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El Celta entrega su proyecto futbolístico a Fran Escribá

El técnico valenciano, tras doce partidos con desigual fortuna y una salvación sin brillantez, renueva su vínculo con el club gallego para las dos próximas temporadas

Fran Escriba
Fran Escribá posa junto al presidente Carlos Mouriño tras firmar su renovación con el Celta.

El Celta y Fran Escribá han vinculado sus caminos por las próximas dos temporadas. Al menos eso es lo que han firmado. El acuerdo con el técnico valenciano pretende darle estabilidad a un banquillo por el que han pasado quince entrenadores en trece temporadas. En la última empezó el argentino Antonio Mohamed, prosiguió el luso Miguel Cardoso y a doce jornadas del final se incorporó Escribá, que llevaba temporada y media sin equipo desde su despido en Villarreal.

Escribá reactivó al Celta. Aunque siempre quedará la razonable duda de sí quien de verdad lo hizo fue Iago Aspas, que regresó de su lesión casi al tiempo que el técnico valenciano arribó a Vigo. Escribá llegó con el equipo decimoséptimo, dos puntos sobre el descenso y llegó al final del campeonato en la misma posición, cuatro puntos sobre la línea roja que marcó el Girona. En ese tiempo el Celta ganó cuatro partidos, empató otros tantos y también perdió el mismo número.

En ese estado de ni frío ni calor se suscitó en el club celeste la duda respecto a qué decisión tomar. Pesó la idea de darle continuidad al equipo y más tras una serie de experiencias nada satisfactorias con entrenadores que no conocían la liga española. Escribá atesora un currículum con más de 200 partidos en el fútbol profesional como primer entrenador y un bagaje anterior de siete años como auxiliar de Quique Sánchez Flores en Getafe, Valencia, Benfica o Atlético. En el Celta ha integrado su equipo de trabajo, en el que figura como segundo un exjugador como David Generelo, a otros técnicos del club que no hace mucho que colgaron las botas como son Borja Oubiña o Mario Bermejo.

A Escribá le gusta una idea de fútbol combinativa y en el Celta valoran esa idea porque quieren retomar el estilo que no hace tanto le llevó a Europa. Lo demanda además Iago Aspas, que le ha pedido al club dar un paso más. Escribá fue un niño prodigio del fútbol, una joya que se pulía en la cantera del Valencia y no logró dar el salto al primer equipo. Se diluyó en equipos de Segunda B y Tercera antes de pasar a los banquillos donde su progresión no fue explosiva, tanto que por si acaso estudió y se sacó una oposición de administrativo. Pero desde hace años ya solo piensa en fútbol e incluso se ha permitido desechar alguna opción antes de atender la llamada del Celta. Asegura que el pasado verano le llegaron más propuestas de trabajo que nunca, pero no se animó con ninguna hasta que a primeros de marzo se mudó a Galicia. “El proyecto bueno está por llegar y cuando lo tenga delante sabré que es ese”, decía. Ahí está, en Vigo, con dos años por delante para extraer rendimiento a un equipo con muchas más posibilidades que las que mostró en la última campaña. Se sienta, eso sí, en un banquillo caliente.

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