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Cardoso se estrena en el Celta con una pifia y halagos a Mourinho

El técnico luso se confunde con el Deportivo en su presentación como entrenador del eterno rival y asume que está ante el proyecto más importante de su carrera

El entrenador portugués Miguel Cardoso posa con Felipe Miñambres y Carlos Mouriño, director deportivo y presidente del Celta.
El entrenador portugués Miguel Cardoso posa con Felipe Miñambres y Carlos Mouriño, director deportivo y presidente del Celta. EFE

En la era del escrutinio rápido a través de las redes sociales, el fútbol no es ajeno al entreguismo a la anécdota y el chascarrillo. En ese entorno proclive al meme y la viralidad, el portugués Miguel Cardoso (Trofa, 1972) irrumpió con firmeza durante su presentación como entrenador del Celta. El hombre se había puesto de punta en blanco para salvar con nota una de las cimas de su naciente carrera como primer entrenador, apareció como un pincel ante los micrófonos en la flamante nueva sede social del club y quiso ser agradecido. Pero pifió. Quiso darle las gracias al presidente del club y al director deportivo por creer en su equipo de trabajo… y aludió al Real Club Deportivo. Rectificó de inmediato, pero para según que cosas ya era tarde.

El video con el lapsus empezó a correr como la pólvora y minutos después ya estaba en los teléfonos móviles de media Galicia, que es la tierra donde se inventó la retranca. La parranda se amplificó porque, en el comunicado que anunciaba la contratación de Cardoso, el Celta daba cuenta de un currículum que omitía su estancia hace casi seis años en el eterno rival como auxiliar de Domingos Paciencia, un efímero y poco exitoso paso porque apenas cumplieron un mes de trabajo con un triunfo en seis jornadas antes de poner pies en polvorosa. “Mi camino tuvo muchas paradas y la de A Coruña fue pequeña. Aquí lo quiero hacer muy bien y estoy tranquilo por eso”, razonó Cardoso.

Más allá de las rivalidades y de los lapsus, Cardoso asume una responsabilidad inopinada. Llega a LaLiga con 46 años de edad para sustituir a Antonio Mohamed y tras una trayectoria de poco más de una temporada como primer entrenador. Se trata de un antiguo profesor de educación física en institutos que se forjó como técnico en el fútbol base del Oporto durante nueve años. Allí creció a la vera de técnicos como Carlos Carvalhal o Domingos Paciencia para los que trabajó de auxiliar, próximo a André Villa-Boas y con una referencia clara con la que compartió espacio en O Dragao. “Mourinho ha marcado un espacio para los entrenadores portugueses en el fútbol europeo y es una referencia. Fue un privilegio trabajar con él”, explicó durante su presentación en Vigo.

Cardoso obtuvo la mejor nota entre los técnicos que se formaron en su promoción y tiene fama de docente y teórico erudito. Pero casi siempre fue torero de plata. Tras estar en la cuadrilla de Mourinho y Carvalhal, acudió con Domingos Paciencia a Coimbra, Braga, Deportivo y Sporting. Después aceptó una oferta de Paulo Fonseca, otro técnico de su camada, para irse al Shakhtar ucraniano, donde fue coordinador del fútbol base, entrenador de los sub21 y auxiliar del primer equipo. Hace poco más de un año decidió formar su propio equipo de trabajo para estrenarse en el Río Ave, el club con el que ya hace años que trazó diversas alianzas Gestifute, la agencia comandada por Jorge Mendes. Allí, en Vila do Conde, en el área metropolitana de Oporto, hizo historia Cardoso el pasado ejercicio con un quinto puesto final en la liga lusa y una histórica clasificación para la Europa League.

Esa lanzadera le llevó el pasado verano a la liga gala, al Nantes. Pero al abrir el mes de octubre le destituyeron tras ganar apenas un partido en ocho jornadas. El equipo estaba penúltimo y ahora está en mitad de la tabla. No hubo conexión con los jugadores, a los que desagradaba que gestionase incluso su relación con los medios de comunicación. En su adiós acudió a las redes sociales, tomó prestada una frase de Albert Camus, y dejó un mensaje que no semejó autocrítico: “En medio del invierno, descubrí en mí un verano invencible”. En Vigo ya advierte sobre su día a día: “No me gusta estar siempre en la prensa. No tengo problema en hablar de fútbol, pero no voy a dar entrevistas. Los entrenamientos necesitan tranquilidad y hay que buscar una privacidad”.

El estreno de Cardoso en Vigo se sustanció con una pifia, un entrenamiento y una presentación en la que resumió su ideario a través de un recopilatorio de lugares comunes y una fotografía del portugués fetén que se conoce en el sur de Galicia: “Vigo está a una hora de mi casa. De pequeño venía de compras con mis padres y de mayor de copas. Me gusta el fútbol de control, una organización fuerte, que no nos sorprendan a la contra, achiquemos espacios, presionemos arriba y tras pérdida, tengamos capacidad para ganar duelos e imponer un ritmo alto de juego”. En el Río Ave propuso un estilo combinativo revestido en un 4-2-3-1 y le precede fama de trabajar a conciencia los conceptos defensivos, histórica tara del Celta en las últimas temporadas. Llega a un equipo que es el tercero más realizador del campeonato y el tercero más goleado, que está cuatro puntos sobre el descenso, pero en el que desde los despachos se mira hacia Europa. “Estoy ante el proyecto más importante de mi carrera”, asume Cardoso.

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