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Doblete de Toyota en Fuji con Fernando Alonso, segundo

La aparición del coche de seguridad y los reglajes de los dos coches japoneses decantan la balanza en Japón

6 horas de Fuji
Fernando Alonso, durante la carrera en Fuji. GTRES

Desde que debutó en la Fórmula 1 en 2001 al volante de aquel inconducible Minardi y a lo largo de toda su trayectoria como uno de los miembros más destacados de la parrilla de Fórmula 1, Fernando Alonso ha demostrado ser tan tremendamente habilidoso en las decisiones que tomó dentro de la pista, como errático y desacertado cuando salía de ella. Solo así puede entenderse su huida de McLaren a finales de 2007, cuando Lewis Hamilton, por entonces un novato, logró sacarle de sus casillas y hacerle perder el foco. Los dos años que pasó en Renault (2008 y 2009), metido en un monoplaza con el que sabía de antemano que no podría pelear por el triunfo en condiciones normales –se impuso, fueron tiempo totalmente desperdiciado por el piloto que acababa de ser capaz de romper la implacable dictadura de Michael Schumacher. El paso de Alonso por Ferrari (2010-2014) dejó rabia y frustración, al margen de dos subcampeonatos que para alguien de los estándares del español no debieron satisfacerle para nada. Y luego vino el declive. El regreso a McLaren, un fichaje que se vendió como el mayor de sus deseos cuando en realidad, como le quedó claro a todo aquel que quiso verlo, de lo que se trataba era de agarrarse al único clavo ardiendo que quedaba para seguir corriendo. 

El próximo 25 de Noviembre, la andadura del asturiano en la F1 habrá llegado a su fin y habrá dado para muchísimo más de lo que él esperaba cuando debutó: dos títulos mundiales con Renault (2005 y 20006), 32 victorias –no parece probable que aumente esa estadística en los últimos cuatro grandes premios–, 97 podios, 22 ‘pole position’ y 23 vueltas rápidas. Un palmarés impresionante en un certamen que tiene sus cosas, pero que también las tenía cuando él ganaba.

La semana pasada, en Suzuka, los comisarios le impusieron una sanción de cinco segundos a Alonso, después de que éste se fuera a la hierba en la primera vuelta y recortara la variante, al ser arrinconado por el Williams de Lance Stroll. “Es complicado entender la decisión. Esto es lo malo de la F1”, soltó el ovetense, que a lo largo de los últimos mese son ha dejado de justificar su marcha del campeonato. Uno de los argumentos que más ha repetido es el del exceso de previsibilidad que hay: “Con esta normativa, en invierno ya sabes cómo estarán las cosas al llegar al final de la temporada”. Hasta aquí, la explicación del corredor de McLaren tiene toda su lógica, si no fuera porque combina su último ejercicio en la F1 con el calendario del Mundial de Resistencia (WEC), el campeonato más predecible que existe en estos momentos. Se trata de una competición en la que solo hay un equipo oficial, Toyota, en el que conviven prototipos con turismos (GT), y en la que el constructor japonés incluso acepta cambios en el reglamento que tienen como intención maquillar la diferencia de potencial entre unos y otros.

Este domingo, durante las Seis Horas de Fuji, ese descomunal contraste volvió a evidenciarse. A pesar de que los dos Toyota tomaron la salida con 26 kilos extra de peso, dos minutos bastaron para que quedara claro que, una vez más, el triunfo estaría entre los dos TS050 híbridos. De hecho, eso era algo que ya se sabía de antemano. En este caso fueron los reglajes los que decidieron el pulso tras una primera hora rocambolesca, con un coche de seguridad que duró más de 28 minutos y con la pista secándose rápidamente. Esa neutralización hizo que el Toyota número 7, conducido por Kazuki Nakajima, Alonso y Sébastien Buemi, perdiera la diferencia a su favor sobre el otro bólido de la marca, el número 8, pilotado por Kamui Kobayashi, José María ‘Pechito’ López y Mike Conway. Estos últimos se manejaron mejor con la pista seca que sus vecinos, y así decantaron la balanza a su favor en el que es su primer triunfo de este 2018. El prototipo de Alonso, que apenas completó una hora y cuarto de relevo, terminó a poco más de 11 segundos de su ‘hermano’, mientras que el tercero, el Rebellion de André Lotterer, Bruno Senna y Neel Jani, lo hizo a cuatro vueltas del vencedor.

A la espera de que los coches pasen esta vez sí todos los controles, este es el segundo doblete de Toyota en lo que va de curso después del logrado en Le Mans y una buena forma de quitarse el mal sabor de boca que dejó el gatillazo de Silverstone, delante de su hinchada y en la que supone su sexta victoria de las siete ediciones que se han disputado.

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