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Gareca, Pablo Escobar y cómo resucitar a Perú

El técnico, que estuvo en la mira del narco, ha devuelto al cuadro inca al primer plano

Gareca, en el estadio de Porto Alegre, antes de la semifinal frente Chile. Ampliar foto
Gareca, en el estadio de Porto Alegre, antes de la semifinal frente Chile. AP

Estuvo a punto de morir, pero él no lo sabía.

Ricardo El Tigre Gareca (Tapiales, Buenos Aires; 61 años) es uno de los 99 tipos que saben lo que es ponerse la camiseta de Boca y River. Pero eso no le trajo ningún conflicto más allá del típico insulto del tontín de turno. Le robó a un duro Daniel Pasarella el histórico gol que clasificó a Argentina para el Mundial 86, polémico por su autoría. “El gol es mío. Passarella lo sabe y yo lo sé. No me voy a poner a discutir, que digan lo que digan”, le dijo a EL PAÍS. Pero eso tampoco le reportó ninguna consecuencia. Jugar en Colombia en los 80, sí. A Gareca le estuvo a punto de explotar el coche cuando militaba en el América de Cali. Pero, claro, él no lo sabía.

Eran épocas duras en Colombia. El Cartel de Medellín estaba plena disputa con el de Cali y el fútbol nunca tiene demasiado claro si juega para el lado de la paz o el de la guerra. “Gareca siempre estuvo en la mira del ‘Patrón”, explicó John Jairo Velásquez, conocido como Popeye, el sicario más conocido de Pablo Escobar. El Tigre era la estrella del América de Cali (entre 1985 y 1989 marcó 57 goles en 116 partidos) y Escobar andaba en busca de revancha después de que sus enemigos en Cali habían atentado contra su familia. “El amor de Pablo por el fútbol salvó a Gareca. Escobar tenía pensado colocarle un carro bomba”, reveló Popeye a un diario peruano. “He pasado años sensacionales de mi vida en Colombia”, replicó Gareca. “Estas son cosas que salen después de 25 años y que yo no tenía ni tengo ninguna clase de conocimiento”.

De primera línea

 Nunca fue de hacer ruido Gareca, ni para regatear bombas ni para postularse para equipos grandes. “A veces el periodismo o la gente tiene una idea equivocada de las cosas”, opina Christian Bassedas, entrenador del UAI Urquiza (de la B metropolitana, equivalente a la Segunda B en España), exdirector deportivo de Vélez; “se cree que Gareca es un entrenador de segunda línea y es todo lo contrario. Es de primera línea y lo demostró en Vélez (ganó cuatro títulos), en Talleres (dos) y ahora lo hace en la selección peruana. Es una persona que siempre la remó. Cuando lo fiché para Vélez sabía que era un entrenador, que además de sus conocimientos tácticos tenía mucha ascendencia en los jugadores. El vestuario lo respeta”.

Gareca empezó su carrera como entrenador en la segunda división del fútbol argentino. Escaló poco a poco, hasta que se consagró en Vélez. Pasó al Palmeiras y en 2015 cogió a la selección peruana, entonces ajena a su identidad y sin resultados. “En los años setenta, Perú, Argentina y Brasil eran selecciones que tenían las mismas características; con los años Perú se quedó en el tiempo”, asegura Gareca. Y explica: “No se invirtió en infraestructura, tenemos la misma que hace 30 años. El Estado le dio la espalda al deporte y esas consecuencias se han pagado caras. En Perú hay buena calidad de jugadores, pero falta cantidad”. Gareca colocó a Perú en las semifinales de la Copa América de Estados Unidos y lo clasificó para Rusia. La selección inca no se metía en un Mundial desde España 82. Es decir, 36 años sin codearse con la élite del fútbol.

Después de Moscú, se agotó el contrato de Gareca en Perú. Casualmente, cuando Argentina tampoco tenía entrenador después del adiós de Jorge Sampaoli. “El Flaco no fue el técnico de la selección porque proviene de la escuela de Marcelo Bielsa”, subrayó su amigo Ruggeri. El técnico del Leeds no cuenta con la simpatía de Claudio Tapia, presidente de la AFA. “La federación debe retener a Gareca”, advirtió Teófilo Cubillas, referente del mítico Perú de los años 70. Y renovó. Y de nuevo la selección peruana se coló entre los cuatro mejores de América y se enfrentará la madrugada del miércoles al jueves (2.30, Danz) a Chile por un lugar en la final de Maracaná contra Brasil.

“Tiene un estilo de entrenador europeo. Cuenta con un gran equipo de trabajo”, asegura Ruggeri. “Pero a él no se le escapa nada. Está pendiente de todo”, dice Bassedas. “A veces le digo a Ricardo”, añade Nolberto Solano, exjugador del Newcastle, Aston Vila, Boca, entre otros, hoy segundo entrenador de Perú; “¿Por qué no viniste 15 años antes? Tiene un mérito importantísimo lo que ha hecho con nuestra selección”.

Gareca, que estuvo a punto de morir (y no lo sabía), ha resucitado a la selección peruana.

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