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Bounou: “No me gusta la victimización; cualquier cosa parece racismo”

El portero del Girona, nacido en Montreal y criado en Marruecos, explica que su mentalidad abierta es uno de los ingredientes de su éxito

Bounou, durante el reciente Marruecos-Argentina. Ampliar foto
Bounou, durante el reciente Marruecos-Argentina. AP

El caddy master aguarda en la salida del hoyo uno a la anciana pareja de golfistas que van a iniciar el exigente recorrido del PGA Catalunya Resort, donde también se entrena el Girona. No se oye ruido alguno, acaso el piar de los pájaros y el impacto del driver con la pelota. Quietud y sosiego que casan con Yassine Bounou (Canadá; 27 años), portero del Girona tranquilo y con un discurso que es un siseo. Nacido en Montreal porque su padre era profesor de física en la universidad y crecido en Casablanca (Marruecos), de donde es toda su familia, Bono se siente africano y de mentalidad abierta. Quizá, cuenta, es la receta de su éxito.

Pregunta. ¿Cómo fue su infancia?

Respuesta. Fue de compartir, de estar fuera con un balón en los pies. En mi barrio, en Casablanca, jugábamos en un parking. Una portería estaba hecha con dos papeleras y como no había larguero, prohibíamos chutar con otra cosa que no fuera el interior; la otra la pintamos en la pared y ahí sí podíamos pegarle fuerte.

P. ¿Pero usted era portero o jugador?

R. Alterné durante años. A veces jugaba una parte de delantero y otra de portero. Por eso, como cogíamos por satélite la Serie A y LaLiga, me gustaban mucho Batistuta, Van der Sar y Cañizares.

P. ¿Y cuándo se decantó por la portería?

R. El día en el que me subieron a entrenar con el primer equipo del Wydad de Casablanca. Decidí que tenía que escoger un sitio específico porque son coordinaciones y pasos distintos.

P. Con 17 años se fue al Niza. Pero no fichó, ¿por qué?

R. No me adapté. Estuve cuatro meses al final del curso e hice la pretemporada siguiente con el primer equipo. Pero me costó vivir en una pensión. Extrañaba a la familia. Era pronto.

P. Pero usted quería competir fuera de Marruecos porque cuando le fichó el Atlético, el Wydad le ofreció más dinero y lo rechazó.

R. Porque tenía el sueño de ir a más en mi carrera y jugar en Europa. Sentía que mi futuro pasaba por ahí. Sabía que si sufría unos años en Europa, podía hacer algo más grande.

P. ¿Al Atlético sí que se adaptó?

La llamada de Benito Floro

Aunque jugó con en las categorías inferiores de Marruecos y también dos años en la absoluta, una noche le llamó Benito Floro para que jugara con la camiseta de Canadá. “Porque teníamos una sanción con Marruecos y no eran partidos oficiales”, revela Bono; “pero no se dio. Sí que me hubiese hecho ilusión, pero viví y crecí en Marruecos, de donde es toda mi familia”.

Orgulloso de sus raíces, el meta sin embargo entiende que no puede cumplir siempre con el ramadán. “Soy religioso”, cuenta; “pero si compito es muy complicado seguirlo porque creo que también es una falta de respeto para los compañeros, que pelean por un objetivo y debo sumar como ellos”.

R.. No mucho, no. En los primeros meses quería volver a casa. No era feliz, no me adaptaba. No tenía asimilado el hecho de descubrir un mundo profesional de mucha exigencia, vivir por y para el fútbol. Me sentía un poco inferior porque es un club top. Estaba preparado para estar en el Atlético por calidad, pero no para competir. A nivel mental no me daba el valor que tenía.

P. Pero se ganó su sitio en el Zaragoza y luego en el Girona, ¿no?

R. Tengo una mentalidad fuerte, soy trabajador y tranquilo. Sé esperar el momento y buscar mi destino. Si vuelvo atrás, pensaría de forma diferente. Pero hay que entender que mi cabeza es la de un chico marroquí y no hay ningún jugador que salga de Marruecos y juegue en Europa. Todos son hijos de inmigrantes.

P. ¿Por qué?

R. Cuando el jugador marroquí destaca, tiene ofertas económicas muy grandes de países árabes. ¿Para qué venir a la Segunda española y ganar menos? Yo aposté por el fútbol, por mi carrera antes que por el dinero fácil. También era canadiense y quizá eso me ayudó a mezclarme con la sociedad, con la gente. No me quedo en casa ni me encierro, que en general es lo que pasa con el jugador africano. No sé si por el idioma, pero pasa.

P. ¿Y qué piensa sobre que Fomento haya retenido al barco de Open Arms, ONG que rescata a los refugiados en alta mar?

Con el tiempo hemos aprendido a disfrutar del sufrimiento

R. El otro día vine al entrenamiento y en la puerta me encontré con un chaval que jugaba conmigo en los cadetes del Wydad. Me contó que había llegado en patera. Eso te hace pensar. No todos tienen mi suerte. Hay que buscarse la vida y ojalá no tuviera que ser de una forma tan arriesgada. Pero también hay que entender que de Marruecos no solo salen los marroquíes sino gente de toda África porque es punto de paso. Y para España es complicado recibir a tantos porque no es como Estados Unidos, que es tan grande y fuerte. Es difícil, pero a nivel humano no debería prohibirse nada como Open Arms.

P. ¿España es racista? ¿Te insultan mucho en los estadios?

R. No, realmente no me han insultado. En cualquier caso, los insultos son una descarga de adrenalina. Lo que le pasó a Eto’o en la Romareda [le insultaron y amenazó con marcharse del campo] es un ejemplo porque el Zaragoza también tenía jugadores negros en su equipo. No me gusta la victimización. Cualquier cosa parece racismo. Y uno vale lo que demuestra en el campo; no te puedes dejar convencer por lo contrario.

P. ¿Cuál es la parada que más le gusta hacer?

R. Las que saco sobre la línea, las que son de reacción explosiva. Eso ocurre porque el portero moderno ha crecido sobre la línea. Antes salíamos más, pero con estas bolas y por lo bien que centran ahora los jugadores, el portero se queda más en la línea. Y cuando sacas una pelota así, te sientes el salvador.

P. Aunque este año ha cogido más balones de la red de lo que estaba acostumbrado… ¿Qué le pasa al Girona?

R. Llegó un momento en el que con la Copa y la Liga, el equipo perdió la dedicación del día a día y nos vino todo de golpe: partidos, lesiones, derrotas… Nos olvidamos de cuidar los detalles y nos centramos en competir en vez de en entrenar. Y nosotros no somos el Barça o el Madrid. Necesitamos crecer poco a poco.

P. ¿Puede que también les pillara por sorpresa el hecho de sufrir cuando este equipo todavía no lo había hecho en Primera?

Yo aposté por el fútbol, por mi carrera antes que por el dinero fácil

R. Un poco. Hubo un momento en el que nos pilló el fantasma del descenso y no levantábamos cabeza. El equipo luego se lo tomó de otra forma, como un reto. Jugar para no descender puede enriquecerte más que para salir campeón porque mentalmente es más complicado y sales fuerte de la situación pase lo que pase. Entendimos que sufrir para no descender es bonito. Aprendimos a disfrutar del sufrimiento.

P. Ahora se miden al Athletic (21.00, beIN, Montilivi), un equipo de transiciones como el Girona. ¿Les favorece?

R. No creo que el Girona solo sea de transiciones sino que también tenemos la posesión. El equipo ha mejorado mucho y sabe afrontar cualquier partido, afrontar diferentes propuestas.

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