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En la tormenta, Simone Biles

La gran estrella de Río 2016 vuelve al Mundial como líder indiscutible de un equipo marcado por el escándalo de abusos sexuales

Simone Biles en los Campeonatos de Estados Unidos celebrados en Boston en agosto.
Simone Biles en los Campeonatos de Estados Unidos celebrados en Boston en agosto. AP

La lluvia cayó de forma torrencial la semana pasada sobre Doha, tanto que la capital de Qatar se paralizó durante horas y se pudieron ver coches flotando por las calles en medio del desierto. El agua también afectó a algunas de las instalaciones que acogen desde este sábado el Mundial de gimnasia, el de la vuelta de Simone Biles, la reina de los Juegos de Río, tras un año sabático, si no lo impide su visita a urgencias del viernes por la noche por una piedra en un riñón.

La imagen es perfecta porque la mejor gimnasta de la historia —con permiso de Nadia Comaneci— lidera un equipo que vive desde hace un par de años en medio de una tormenta gigantesca, la provocada por el escándalo de abusos sexuales en la gimnasia de Estados Unidos. La propia Biles contó en enero que ella misma había sido víctima del “monstruo” Larry Nassar, el médico que trabajó durante décadas para la Federación, que abusó de centenares de deportistas, la mayoría de ellas menores de edad, y que con toda probabilidad pasará el resto de su vida en la cárcel. 

El paso de Biles era la guinda en la ola de rabia que comenzó con una investigación periodística del Indy Star y que, al calor del movimiento Me Too, fue creciendo, imparable: la subcampeona olímpica Aly Raisman, la campeona en Londres 2012, Gabby Douglas, las también olímpicas Jordyn Wieber, McKayla Maroney, campeonas de EE UU y del mundo...

Ese ejército de supervivientes, como ellas mismas se definen, con su rabia, su mensaje en redes sociales, sus denuncias incansables, han acabado con tres presidentes de la federación en un año —Steve Penny, que lo fue entre 2005 y el año pasado, fue detenido por destruir pruebas del caso Nassar— y han cambiado la forma de trabajar en el equipo que lo ha ganado todo en la última década. Para empezar ya no se concentran en el famoso rancho Karolyi, donde se produjeron algunos de los horrores. El ambiente parece ahora más relajado y en Doha se las ha visto sonrientes, gastándose alguna que otra broma delante de los periodistas y hasta apoyando desde la grada al equipo masculino.

Biles, que volvió a entrenarse hace un año con nuevos técnicos, el matrimonio francés formado por los exgimnastas Laurent Landi y Cecile Canqueteau, con la vista puesta en Tokio 2020, está mejor que nunca. La campeona olímpica no tiene rival desde que debutó en un Mundial en 2013 (el único que no ganó fue el año pasado porque estaba descansando). Ganó cuatro oros en Río —por equipos, individual, salto y suelo— y un bronce —barra— con un programa apabullante donde apenas daba respiro al espectador. Pues bien, en estos meses ha mejorado los cuatro ejercicios, sobre todo esas paralelas que siempre fueron su punto flaco, pero también el suelo, con nuevas acrobacias imposibles, y la barra, y se ha inventado un salto nuevo en potro que promete llevar su nombre después de este campeonato y, tal vez, ganar con él un oro que nunca ha logrado en el Mundial. Parece imposible que ninguna rival, ni siquiera sus compañeras de equipo Hurd o McCusker, o las rusas, con Mustafina también de vuelta tras ser madre, pueda frenar este huracán de 21 años.

Este sábado empieza un nuevo festival de la americana con las calificaciones. Biles aspira a todo con la misma sonrisa de siempre.

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