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La violencia ultra arruina el Boxing Day italiano

Un muerto y cuatro apuñalados en el Inter-Nápoles en el que también se vivieron cánticos racistas contra Koulibaly, jugador senegalés del club napolitano

Koulibaly abandona el campo tras ser expulsado ante la mirada de Ancelotti. En vídeo, declaraciones del técnico.

Italia había decidido imitar la entrañable tradición inglesa de celebrar partidos en fechas navideñas para impregnar su fútbol del ambiente festivo y familiar que imbuye en estas fechas los estadios de la Premier League. Una iniciativa que fue reventada por la violencia ultra antes y durante el Inter de Milán-Nápoles disputado el pasado miércoles. En los prolegómenos del partido, los aledaños del Giuseppe Meazza se convirtieron en una batalla sangrienta entre ultras de uno y otro club.

Un aficionado de 35 años fallecido por un atropello y cuatro hinchas napolitanos apuñalados es el balance que enturbió el particular Boxing Day italiano, en el que también se dieron fuertes episodios de racismo. Tras la reyerta en los alrededores del estadio milanés, en el interior del coliseo la situación no mejoró. La encarnizada rivalidad entre el norte y el sur desembocó en una retahíla de insultos racistas al defensa del Nápoles, Kalidou Koulibaly — de origen senegalés y nacido en Francia—, procedentes de las gradas del equipo rival. La provocación consiguió sacar de quicio al futbolista, que terminó expulsado, por doble amarilla en el minuto 81. El jugador contestó con contundencia los ataques después del encuentro, que terminó 1-0 a favor del Inter, y afirmó sentirse “orgulloso” del color de su piel. Y continuó en su perfil de Twitter: “Estoy orgulloso de ser francés, senegalés y napolitano: hombre”. También lamentó la derrota “y sobre todo el haber dejado a mis hermanos con diez”. Cristiano Ronaldo, jugador del Juventus, también se sumó a las condenas: “En el mundo y en el fútbol necesitamos educación y respeto. No al racismo y a cualquier ofensa y discriminación" , escribió en italiano en las redes sociales.

Cuando se profirieron los insultos, el Nápoles solictó, sin éxito, a la fiscalía federal que suspendiera el encuentro. El episodio derivó también en desencuentro entre la federación y los árbitros. El procurador de la Federación Italiana de Fútbol, Giuseppe Pecoraro, declaró ayer que debería haberse suspendido el partido por los gritos racistas y explicó en declaraciones a la agencia italiana Ansa que sus hombres “señalaron a los funcionarios del orden público que los napolitanos pedían la suspensión”. El representante de los árbitros italianos, Marcello Nicchi, respondió tajante: “No tenemos nada que decir, ya hay demasiada gente diciendo disparates”. Y zanjó aludiendo a Pecoraro: “Que él haga su trabajo, el árbitro y los oficiales de orden público hacen lo que tienen que hacer”.

El presidente de la Federación Italiana de Fútbol, Gabriele Gravina, también ha intervenido al respecto a través de un comunicado en el quecondenó lo ocurrido y dijo que ni la violencia ni los insultos son “tolerables”. Y especificó: “El fútbol es patrimonio de los verdaderos aficionados y como tal debe ser defendido de los que lo utilizan para crear tensiones”.

El entrenador del Nápoles, Carlo Ancelotti, no permaneció ajeno a lo ocurrido y se mostró muy crítico con la decisión de no detener el partido. “Lamento lo que ha pasado porque hasta en tres ocasiones pedimos a la Fiscalía Federal que se suspendiese el partido por los gritos racistas a Koulibaly. El chico estaba nervioso, es un jugador educado que ha sido bombardeado por el estadio”, recalcó el técnico en la rueda de prensa posterior al encuentro. Además, advirtió de que, si vuelve a suceder algo semejante, será el propio equipo napolitano quien deje de jugar por su cuenta y riesgo.

 

Vergüenza

 El jefe de la policía de Milán, Marcello Cardona, anunció que pedirá que se prohíba a los aficionados del Inter asistir a los partidos fuera de casa hasta el final de la temporada y el cierre del fondo del estadio en el que se colocan los ultras, hasta el 31 de marzo. Cardona aclaró cómo se desarrollaron los incidentes previos al encuentro y relató que, antes del inicio del partido, una furgoneta en la que viajaban seguidores del Nápoles fue agredida por cerca de un centenar de ultras del Inter con bastones. Los ocupantes bajaron del vehículo y ahí comenzó una pelea en la que resultaron heridos por arma blanca cuatro napolitanos, uno de ellos en el abdomen. Además, aficionados del Varese y del Niza habían viajado a Milán para participar en los enfrentamientos. De hecho, el fallecido, Daniele Belardinelli, procedía de Varese y tenía antecedentes por incidentes en estadios de fútbol. Se desconoce si era aficionado del Inter.

Cardona explicó que aún no se puede responsabilizar de la muerte del hincha a los aficionados del Inter o del Nápoles, ya que aún no se ha averiguado quién conducía el todoterreno que lo atropelló. Por el momento, han sido arrestados dos ultras del Inter, y la policía busca a una tercera persona.

El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, afirmó también que sentía “vergüenza” por los cánticos racistas lanzados al futbolista durante el partido del miércoles, y pidió “perdón” en nombre de la ciudad al defensor del club napolitano. El ministro de Interior italiano, Matteo Salvini, ha anunciado que convocará a los dirigentes de los clubes de fútbol de la serie A y B y a los responsables de los grupos de ultras a comienzos del próximo año para tomar medidas: “En 2018 no se puede morir por ir a un partido de fútbol. Los estadios tienen que ser un lugar de diversión y no de violencia”.

 

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