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Champions League - cuartos - jornada 2
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El Ajax barre a la Juve de Cristiano

El equipo holandés se mete en semifinales con una exhibición de buen juego bajo la soberbia dirección de De Ligt, su capitán de 19 años, impecable en el marcaje del portugués

De Ligt celebra el segundo gol del Ajax en Turín. En vídeo,d eclaraciones de los entrenadores tras el partido.Vídeo: LUCA BRUNO (AP) / REUTERS-QUALITY
Diego Torres

La Champions descubre un tesoro. Es el viejo Ajax de los jugadores valientes y garbosos que encandilan a la generalidad de los aficionados. El viejo Ajax de los jóvenes. El equipo que mejor ha jugado en este torneo y el que se llevó por delante a la Juventus después de torturarla durante 180 minutos. El que desmonta, en fin, un poder establecido, la máquina de Agnelli, víctima de un torbellino que hace un mes destrozó al vigente triple campeón sucesivo en el Bernabéu. El resultado contradice la lógica del peso financiero imperante. Triunfa una idea futbolística superior. Ganan unos jugadores tan desconocidos para las grandes audiencias como espléndidos por derecho propio.

El partido adquirió categoría de examen supremo para algunos chicos en desarrollo. El primero fue Matthijs de Ligt. A sus 19 años, el central del Ajax portó el brazalete de capitán y asumió la tarea más pesada de todas en uno de los ambientes más cargados del fútbol europeo. Se le imponía frenar las arrancadas de Cristiano para taponar el primer cauce de la riada de la Juventus, equipo obligado a pasar a semifinales por razones presupuestarias, por urgencia histórica, y porque jugaba en casa a defender la ventaja obtenida en la ida. La inercia de la trama conspiraba contra De Ligt. Lo normal habría sido verle cometer algún error de inmadurez. No falló nunca. Inmutable, acudió puntual al corte, se paró donde requería la jugada, salió de su zona con éxito y disuadió a su marca por anticipación cuando se gestaban los contragolpes. Si tuvo que imprimirse con bravura tampoco se dejó superar en el cuerpo a cuerpo. Pasó la raya que separa al gran jugador del que está llamado a hacer historia.

De Ligt solo perdió por accidente. En la jugada del 1-0 fue su propio compañero, Veltman, quien le hizo la pantalla impidiéndole batirse con Cristiano en el duelo aéreo. Libre en el punto de penalti, el portugués metió la frente y convirtió el córner en gol. Fue la única ocasión que generó la Juventuis en la primera parte. Incapaz de sobreponerse a la rigidez posicional, el equipo de Allegri no logró amenazar a su rival si la posesión se le estiró más de dos segundos. Ofuscado Pjanic y seco Bonucci sin más recurso que el pase largo, se bloqueó si no contragolpeaba para aprovechar los espacios abiertos que ofrecía el Ajax entre sus mediocentros y sus centrales. Cada vez que las contras traspasaron la frontera de Schone y De Jong, surgió De Ligt para desmontarlas.

Van de Beek aprovechó un rechace para empatar antes del descanso, cuando la Juve se replegaba y el desconcierto se apoderaba del público y de los jugadores rayados. Resultó chocante la incapacidad de jugadores como Pjanic, Can, Dybala o Bernardeschi para salirse del molde. El 4-4-2, esquema de hierro juventino, se vuelve contra los jugadores cuando se trata de administrar soluciones a problemas inesperados. Siempre hay un Matuidi para proteger a Pjanic y siempre falta un interior para ofrecer una salida cuando es urgente crear algo nuevo.

Armados para evitar contragolpes, simétricos hasta el fin, inamovibles cada uno en su carril, los jugadores de la Juventus no lograron romper la estructura para generar apoyos y líneas de pases con movimientos de permuta. Exactamente aquello que distingue al Ajax, cuyo esquema permanece tan indetectable como el genial Neres, el abnegado De Beek, el zurdo Tadic o el ubicuo Ziyech. Agrupados alrededor de la pelota desde el primer pase, firmaron asociaciones vertiginosas que obligaron a la cobertura italiana a esfuerzos máximos para evitar filtraciones.  

El dominio del Ajax se incrementó en la segunda parte. Porque la tensión psíquica restó lucidez a los jugadores locales. Porque alrededor de Ten Hag se divierten futbolistas sin nada que perder. Porque la flexibilidad táctica, las ideas ingeniosas, y un plan claro y ambicioso, fueron privilegio del Ajax, progresivamente crecido al dictado de un Frenkie de Jong que marcó los tiempos hasta romper definitivamente la rigurosa presión medio-alta que dirigía Pjanic.

Deshecha la presión italiana, su arma de cabecera, se disolvió el contragolpe. Disuelto el contragolpe, se acabó la Juventus. Pudo ser goleada. Si Ziyech aprovechaba la ocurrencia de Neres para embocar el mano a mano que sacó Szczesny; si De Beek metía por la escuadra otro remate que también despejó Szczesny; y si Pjanic no despejaba un balón que habría dejado a Ziyech solo a puerta vacía, la humillación habría sido mayor.

El mazazo vino de córner. De Ligt ejerció de ejecutor. Elevándose por encima de Bonucci, Rugani y Sandro, el rubio cabeceó el envío de Schone a la red, sembró el pánico en Turín y electrificó una Champions que parecía previsible y ya no lo es.

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Sobre la firma

Diego Torres
Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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