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En manos de Pochettino y en las botas de Kane

El técnico del Tottenham ha moldeado al punta en una referencia mundial, necesaria ante al Barça para seguir en la Champions

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Kane, en el último duelo frente al Leicester. AFP

Ocho minutos ante el West Ham, 21 frente al QPR, sin moverse del banquillo contra el Liverpool, 11 ante Sunderland y en la grada contra el West Brown y Arsenal. Ese fue el inicio del curso 2014-15 de Harry Kane (Walthamstown, Inglaterra; 25 años) en el Tottenham de Pochettino. Un comienzo que no se ajustaba a sus pretensiones porque en el curso anterior ya había debutado con Vilas-Boas y sobre todo conquistado su lugar con Sherwood, con tres goles y dos asistencias en los últimos seis encuentros. Con Pochettino, sin embargo, no fue tan sencillo.

Kane se atornilló en el Tottenham tras varias cesiones (Leyton Orient, Millwall, Norwich City y Leicester) y una petición: “Quiero una oportunidad”. Se la dieron. Pero en su segundo año, ya con Pochettino, no tenía clara su continuidad tras el inicio de campaña, entre el banco y el cemento. Y ahí dijo basta. Por lo que tras un entrenamiento le soltó al boss: “¿Qué puedo hacer para jugar más?”. Pochettino, listo como es, esperaba la reacción de ese delantero al que veía más potencial que a ningún otro, pero también ese que jugaba otro fútbol del exigido. “Lo que tienes que hacer es ponerte en mis manos”, le respondió. Y, tras consultar con la almohada, Kane le estrechó la mano para firmar un pacto que sigue vigente hasta el día de hoy y que le ha llevado a ser el mejor delantero de Inglaterra, al punto de que desde esa campaña (2014-15) contabiliza 148 goles, más que ningún otro y seguido por Agüero (136), Lukaku (104) y Alexis Sánchez (84).

El Barça quiere la bolsa

Pero si hay una noche en la que Pochettino le pide goles a Kane es esta, toda vez que el Tottenham necesita imponerse al Barça en el Camp Nou para certificar el pase a octavos de la Champions o, al menos, sellar el mismo resultado que el Inter, que acoge al PSV. No le resultará fácil al conjunto inglés porque Valverde ya advirtió que las rotaciones serían mesuradas; no quiere que se le acuse de desvirtuar el torneo del mismo modo que es consciente de que la victoria reporta 2,7 millones, dinero que reforzaría la debilitada economía azulgrana, tan supeditada al grueso de una masa salarial que ya supera el 80% de los gastos globales. No se sabe si jugará Dembélé, que volvió a llegar tarde al entrenamiento del lunes —desde el club van a darle un aviso como hicieron con Arturo Vidal—, pero sí regresará Arthur tras recibir el alta al tiempo que descansará hasta nuevo aviso Luis Suárez, con la rodilla derecha en tratamiento. En el campo contrario, seguro que está el 9, que apenas jugó 15 minutos frente al Leicester en la última jornada para estar fresco. “Kane es un jugador de talla mundial. Un extraordinario delantero que se asocia bien, tiene juego aéreo y es determinante en el área”, señaló Valverde, sabedor de que en la ida, en Wembley, rompió a Semedo para batir a Ter Stegen.

“Antes de mi llegada, el estilo de Kane consistía en jugar de espaldas a la portería, mantener el balón, esperar a que llegaran las oportunidades y meterse en el área. Ahora muerde. Siempre está corriendo, va a presionar, siempre en alerta. Está vivo en cada minuto del partido”, le piropea Pochettino en su libro Brave. Pero se reserva la conversación del día que el delantero aceptó ponerse en sus manos. Ya lo decía Ardiles, exjugador e ídolo de los Spurs: “Mauricio se hace querer y convence a sus chicos de ir juntos al infierno si hace falta”. Con Kane, al menos, funcionó.

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