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Esa palabra no existe

El malestar que puede causarnos la alegría del vecino es un sentimiento poco elegante, pero en el fútbol, por el contrario, se trata de algo habitual

Martin Benitez, en un partido de Independiente.
Martin Benitez, en un partido de Independiente. Getty

La lengua española, sumando los términos de América y España, tiene unas 150.000 palabras. La lengua inglesa cuenta con algo más de 170.000. Y la alemana supera el medio millón; si añadimos los vocablos más recónditos de la jerga técnica, puede llegar, dicen, a los 20 millones. Los alemanes disponen, por ejemplo, de un célebre concepto, schadenfreude (se pronuncia algo así como scudenfrudi),para describir la íntima alegría que puede experimentarse ante la desgracia ajena. Sospecho, sin embargo, que ni ellos tienen en su arsenal lingüístico una palabra que refleje lo contrario, es decir, el malestar que puede causarnos la alegría del vecino. En la vida, ese sentimiento es poco elegante, por no decir execrable. En el fútbol, por el contrario, se trata de algo habitual. Habría que inventar una palabra para eso.

Si existiera esa palabra, valdría para titular este texto.

Veamos. Racing, el equipo que viste con la bandera argentina, está a punto de proclamarse campeón de la Superliga. Quizá ya lo sea cuando alguien lea estas líneas. Si no, lo será la semana próxima, salvo que ocurra algo rotundamente extraordinario y Defensa y Justicia se alce con el título. Eso es secundario para lo que nos ocupa. Lo que nos interesa aquí es que Independiente, el vecino/rival de Racing en Avellaneda (los estadios están muy cerca, a un centenar de metros uno de otro), se ha preparado, a lo largo de esta semana pasada, para experimentar ese sentimiento inefable: el de sobrellevar de la forma menos dolorosa posible el jolgorio del otro.

El éxito ajeno resulta más llevadero cuando a uno no le van del todo mal las cosas. Para Independiente, que ha hecho una campaña mediocre, el objetivo consiste en clasificarse para la Copa Sudamericana, que no es la Libertadores pero es algo. Para mantener sus posibilidades, debía vencer a Vélez el sábado.

La cuestión tenía su intríngulis. Porque Vélez, el gran club del oeste bonaerense, e Independiente ya se han dado muchos disgustos. Mi ilustre colega argentino Rodolfo Chisleanchi me puso en antecedentes. Por no ir muy lejos, remontémonos al campeonato de 1940. Vélez se jugaba el descenso en la última jornada. Tenía 26 puntos y Atlanta, 25. Vélez recibía a San Lorenzo y Atlanta, a un Independiente muy poderoso. Ocurrió lo que ocurrió: al final del primer tiempo, Atlanta ya ganaba 6-0 a Independiente. Según parece, había pactado una derrota a cambio de quedarse con el defensa Battagliero, el mejor jugador de Atlanta. Vélez perdió su partido y descendió por primera y única vez en su historia.

¿Existe eso del karma? En 1945, Vélez, de nuevo en la máxima categoría, le infligió un 8-0 a Independiente: la goleada más severa sufrida por los rojos en toda su trayectoria como profesionales. Y la tendencia general se mantuvo a lo largo de los años. Frente a los llamados “cinco grandes” (Boca, River, Racing, Independiente y San Lorenzo), Independiente es el único con el que Vélez mantiene una estadística favorable: antes de este fin de semana, 60 partidos ganados, 55 perdidos. Además, Vélez se dio el gustazo de dar en 1995 la vuelta olímpica de campeón en el Estadio Libertadores de Independiente. Y por seis veces le marcó cuatro goles o más.

El sábado, Vélez se adelantó en el minuto 8. El fantasma del puñetero karma flotó de nuevo sobre el estadio de los rojos. Pero Independiente remontó en el segundo tiempo. Logró el gol de la victoria a falta de cinco minutos.

Ahora, con opciones para meterse en la Sudamericana, a Independiente le toca lidiar con esa palabra que no existe. La que describiría sus sensaciones si Racing sale campeón.

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