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Kárpov, la boa constrictora

Dos profundos sacrificios producen dos imparables peones centrales pasados, apoyados por un purasangre

Blancas: Rc1, Td1, Th1, Dd3, Cf3, Cg3, Af4; peones en a2, b2, c2, d4, f2, g2 y h5.

Negras: Ta8, Dd8, Re8, Af8, Th8, Cd7, Cf6; peones en a7, b7, c6, e6, f7, g7 y h6.

Después de los tres frustrados intentos de firmar un acuerdo con Bobby Fischer para disputar un duelo entre ambos, Anatoli Kárpov se empeñó en demostrar que, además de legítimo campeón del mundo, era sin duda alguna el mejor de todos los ajedrecistas activos. Ello explica que mantuviera la motivación necesaria para ganar casi todos los torneos que jugó desde 1975 a 1985, incluidas cinco victorias en el prestigioso torneo holandés de Tiburg, a cuya edición de 1982 pertenece la partida de este vídeo, frente al durísimo alemán Robert Huebner.
Con una torre menos, Kárpov produce una obra maestra. De todas las suyas, quizá sea esta la que mejor ilustra el apelativo boa constrictor, que muchos periodistas especializados de la época emplearon para sintetizar su asombroso modo de inmovilizar a sus rivales, sometiéndolos a una presión letal hasta la rendición. Obviamente, ello requiere una profundidad en la comprensión del ajedrez que solo Kárpov y muy pocos más han exhibido desde el siglo XV, cuando se creó el ajedrez moderno.

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