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Ray Zapata es un nuevo gimnasta: “La lesión me aligeró la cabeza”

El español, recuperado de una rotura del tendón de Aquiles, encara los Juegos de Tokio con un bronce en la Copa del Mundo y un nuevo sistema de clasificación que le obliga a alargar los picos de forma

Ray Zapata, la semana pasada en el CAR de Madrid durante un entrenamiento.
Ray Zapata, la semana pasada en el CAR de Madrid durante un entrenamiento.

“Me tengo que repasar el color de los aros olímpicos... El amarillo casi ni se ve con la piel tan oscura que tengo”, dice Ray Zapata mientras termina sus estiramientos en el pabellón de gimnasia del CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Madrid. Ha terminado su entrenamiento y se señala el tatuaje en el costado. Se lo hizo a la vuelta de los Juegos de Río, a los que fue con opción de medalla y de los que volvió sin disputar la final, porque no se clasificó.

“En Tokio no solo estaré, sino que estaré dando caña… Voy a por lo que tengo que ir, porque sé que puedo hacerlo. A Río fui a ver qué pasaba, a cumplir mi sueño: no pensaba en medalla sino en hacer un ejercicio bueno, y si entraba en la final bien, y si no pues... había cumplido mi sueño. Hay gente que no confiaba en que pudiese llegar allí", cuenta recién llegado de Melbourne, donde consiguió un bronce en suelo en la Copa del Mundo.

Asegura que de la lesión del tendón de Aquiles que le tuvo parado siete meses en 2017 ha salido un nuevo Ray. “Más tranquilo. El parón me aligeró la cabeza”, introduce. “Fue 10 minutos antes de competir en la final de París. No me sentí triste ni nada… simplemente dije: ´Bueno, pues de vacaciones´. Los gimnastas nunca tenemos vacaciones. A mi cabeza le vino bien y fue un descanso. No quisimos tener prisas. De ahí salió un nuevo Ray: ahora me lo tomo con más calma", confiesa el gimnasta, de 25 años, nacido en Santo Domingo y nacionalizado español. Emigró a Lanzarote con 10 años.

Desde este ciclo olímpico el sistema de clasificación para los Juegos ha cambiado. El Mundial sigue repartiendo los billetes para los 12 mejores equipos; pero, por primera vez, los gimnastas pueden clasificarse individualmente a través de un circuito de Copas del Mundo. Se contabilizan los tres mejores resultados de un total de ocho y el primero de cada aparato tendrá el pase para Tokio. Con el bronce de Melbourne, a finales de febrero, Zapata cosechó 20 puntos. Este fin de semana competirá en Bakú [eliminatoria este jueves y la final, si se clasifica, el sábado] y el siguiente en Doha. Busca la clasificación para los Juegos en suelo.

El circuito ha obligado a los técnicos a replantear la preparación. “Porque ahora está obligado a estar bien, no en una sola competición [el Mundial] sino durante seis meses. Y eso no es tan fácil. Ya no hay picos de forma, aquí hay una meseta y tienes que estar arriba todo el rato. Cuidamos los tiempos de descanso para no sobrecargar y para que no haya lesiones”, explica Fernando Siscar, el seleccionador del equipo masculino.

Impulso con la liga alemana

Ray, que antes de subirse a las anillas y de hacer su serie de saltos, se toma un café y atiende a EL PAÍS, dice que para él –que no es un gimnasta polivalente- este nuevo sistema de clasificación es una ventaja. Aunque le haya obligado a enfrentarse a algo nuevo: alargar el pico de forma durante meses. Para ello, entre otras cosas, se apuntó en 2018 a la liga alemana. Los clubes de allí tienen derecho a contratar a tres gimnastas internacionales para mejorar sus campeonatos. “Me contactó el Tus Vinnhorst y compito con ellos compaginando las pruebas que tenga con el equipo español. Sólo viajo a Alemania para competir; me sigo entrenando aquí”, cuenta.

Hace siete meses dejó la residencia Blume y se ha ido a vivir a un piso con su pareja. “Me viene bien lo de Alemania porque me obliga a estar a tope todo el tiempo. Me ayuda a mantener el pico de forma y, además, es una manera de probar ejercicios nuevos. Competir siempre es bueno y me está ayudando a ser eficiente”, añade.

¿En qué le ha ayudado más? “Yo soy un ansias, siempre estoy eufórico y con los nervios a saco, y ahora voy muchísimo más tranquilo a las competiciones: controlo más los nervios, los gestiono de forma distinta. A la hora de competir siempre iba corriendo como un loco y ahora, al hacerlo tantas veces en competición, lo vivo como una más. Además, intento hacer según que mejoras, pulir pequeños detalles que en el entrenamiento puedes pulir, pero no es tan real como en competición”, matiza. Cuando se le pregunta si Río no le había liberado ya de esos nervios, dice que no lo suficiente. “No todo lo que debía… Soy muy hiperactivo, mi gimnasia es explosiva y cuesta. De hecho, en Río no entré en la final por eso, por los nervios que tenía y el peso de la responsabilidad que sentía sobre mí”, confiesa el pupilo de Gervasio Deferr, que le vio en un campeonato de España y se lo llevó al CAR de San Cugat.

Cinco años en la élite

Zapata siempre recuerda que él empezó muy tarde a competir en la gimnasia y que sólo lleva cinco años al más alto nivel. "Antes me cerraba mucho cuando no me salía un elemento y ahora me digo: `¡Ya saldrá!´. Porque sé que puedo hacerlo y confío en que puedo hacerlo. He conseguido muchas cosas [entre ellas, dar su nombre a un elemento] en muy, muy poco tiempo. Eso es bueno y es para pararme a pensar y decir: tampoco tienes que ir tan agobiado. Tienes que tomártelo con tranquilidad y entrenar mucho porque los resultados salen”, dice.

Con los nervios ya controlados –“en Río todo me pilló de nuevas, ahora estoy un poco más experimentado y sé cómo enfocar los nervios, sé lo que puedo conseguir y lo que no… soy más inteligente a la hora de enfrentarme a la competición”- asegura que trabaja para mejorar su carencia. “Antes no clavaba, era como una pelota que salía disparado para otro lado; ahora ya clavo, pero con los hombros un poco agachados. Estamos cambiando eso para ganar décimas”, concluye.

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