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Pere Pons levanta al Girona

El equipo de Eusebio se reencuentra en Montilivi con la victoria seis meses después ante un contemplativo Sevilla

girona - sevilla
Pere Pons controla el balón ante la mirada de Banega.

Justo cuando le habían puesto la soga del ahorcado, 72 jornadas después de su llegada a LaLiga, el Girona se reencontró con la victoria en un dramático partido con el Sevilla. La última vez que había ganado en Montilivi fue el 27 de octubre, ante el Rayo, cuando en Girona se hablaba de jugar contra el Barça en Miami. Las tornas han cambiado y ahora se trataba de vencer al Sevilla para mantener las esperanzas de permanencia después de caer en zona de descenso cuando quedan tres jornadas para acabar LaLiga.

Girona
GIR
1
-
0
SEV
Sevilla
Girona
Bounou, Juanpe, Bernardo, Muniesa, Valery Fernández, Douglas Luiz, Alex Granell (Aleix García Serrano, min. 83), Pere Pons, Portu (Pedro Porro, min. 77), Stuani y Borja García (Alcalá, min. 91).
Sevilla
Vaclik, Escudero, Carriço (Gnagnon, min. 77), Sergi Gómez, Jesús Navas, Sarabia, Banega, Munir (Quincy Promes, min. 55), Franco Vázquez, Roque Mesa (Bryan Gil Salvatierra, min. 69) y Ben Yedder.
Goles
1-0 min. 61: Portu .
Árbitro
José Luis González González
Muniesa (min. 43), Banega (min. 89) y Roque Mesa (min. 66).
Banega (min. 95).
Estadio:Municipal de Montilivi

El Sevilla tocó demasiado el violín en un partido de tambores, más pendiente de que se condenara el Girona –quizá por el recelo que provoca la continuidad de Eusebio– que de ser protagonista en un momento en que está en juego su participación en la Liga de Campeones. Alcanzó con ver el mal humor de Banega y el desplante de Roque Mesa cuando fue sustituido para advertir el mal día del Sevilla, destemplado y especulador, menos exigido por la clasificación que el Girona.

Arropado por su hinchada, que le recibió con entusiasmo a su llegada a Montilivi, el equipo de Eusebio se fue a por el partido con determinación, más responsabilizado que nunca, fuerte en defensa y rápido en ataque, bien armado a partir de Pere Pons y Àlex Granell, dos volantes que expresan más que ningún jugador el orgullo del Girona. No encontró la portería Stuani después de una excelente asistencia de Pons y el uruguayo, siempre combativo, pidió penalti por un agarrón de Sergi Gómez.

No sabía cómo responder el Sevilla al dinamismo del Girona hasta que Munir, hábil en el desmarque después de un toque profundo del Mudo Vázquez, quedó mano a mano con Bono, rápido en su salida, y su rechazo fue desaprovechado por Ben Yedder. La jugada marcó un punto de inflexión porque el Girona titubeó al tiempo que se animaba el Sevilla. La tensión era tan manifiesta en la cancha y en la grada, colorista y sonora por algunos silbatos que redoblaban en Montilivi.

La ansiedad se nota especialmente cuando se trata de rematar o también de dar el último pase, como les ocurría últimamente a los delanteros del Girona, tan dispuestos y generosos como erráticos con el punto de mira, menos intimidadores que los centrales, poderosos en las acciones de estrategia, sobre todo Bernard Espinosa. Únicamente el travesaño evitó que marcara el zaguero colombiano después de que el cuero superara al excelente portero del Sevilla.

El partido se sintetizó poco a poco en la pugna de Stuani con Sergi Gómez. El coraje del uruguayo, y también su pelea con y sin balón, mantenía las expectativas de éxito del Girona, menos arriesgado con la salida del balón si se exceptúan los movimientos del atrevido Douglas. Más contemplativo se mostraba el Sevilla, quién sabe si aliviado por la derrota del Valencia en Mestalla. Los muchachos de Caparrós comenzaron a conceder centros y Valery y Muniesa amenazaron a Vaclik.

El encuentro se puso tan de cara para el Girona que el técnico del Sevilla movió el banquillo: Promes salió por Munir para ganar aire y presencia en el área de Bono. No lo consiguió porque marcó Portu en una jugada que delató el ataque de nervios de la afición y de los espectadores ante el tuya-mía del equipo de Eusebio. No remataba Stuani, ni tampoco Pere Pons, hasta que compareció Portu, habilitado por el volante catalán, y puso el 1-0. La sangre fría de Pons fue sobrecogedora para Montilivi.

El Girona defendió el gol como si le fuera la vida, o si se quiere su continuidad en LaLiga, después de seis derrotas consecutivas, una situación crítica que dejó a Eusebio en la intemperie, amenazado de destitución, la misma suerte que corrió Machín en Sevilla. El recuerdo de Machín en Girona amenazaba con bloquear a Eusebio, peleado con Roberts, el delantero cedido por el City, el club que se supone protege Montilivi.

Y, de momento, sobrevive el Girona con el liderazgo de Pere Pons, el corazón de Stuani, la cabeza de Bernardo, el gol de Portu y el aliento indesmayable de Montilivi, feliz por poder cantar la victoria después de las vividas ante el Rayo y el Celta. Nunca había estado en la zona de descenso de LaLiga hasta que perdió en Valladolid. La victoria contra el Sevilla le devuelve sus esperanzas para seguir en la élite y aspirar a la permanencia, reto que está asegurado si depende de un tipo como Pere Pons.

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