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Rahm: “Era mi destino ganar a Tiger y con el grito de Seve”

El vasco explota de emoción en el día "más especial" de su carrera y ante su "mayor reto"

Tiger felicita a Rahm.

“¡Viva Seve!”.

Era lo que le faltaba a Jon Rahm para que el momento fuera lo más intenso posible. Tenía un putt de un metro en el hoyo 17 para ganar su partido, derrotar a Tiger Woods y sumar su primer punto para Europa en su debut en la Ryder con 23 años. Y justo cuando iba a golpear, un aficionado le mencionó a su ídolo. La emoción era incontenible. Cuando Rahm vio la bola entrar, se desbordaron todos esos sentimientos. Lo celebró sin guardarse nada dentro. De manera tan efusiva que luego tuvo que pedirle perdón a Tiger por no haber cumplido con la etiqueta y estrechar antes su mano. “Enhorabuena. Has jugado muy bien, te lo mereces”, le felicitó El Tigre, la imagen de la derrota de Estados Unidos después de perder sus cuatro partidos en París. “Yo le dije que había sido un honor jugar con él y me puse a llorar”, admitió Rahm.

“Ganar ese punto ha sido todo una erupción de emociones”, continuó Rahm. Tan exigente consigo mismo, el vasco sentía que había defraudado al equipo perdiendo los dos primeros partidos de fourballs, con Justin Rose el viernes y con Ian Poulter el sábado. Tuvo que intervenir el maestro Olazabal para calmarle y para hacerle ver que no se acababa ahí el mundo, que pronto tendría otra oportunidad, que lo importante era la victoria final. Rahm lo procesó, pero en su interior sabía que solo había una respuesta: ganar. Cuando el sábado por la tarde se enteró de que jugaría contra Tiger Woods, todo encajó. “Sentí miedo, nervios y alegría”, explicó. Habló con Sergio García, con Thomas Björn, con Tommy Fleetwood y con su preparador mental, Joseba Del Carmen. Sabía que era su momento.

“Estaba muy preparado mentalmente para jugar contra Tiger. Estaba escrito para yo poder disfrutar de este domingo a tope. Me di cuenta de que era mi destino jugar contra él, era mi destino ganar un punto vital, y era mi destino ganar con ese grito de Seve, sabiendo lo que significa para mí... Tenía que hacerlo por Seve, por el equipo, por mi aitite [su abuelo Sabin], que falleció hace un mes y que ahora estará abrazándose con Seve...”.

Rahm había pedido al capitán, Björn, jugar entre los cinco primeros del día, aunque no el primero. “Le dije que iba a ganar mi punto, que me pusiese ahí arriba que yo iba a ganar”, comentó el vasco en medio de las celebraciones. Fue una señal de valentía en uno de los cinco novatos de Europa en esta edición. Y más cuando enfrente estaba Tiger, el campeonísimo al que ya veía ganar cuando era un niño. “Jugar con Woods intimida. Su nombre solo ya intimida. Y sabía que tenía que ganar, mi punto iba a ser vital. Era el mayor reto que iba tener como golfista y me alegra haberlo cumplido. Ha sido el día más especial de mi carrera deportiva”.

Dice Olazabal que nunca aprendió algo tan valioso como en su primera Ryder: escuchar a los mayores, sentarse siempre ante la voz de la experiencia. Olazabal no lo olvidó jamás durante su carrera. Siempre que tenía la oportunidad, se acercaba a los más veteranos. Para Rahm esta Ryder también puede ser un antes y un después. Si interioriza el aprendizaje, habrá salido de París como un golfista muchísimo mejor.

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