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El Celta ve la luz a costa de un Girona que encadena cinco derrotas

El cuadro gallego gana con justicia, con Aspas nuevamente goleador, y se acerca a la permanencia tras superar a su rival en la clasificación

celta de vigo girona
Stuani supera al céltico Cabral durante un instante del partido en Balaídos. EFE

Salió el sol en Vigo y lució una de las mejores versiones del Celta, que superó (2-1) al Girona sobre el campo y en la clasificación no solo para dar un paso que puede resultar decisivo en la pugna por mantener la categoría sino también para complicar a un rival tibio, sin alma y que ahora mira de cerca el abismo. Apenas un punto separa a los equipos que se cruzaron esta jornada en Balaídos, pero el futuro se percibe de manera diferente con el triunfo en la cartera. Al Girona le aguarda el próximo martes una final en Valladolid. El Celta tiene por delante esta semana dos partidos ante Espanyol y Leganés, que tienen casi todo dicho en este campeonato. Si los resuelve estará salvado.

Celta
CEL
2
-
1
GIR
Girona
Celta
Rubén Blanco, Cabral, Olaza, Hugo Mallo, Néstor Araújo, Boudebouz (Jozabed, min. 87), Okay Yokuslu, Sofiane Boufal (Hjulsager, min. 79), Lobotka, Aspas (Costas, min. 89) y Maxi Gómez.
Girona
Bounou, Alcalá, Pedro Porro, Bernardo, Raúl García (Kevin Soni, min. 84), Douglas Luiz, Patrick Roberts (Juanpe, min. 45), Pere Pons, Portu, Aleix García Serrano (Borja García, min. 45) y Stuani.
Goles
1-0 min. 33: Aspas . 1-1 min. 47: Portu . 2-1 min. 68: Sofiane Boufal .
Árbitro
Carlos del Cerro Grande
Okay Yokuslu (min. 46), Sofiane Boufal (min. 69) y Douglas Luiz (min. 75).
Estadio:Balaídos

Aún así, aún siendo superior como fue, el Celta no dejó de sufrir hasta que el árbitro pitó tres veces. Padeció porque tiene defectos, ganó porque supo taparlos. O porque el Girona poco hizo por descubrirlos. Replegado durante bastantes minutos, el equipo de Eusebio firmó pasajes lamentables. La primera parte obligó a que el técnico realizase dos sustituciones en el descanso y cambiase también el módulo táctico. El Celta le dominó, no solo le quitó la pelota sino que le tapó cualquier opción de buscar el contragolpe. Ayudó la incapacidad del centro del campo rojiblanco, náufrago y a la deriva con y sin balón.

Si no fuese porque en juego estaba su continuidad en la categoría hasta podría colegirse que el Celta disfrutó de algunos pasajes del partido. Lo hizo porque Iago Aspas encontró un socio, detalle que no resulta menor en un equipo presidencialista. Asomó un ministro, Boudebouz, y el gobierno empezó a fluir. Al mediapunta de origen argelino no le sobra motor ni repris, pero desparrama talento. Aterrizó en el Celta en los estertores del mercado invernal como si de pronto le hubieran dejado sobre la superficie marciana. Pero ya es una alienígena más. En cuanto se ha enterado de donde está aplica la máxima del futbolista listo, se junta con los buenos. Cuando mezcló con Aspas o con Boufal el Celta estuvo muy por encima de lo que demandaba el partido, que no dejaba de ser un duelo por seguir en Primera.

La actividad de Boudebouz dañó a un Girona adocenado, pesaroso en las persecuciones y en las coberturas, permeable en los flancos, en especial en el que tapaba Pedro Porro ante Boufal. Poco antes de la media hora se encontraron Aspas y Boudebouz para que Maxi Gómez conectase un testarazo que rondó el gol, un aviso que no cambió la pauta para el Girona, destapado y vulnerable a pesar de no dejar de caminar hacia atrás. Boufal desnudó a Porro, sin ayudas, para darle el primer gol a Aspas, un tanto que además retrató la agilidad celeste porque comenzó a forjarse en su córner diestro y recorrió el campo en diagonal antes de la finalización del delantero internacional, que ya lleva 16 goles en el campeonato y seis en los cuatro partidos que disputó desde que reapareció de su lesión.

El Girona no cambió el paso hasta que Eusebio retocó el equipo en la caseta. Dejó en ella a Roberts y Aleix García, un delantero y un centrocampista, y alistó a Borja García y Juanpe, un centrocampista y un defensa. Ni siquiera dio tiempo a que se esbozase una crítica ante la maniobra. Con tres centrales el técnico quería mejorar la salida de balón y casi a la primera, nada más regresar al partido, un balón profundo de Alcalá, sin mayor sustancia, prendió un incendio en el corazón de la defensa celeste. Marcó Portu y el linier levantó el banderín, pero la jugada tenía difícil cotejo porque el asistente del árbitro entendió que Stuani había tocado la pelota entre medias y generaba así una situación de fuera de juego. Cinco minutos de videoarbitraje fueron precisos para revocar la primera decisión. Fue gol.

Ahí el Girona tuvo la opción de dar un paso adelante, de probar a la zaga del Celta, siempre sospechosa. No lo hizo. Boudebouz ya decaía, pero encontró aliento para volver a jugar cerca de Aspas. Y Boufal no dejó de encarar a Porro, que salió trasquilado en una acción opuesta a la del primer gol. Si entonces el lateral entró al engaño, disputó el regate y lo perdió, en la segunda oportunidad optó por temporizar y taparse. Podría parecer una opción válida ante un extremo tan habilidoso, pero Boufal es un manantial de recursos, desechó la gambeta y encontró en ese metro que le cedió el lateral el espacio para armar el interior del pie y colocar la pelota en la red.

De nuevo en desventaja, al Girona le faltó hambre. Y en realidad apenas había probado bocado. Jugaba ante un rival en estado de nervios, tembloroso a medida que se acercaba al final. No le exigió. Apenas se acercó en un remate de Stuani que bloqueó Cabral. Tampocó explotó el juego aéreo, una de las taras del Celta, y eso que tenía varias torres sobre el campo. Se marchó inane el Girona, que se complica con su quinta derrota consecutiva. No ha sumado puntos en un tiempo en el que el Celta ha hecho diez. Y ya le ve la retaguardia.

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