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El City roza la Premier tras vencer al United en Old Trafford por tercera vez

El equipo de Guardiola, primer entrenador que se impone tres veces seguidas en casa del rival de Manchester, gana 0-2 y acaricia el título a falta de tres jornadas para el final

Bernardo Silva celebra el 0-1 en Old Trafford. Ampliar foto
Bernardo Silva celebra el 0-1 en Old Trafford. AP

La liga inglesa quedó prácticamente sentenciada en Old Trafford a favor del Manchester City, el equipo que ha dominado el campeonato con más rotundidad en su formato contemporáneo de Premier League. A falta de tres partidos contra tres rivales sin horizonte —Burnley, Leicester y Brighton— todos los caminos conducían al derby de Manchester. El cruce de la última gran frontera fue soberbio. Un ejercicio de demolición que no admitió la réplica del agotado vecino del sur de la ciudad.

Guardiola se convirtió en el primer entrenador de las tres décadas de historia de la Premier en lograr tres victorias consecutivas en el feudo del United (1-2, 1-2 y 0-2) y su equipo ya está a un centímetro de prolongar su epopeya. A costa del Liverpool que marcha segundo clasificado y ha batido sus propios récords de cosecha de puntos después de perder una sola vez en 35 jornadas. El duelo es colosal. Pudo resolverse este miércoles en un partido a la altura de los acontecimientos.

M. United
MNU
0
-
2
MNC
M. City
M. United
De Gea, Ashley Young, Nilsson-Lindelöf, Shaw, Smalling, Darmian (Alexis, min. 82), Fred, Pogba, Andreas Pereira (Lukaku, min. 71), Jesse Lingard (Anthony Martial, min. 82) y Rashford.
M. City
Ederson Moraes, Alexander Zinchenko, Kompany, Laporte, Walker, Gündogan (Danilo, min. 88), David Silva, Fernandinho (Sane, min. 50), Sterling, Aguero (Gabriel Jesus, min. 88) y Bernardo Silva.
Goles
0-1 min. 53: Bernardo Silva . 0-2 min. 65: Sane .
Árbitro
Andre Marriner
Shaw (min. 88), Andreas Pereira (min. 23), Alexander Zinchenko (min. 25) y Kompany (min. 9).
Estadio:Old Trafford

Guardiola organizó la versión más vertiginosa de su dispositivo. Cuando inició las jugadas y consiguió conectar más de tres pases, el City invadió el campo del United y abandonó el propio. Los interiores Gundogan y Silva actuaron como enganches; los laterales, Walker y Zinchenko se desplazaron a la zona de los interiores; y Sterling, Bernardo Silva y Agüero entraron y salieron del avispero del área con efecto de batidora. Solo tres jugadores del City permanecieron por detrás del balón. Fernandinho en el eje, moviendo el baricentro del equipo más allá de la línea divisoria, y los dos centrales por detrás.

Laporte y Kompany cerraron un cuadrado de 50x50 metros. Un mar de hierba donde flotó el portero, Ederson, como un bote de remos expuesto a todas las tormentas. El panorama soñado por los delanteros rápidos. El amplísimo territorio de caza en el que se apostaron Rashford y Lindegard, más peligrosos cuanto menor es el índice de población de las superficies que atacan.

Reactivo a la propuesta ajena, Solskjaer, el técnico del United, dispuso la trampa que todos disponen en estos casos. La misma que diseñó Pochettino al frente del Tottenham en los cuartos de final de la Champions. Otro ingenio de presión para el aprovechamiento del error del rival y la explotación de los espacios a la espalda de Fernandinho. Defensa de tres centrales, carrileros de cierre, volantes de contención multiplicados por tres y dos puntas rápidos. En esta ocasión, sin embargo, pudo más el cálculo para arriesgar que el cálculo para prevenir riesgos. Se impuso el juego de pases del City frente a la presión. Y cuando se produjeron errores, se corrigieron al límite. A todo o nada.

