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España, al rescate de su balonmano

La selección, campeona de Europa, afronta el Mundial con una ruta de máxima exigencia

Mundial de balonmano 2019
Los 17 convocados y el cuerpo técnico de la selección, en la sede del Comité Olímpico Española antes de viajar al Mundial. EFE

El balonmano español es un mundo de fuertes contrastes. Mientras la Liga Asobal lucha por levantarse del desplome causado por la crisis económica, la selección acumula éxitos y piensa a lo grande. Un año después de proclamarse campeona de Europa, el equipo dirigido por Jordi Ribera reclama de nuevo su cuota de protagonismo en el Mundial que arranca este jueves con el partido entre Alemania y un conjunto unificado de Corea.

Dos veces ha hecho cima en este torneo (2005 y 2013) y la cita de este enero (del 10 al 27) la afronta con tanta prudencia como ambición. El título tiene, además, el premio extra de la clasificación para los Juegos, de los que estuvo ausente en 2016 (la primera vez en 40 años), el único borrón en los últimos años de un equipo que es la gran y única bandera internacional, junto al Barça, de este deporte en España. “Somos el rival a batir”, proclamó este miércoles sin complejos el presidente de la Federación, Francisco Blázquez, en el acto de despedida a la selección horas antes de volar a Múnich.

El sorteo, no obstante, les ha dibujado a los Hispanos un camino especialmente sinuoso. Se encuentran en el lado más duro del cuadro, con siete conjuntos europeos (cinco en la otra parte). “Estamos en el lado divertido”, comentó entre risas el lateral del PSG Viran Morros. Ya en la primera fase, se cruzarán con las asequibles Bahréin (debut este viernes a las 20.30) y Japón, y las exigentes Croacia, Islandia y la Macedonia entrenada por el español Raúl González. Salvo catástrofe, el pase es muy probable, porque se clasifican tres, pero será clave el número de victorias conseguidas porque se arrastran las obtenidas contra los conjuntos que también superen la ronda.

Calendario Mundial de Balonmano

La trayectoria se empinaría definitivamente en la segunda fase, ya que ahí se enfrentarían, sobre el papel, a una de las anfitrionas, Alemania, y a la ganadora de cuatro de los últimos cinco Mundiales, Francia. Los galos, eso sí, acuden sin su gran estrella, Nikola Karabatic, nombrado tres veces el mejor jugador del mundo y MVP del torneo de 2017. A las dos selecciones venció España en el Europeo que levantó hace un año, aunque con ambas acumula también varios sinsabores.

De las seis escuadras que compondrán cada grupo en esta ronda, solo dos lograrán el billete para las semifinales de Hamburgo. Además de España, Francia y Alemania, las otras favoritas al título son Dinamarca, Suecia, Noruega y Croacia. El ramillete es amplio y las diferencias, escasas; definidas muchas veces por centímetros en un apoyo o centésimas en un lanzamiento.

Todos los reclutados por Jordi Ribera para la misión germanodanesa formaron parte de la plantilla campeona de Europa hace 12 meses, con la única novedad de Aleix Gómez. El extremo derecho del Barça, de 21 años, ha realizado todo el recorrido en las categorías inferiores de España (oro europeo y mundial en júnior) y ha superado las dos cribas para plantarse en su primer gran campeonato con la absoluta. El resto de sus compañeros, sin embargo, cuentan ya con muchas batallas en su hoja de servicios internacionales.

Mundial de balonmano

De los 17 jugadores que han viajado (el técnico descartará a uno en cada partido), nueve tienen 30 o más años. La veteranía viene de serie en este grupo: Eduardo Gurbindo, Dani Sarmiento, Julen Aginagalde, Joan Cañellas, Viran Morros... A la cabeza de todos ellos, el capitán, Raúl Entrerríos (37), el único que sobrevive del primer Mundial ganado en 2005. Y entre las incorporaciones más recientes, dos nombres destacaron en el Europeo de Croacia de 2018: Ferran Solé fue nombrado mejor extremo derecho y Álex Dujshebaev, hijo de una leyenda como Talant Dujshebaev, mejor lateral diestro. Su hermano Dani también figura en el plantel. Los ausentes respecto a ese triunfo son Valero Rivera júnior, David Balaguer y Arpad Sterbik, este último llamado solo para las semifinales y final por la lesión de Pérez de Vargas.

La procedencia de los 17 convocados dice mucho del momento del balonmano español, feliz con sus selecciones, pero melancólico con su Liga. Solo uno de ellos, el pivote Adriá Figueras (Granollers), no juega ni en el Barcelona ni en el extranjero, lo que da la medida de los problemas que atraviesan los clubes de la clase media-alta del torneo doméstico. El impacto de la crisis económica en la Asobal creó un abismo entre el equipo azulgrana y el resto de sus rivales en España. Apenas cinco compiten cada semana en la Liga frente a los seis que lo hacen en Francia, el país que todos citan como el modelo a seguir para recuperar la gloria perdida.

Pero la representación española en este Mundial no se agota en su selección. Hasta siete banquillos, de los 28 totales, están dirigidos por españoles. Además de Jordi Ribera, Raúl González se encuentra al frente de Macedonia; David Davis, de Egipto; Mateo Garralda, de Chile; Manolo Cadenas, de Argentina; Valero Rivera, de Qatar; y Toni Gerona, de Túnez. Los tres últimos ganaron el oro en América, Asia y África, y, unidos al entorchado europeo de España, da como resultado que los cuatro campeones continentales que disputan este torneo tienen el membrete español. Su modelo de juego más táctico, para compensar la inferioridad física de base de los jugadores, ha echado raíces por todo el mundo. 

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