khelaifi, envió a varios intermediarios, además de su director deportivo, Leonardo de Araújo, a elevar el grado de las advertencias según transcurrían los días sin que el padre del futbolista —que también se llama Neymar y oficia de representante— garantizara el regreso de su hijo a París. Ante la amenaza sostenida de rebeldía, cuentan fuentes de la administración del club que Al-Khelaifi llegó a amenazar con marginar a Neymar en la grada, condenándolo a no jugar hasta que cumpla contrato en 2022. El dirigente no pude tolerar que esta crisis dañe más la imagen de una institución profundamente vinculada al estado de Qatar.

Al oír que desde París conminaban a su hijo a interrumpir inmediatamente sus vacaciones brasileñas, Neymar padre replicó hace una semana diciendo que eso ya se vería. Que el PSG no solo había incumplido la promesa hecha en 2017 cuando invitaron a su hijo a unirse al proyecto en condición de buque insignia, sino que además le traicionaban intentando venderle por todos los medios.

Al-Khelaifi pasó del disgusto a la rabia cuando, en pleno suspense, un agente muy próximo al futbolista le aseguró que Neymar estaba dispuesto a bajarse su salario a 24 millones de euros netos si firmaba por el Barcelona, como era su deseo. En el PSG, por todos los conceptos, la estrella ha cobrado unos 47 millones de euros netos por curso. La idea de que Neymar prefiera cobrar menos con tal de abandonar el PSG, donde le habían permitido llevar su vida al margen de la disciplina profesional de la plantilla, enfureció al Al-Khelaifi. Indignado al ver que el jugador dilataba su confirmación del viaje de regreso, el presidente envió a Leonardo a decirle al padre que si el muchacho no se presentaba este lunes correría la misma suerte que Rabiot, a quien el club dejó en la grada por insubordinación la pasada temporada. A sueldo y sin tocar una pelota. El dinero no era un problema para el PSG. Se podía permitir el lujo de retener a Neymar pagándole su salario aunque no juegue.

Los asesores de la directiva del PSG aseguran que, al conocer la amenaza, Neymar padre replicó en tono socarrón. Vino a decirle a Leonardo que no era lo mismo mandar a la grada a Rabiot, que cobraba un millón de euros, que mandar a Neymar a pasar la temporada tranquilamente en su casa cobrando 47 millones mientras el resto de sus compañeros, que cobran con suerte la mitad, deben esforzarse para sacar al equipo adelante. El motín estaría asegurado. “En tres semanas tendréis a Mbappé reclamando 100 millones por año”, les advirtió el padre.

Tras calibrar el desafío, cuentan en el club que Al-Khelaifi y Leonardo se quedaron descolocados. El miércoles pasado volvieron a llamar al padre del  futbolista rebajando el nivel de agresividad. Esta vez, invitaron a los Neymar a viajar a París para encontrar cuanto antes la solución que todos persiguen: una venta rápida y políticamente asumible. El PSG trasladó al padre que el carácter del club como emblema del estado soberano de Qatar le impedía comprometer gravemente la dignidad de la institución y esto ocurriría si vendían a Neymar por menos de 100 millones de euros después de haberlo fichado por 222 hace dos años. Si permanecía en Brasil más tiempo, su precio, le señalaron, caería en picado hasta impedir la operación por razones políticas. Qatar no puede permitirse proyectar una imagen de incompetencia.

Al parecer, según fuentes del club parisino, esta fue la única razón que convenció al padre de Neymar de alterar una estrategia de rebeldía que, de acuerdo con la ortodoxia negociadora, siempre beneficia al jugador. Los Neymar han comprendido que el PSG, para lo bueno y para lo malo, escapa a los códigos del fútbol. El billete de regreso a París fue la primera consecuencia.

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