Cualquier imprecisión del City, un resbalón de Fernandinho, por acaso, provocaba la salida rápida de Rashford y Lingard. El dos contra dos era inevitable. El riesgo estaba computado. Frente a esta amenaza, la defensa al límite de la falta también se correspondió con o previsible. Con la habilidad que se le supone a su veteranía, Kompany llevó su marcaje a Rashford a esa frontera entre la legalidad y la falta. La cobertura del central belga resultó perfecta en las tres situaciones de alarma que se declararon. Cuando no llegó, fue mano a mano de Rashford con el portero Ederson. A cambio de esta exposición, el City pudo trasladar al campo rival a siete jugadores para desguazar la fortaleza prefabricada alrededor de De Gea con barreras escalonadas frente a Sterling y Bernardo Silva en las bandas. Poco a poco, alrededor de un Agüero más dinámico que nunca, las triangulaciones de los atacantes alcanzaron la línea de gol. De Gea sacó dos tiros a bocajarro.

El gol de Bernardo Silva a la vuelta del descanso deshizo las prevenciones de Solskjaer después de casi una hora de asalto. El pequeño genio portugués econtroló un pase de Gundogan a la espalda de Pogba, dribló a Shaw, su tenaz carcelero, y antes de que le saliera Fred metió el balón por el ojo de la aguja. Desde el borde del área, su tiro rápido descolocó a la defensa y al portero. De Gea vio cómo la pelota se le metía entre el guante y su palo izquierdo. El primer palo. El que debía tener controlado. El gesto de frustración del portero anticipó minutos más penosos. La angustia del City por acertar siempre bajo pena de castigo se trasladó a su adversario.

El 0-1 se produjo tres minutos después la lesión de Fernandinho, que se dañó una rodilla al chocar con Pogba. Ante el cambio táctico obligado Guardiola situó a Gundogan como mediocentro y sumó a Sané al ataque. Fue otro giro de clavija. Añadió más riesgo al juego del City. Pero sus jugadores se encuentran más cómodos en situaciones de peligro que puestos a especular.

Roto el dique del 5-3-2 del United, sobrevino un periodo de agitación. Cuando Solskjaer cambió el dibujo para lanzarse a la carga, ya su equipo iba a contrapié. Entró Alexis Sánchez por Darmian, delantero por central; entró Martial por Lingard, delantero por delantero; y entró Lukaku por Pereira, delantero por volante. Demasiadas alteraciones como para producir ataques controlados. Más impetuoso que profundo, el United se encontró en un ámbito inesperado. Obligado a atacar a un City que se protegía. Muy bien, por cierto, y tan listo como cualquiera para montar un buen contragolpe.

A la contra lo remató Sané después de una conducción explosiva de Sterling dividiendo la presión por el medio y un movimiento de Agüero arrastrando a los centrales hacia el otro costado. El 0-2 entró nuevamente por el palo que defendía De Gea, que metió la punta del pie derecho cuando su cuerpo se vencía hacia la izquierda. El portero no pudo contener un gesto de amargura ante las consecuencias evidentes del gol. Fue la tumba de la reacción del United. Lo que siguió se relacionó poco con la competición y mucho con las exhibiciones de fervor que necesitan hacer los futbolistas ante a las cámaras, los aficionados, la opinión pública, o los patrocinadores. Lukaku y Pogba encabezaron a los penitentes en este despliegue sudoroso, espectacular y estéril. La temporada del equipo más rico del planeta acaba en catástrofe. Está sexto en la tabla, a un paso de quedarse fuera de los puestos de Champions.

Consumada la velada, los jugadores del City acudieron a saludar a la hinchada visitante acompañados de Guardiola. Al verle embutido en su raído jersey de lana gris, gastado como un amuleto sobado, los ingleses le cantaron en perfecto español: “¡Campeones, campeones, oé, oé, oé!”. Si ganan la Premier, conservarán un título que nadie había podido retener dos años seguidos desde que el United de Ferguson fue el rey entre 2006 y 2009.

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