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Hugo González: cuando los estudios son igual de importantes que la natación

El talento español, foco de atención de los mundiales de piscina corta en los que no estará Mireia Belmonte, emigró a Estados Unidos para poder compaginar la ingeniería con la piscina

Hugo González en el Real Canoe de Madrid, antes de poner rumbo a los Mundiales de China.
Hugo González en el Real Canoe de Madrid, antes de poner rumbo a los Mundiales de China.

Hugo González de Oliveira tiene madre brasileña y padre español. Nació en Mallorca en 1999, pero desde hace 10 años vive en Madrid. Es la joven promesa de la natación española que a partir de este martes y hasta el domingo disputará los Mundiales de piscina corta en Hangzhou (China). Sin Mireia Belmonte, lesionada, los focos se centrarán en él, estrella en la categoría júnior, en la que ganó cuatro oros y una plata con 18 y 16 años (100 y 200 espalda, 400 estilos, 50 espalda). Ahora tiene 19 años, mide 1,92m y nada porque “mola”. “Dentro del agua no escuchas nada, puedes estar solo en tu mundo. Me gusta competir”, cuenta sentado en la cafetería del Real Canoe de Madrid antes de poner rumbo al Mundial.

Debutó en los Juegos de Río con 17 años (200 espalda). En el Mundial de Budapest de 2017 no alcanzó las finales (nadó 200 espalda y 200 estilos) y en el Europeo del pasado agosto en Edimburgo fue cuarto en los 200 estilos. En China nadará cinco pruebas (50, 100 y 200 espalda, 200 estilos y 100 mariposa). Le gusta nadar tanto como estudiar. Está en segundo de carrera de Ingeniería Informática. Emigró a Estados Unidos en verano de 2017 y se matriculó en la Universidad de Auburn, Alabama.

“Estudiar allí abre más puertas. Quería seguir mejorando en los estudios y en la natación. Aquí prácticamente tienes que elegir entre una cosa u otra. Aprobar, puedes aprobar, pero un diez no vas a sacar”, explica. Compaginar los estudios con el deporte de alta competición en España le fue imposible. En abril de 2017 le expulsaron de una concentración nacional en Tenerife por preferir los libros al agua. “Me coincidió en la época en la que preparaba bachillerato, sin él no me admitían en Estados Unidos y tenía cosas retrasadas. Les dije a los técnicos: ‘Tengo que hacer esto porque es importante, sé que coincide con los entrenamientos , pero no puedo suspender’. No fui a la sesión de entrenamiento y me dijeron: ‘Si vas a seguir, así te echamos’. Les dije: ‘Haré lo que sea necesario para aprobar el curso y luego ya entrenaré lo que queráis’. Al día siguiente me sacaron un billete para Madrid”, rememora. Estudió, aprobó con buenos resultados y después de la selectividad hizo las maletas y aterrizó en Alabama.

Se puso a las órdenes de Sergi López (bronce en los Juegos de Seúl 88). “Es de los mayores talentos que he entrenado; y he entrenado nadadores que han ganado medallas olímpicas [Matt Grevers, Ryan Murphy, Caeleb Dressel, Joseph Schooling entre otros]”, afirma Sergi en conversación telefónica. “Las Universidades de aquí te dan 50.000 dólares al año sólo para entrenar y competir 144 días al año y sacarte una carrera en cuatro. Invierten 200.000 dólares en ese periodo. En España eso no existe; cuando los nadadores se van es porque están muy quemados”, añade. Él lleva más de 20 años al otro lado del charco.

“En Alabama me despertaba a las 5.15; a las 5.45 teníamos el primer entrenamiento. Tres días a la semana era sesión doble y para poder ir a clase empezábamos pronto. Por las tardes nadábamos de 15.30 a 17.30 y luego a clase de nuevo. Los horarios no te los ponen ellos, dentro de un mínimo eliges tú los que mejor te vengan al principio de cada semestre. El sistema de compaginar deporte y estudio es muy bueno, si tienes competiciones te lo van a ajustar, no te van a pedir que elijas entre una cosa u otra. Te ponen los exámenes después o antes. En época de exámenes te dicen que entrenes un poquito menos para que tengas tiempo para estudiar”, relata.

De allí se marchó un mes porque López se tuvo que ir a la Universidad de Virginia Tech. Hugo ha vuelto temporalmente a España. “Fui con Sergi a ver el sitio , pero lo noté muy pequeño para mí. He solicitado plaza en la Universidad de California y Florida. Estoy esperando el resultado, este semestre lo he perdido, en enero empieza el siguiente y estoy repasando cosas por mi cuenta y he aprovechado para sacarme el carné de conducir”, explica. Son las tres de la tarde, el entrenamiento en el Real Canoe empieza dentro de 45 minutos. De la piscina –a la que ha entrado a las seis para la primera sesión- saldrá sobre las 19.30 horas.

Mientras, sueña con una llamada de la Universidad de California, una de las mejores del mundo en natación. De allí han salido entre otros Ryan Murphy (oro en Río en los 100 y 200 espalda, con récord mundial en los 100) y Nathan Adrian, ocho medallas olímpicas.

“La admisión depende de la parte deportiva [marcas y forma de entrenarse] que evalúa el entrenador. En esa ya he sido aceptado. Luego está la parte académica y la personal [familia, situación económica, etc.]. Tarda todo bastante”, explica Hugo. “En España han hecho un trabajo muy bueno con él, yo no puedo decir en qué ha mejorado conmigo porque llegó aquí siendo uno de los mejores del mundo con su edad. Lo que sí ha aprendido es a competir más a menudo a nivel más alto. Algo falla en el sistema español en el paso de júnior a absoluto y no es culpa de los entrenadores porque el talento está ahí”, explica Sergi.

Hugo dice que en Estados Unidos, donde se compite mucho más que en España a lo largo del año –hay tres campeonatos universitarios- ha mejorado a nivel mental. “La frase que más le he escuchado a Sergi es: ‘Relájate y confía’. Me ha enseñado que no sólo hay un sistema válido para hacer las cosas. Siempre había utilizado un solo método; he probado otro y los resultados también salen”, dice.

¿Presión por tener que sacar los mismos resultados que en categoría júnior? “Yo nado porque me gusta, no para demostrar algo. Si hay buenos resultados, mejor, porque hay más motivación. Si no salen, no pasa nada”, contesta.

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