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Eterno Paolo Guerrero

El delantero, máximo goleador histórico peruano, vuelve a brillar tras un positivo por dopaje

Paolo Guerrero celebra su gol ante Chile en la Copa América. Ampliar foto
Paolo Guerrero celebra su gol ante Chile en la Copa América. REUTERS

Paolo Guerrero (Lima, Perú; 35 años) tiene un magnetismo especial con Brasil. El Corinthians, uno de los dos gigantes del país de la pentacampeona del mundo, lo rescató en 2012 cuando su fútbol no terminaba de despegar en la Bundesliga. Enamoró a la hinchada: 34 goles y 13 asistencias en 78 partidos. De hecho, en el Timão coincidió con Tite, hoy seleccionador de la Canarinha. “No me gusta nada enfrentarlo”, dice el técnico. De São Paulo a Porto Alegre, con escala en Río, siempre en un grande, siempre aferrado al gol. En el Flamengo marcó 21 tantos y dio 11 asistencias en 72 duelos, nunca más afilado en los números como en el Inter de Porto Alegre, cinco dianas en ocho encuentros. Máximo goleador en la Copa América en 2011 y 2015, Guerrero se vuelve a poner en lo más alto de la tabla en Brasil 2019, aunque solo con dos. Hay algo especial entre Guerrero y Brasil, hoy rivales en la final de Maracaná.

“Sorprendió cuando pasó de Alemania a Brasil, mucho creían que era un retroceso en su carrera, pero no fue así. Al contrario”, subraya Teófilo Cubillas, símbolo de la generación de oro de la selección peruana en la década del 70. “No sé si podría decir que Paolo no triunfó en Europa porque marcó muchos goles (51 en 183 partidos en el Hamburgo y 13 en 45 con el Bayern), pero entonces no era lo que es hoy. Eso es seguro”, opina Juan Carlos Oblitas, director deportivo de Perú; “Paolo maduró en el Corinthians, con esa mentalidad hubiese triunfado en el Bayern. Sus mejores momentos han sido con la selección y en Brasil”.

Nadie suma más tantos que él en la selección peruana (38), ya suma 13 tantos en toda su historia en la Copa América, cifra calcada a la de Gabriel Batistuta. “Ya vimos en el Perú-Chile lo que es capaz de hacer frente al portero: su frialdad, su calidad y la capacidad de moverse en el momento adecuado. Tenemos que tener cuidado con él todo el tiempo. Merece una atención especial porque es un gran jugador”, asegura Marquinhos. Sabe de lo que habla el defensor del PSG, excompañero del peruano en el Corinthians. Cubillas, al que Guerrero le birló la marca del mejor artillero de Perú, analiza el rol del delantero del Inter en la selección inca: “Él solo ocupa todos los espacios. Lidera este grupo en el campo, imprime velocidad cuando hace falta, lo mismo que sabe leer perfectamente cuando se necesita un poco de calma”.

Perú está en la final de la Copa América después de 44 años, y el año pasado en un Mundial tras 36 años de ausencia. No fue fácil, sin embargo, la presencia de Guerrero en Moscú. En las eliminatorias, en el duelo ante Argentina, el delantero dio positivo por el metabolito de la cocaína (benzoilecgonina). “No fue una indisciplina. Ni quiso hacer trampa. Simplemente, fue una negligencia, tomó un té de coca, algo muy común en Perú”, explica Oblitas. Después de más de seis meses de sanciones, recursos y apelaciones, el Tribunal Federal Suizo le dio la razón a Guerrero y pudo jugar el Mundial. Dejó su marca: un gol en la victoria de Perú ante Australia.

Guerrero busca la hazaña en Maracaná ante la Canarinha de su amigo Tite. Y no pierde la esperanza: está en Brasil, donde despegó su fútbol.

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